Influencias literarias
18.04.08 @ 08:51:47. Archivado en Literatura
(Madridpress) Todos sabemos que cada escritor, por original que nos parezca, es a su vez deudor de otros anteriores de los que, en mayor o menor medida, ha tomado elementos narrativos que lo han ayudado a dar forma a su propia obra: poetas inspirados por García Lorca, dramaturgos fieles a la línea de Becket o Ionesco, novelistas herederos de Hemingway. Así, a base de influencias, es como se forman las corrientes literarias, como se crean las líneas de expresión y también como se forjan los mitos de aquellos que han servido de modelo.
Encontramos con sospechosa facilidad influencias literarias en autores actuales, enseguida les asignamos un modelo, paralelismos que algunos podrían confundir con plagios. Y si no hallamos una referencia directa que encasquetarles siempre podemos acogernos a la clásica bipolaridad hispana que sirve de red para el salto de cualquier intento crítico: pues fulanito es más cervantino, pues menganito es más quevedesco. Y chocamos con un tope temporal en aquellos autores del Siglo de Oro sin los cuales no entenderíamos nuestras letras.
Pero, ¿qué ocurre con ellos? ¿Cómo se formaron, de quién aprendieron, a quiénes copiaron nuestros escritores más antiguos? Tendemos a pensar que aquellos autores originales lo eran de verdad, que gozaban de una personalidad superior que todavía hoy nos alumbra. Pero no podemos saberlo todo acerca de sus modelos. Un lector amigo me llamaba la atención sobre el hecho insólito de haber encontrado una obra anterior al Quijote de la cuál Cervantes podría haber extraído una idea no poco brillante. Se trata de la también conocida y personalísima Divina Comedia, de Dante. En el canto trigésimo primero del Infierno Virgilio le dice a Dante: “sabe que no son torres, sino gigantes, todos los cuales están metidos hasta el ombligo en el pozo alrededor de sus muros,” lo cual lanzó a la mente de mi amigo el reflejo del famoso capítulo cervantino sobre los molinos y los gigantes. Pero tres cantos más allá, donde el Infierno linda casi con el Purgatorio, encontró otro pasaje que le hizo creer que Cervantes lo había leído igual que él y que le había causado la misma impresión: “como aparece a lo lejos un molino, cuyas aspas hace girar el viento…”
Me contaba esto mi amigo como el detective que ha encontrado una pista definitiva para su caso. Quizá hace mucho tiempo que algún sesudo estudio ha dado con esta clave y muchas otras sobre el origen de la madre de nuestras novelas. Seguro que sí. Pero ninguno de los dos somos especialistas en la materia así que asumimos el hallazgo como propio y le asignamos verosimilitud. “Cervantes dejándose influir,” nos decimos. “Esto nos da licencia para muchas tropelías.”
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Alan Ferreiro
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