Voto útil
07.03.08 @ 08:39:15. Archivado en Costumbres
(Madridpress) Hay quien dice que votar a un partido modesto, de esos que se sabe de antemano que no tienen ninguna posibilidad de alcanzar la presidencia del gobierno, es desperdiciar un voto. Y que el único voto útil es el que va a parar a uno de los dos mastodontes de la política que se disputan cuatrienio tras cuatrienio el gran poder del estado.
Hay quien dice esto, y quizá lo haga porque con el tiempo se va olvidando de que la democracia es un sistema que requiere de la existencia de una pluralidad de opciones. La reducción de estas opciones a sólo dos, siempre las mismas, que se van haciendo progresivamente más grandes y poderosas, más convencidas de que están ahí para mandar y ser obedecidas, es una perversión del sistema que, con el tiempo, podría acabar por negarse a sí mismo. Por que cuando nos desentendemos de esas otras opciones y aseguramos que votar la lista de “Ciutadans” o de “Unión, Progreso y Democracia” no servirá de nada después del 9 de marzo, nos estamos negando la libertad de elegir atendiendo a las propuestas presentadas, a los candidatos contemplados individualmente, a la coyuntura económica y social.
Hay quien dice que si Rosa Díez no va a ser la próxima presidenta del gobierno ni harta a uvas, mejor que no se presente y, desde luego, mejor no votar a su partido. Pero a veces conviene hacer una revisión de la cuestión electoral y recordar que cuando llevamos nuestra papeleta a una urna no estamos eligiendo un presidente; eso no nos corresponde a nosotros según el sistema actual. Cuando votamos lo que hacemos es elegir unos cientos de representantes de los ciudadanos que se reunirán en un foro y que tomarán decisiones por nosotros durante cuatro años, una de las cuales es nombrar al presidente del gobierno. La presidencia es para uno solo, pero el parlamento es para muchos, tiene que ser para muchos. En el foro parlamentario caben todas las opciones, cada una de las cuales tendrá voz y voto para que las decisiones adoptadas puedan lucir un matiz verdoso, naranja y rosado que mitiguen el azul y rojo predominantes, reflejando así la pluralidad de matices existente en la sociedad.
Hay quien dice todo eso del voto útil, pero de la misma forma podríamos plantearnos la cuestión a la inversa. Un ciudadano que no esté demasiado contaminado por este devenir perverso del sistema podría preguntarse si es útil conceder su voto a uno de los dos partidos que funcionan por la inercia de los años, y si no sería más sensato concedérselo a quienes han surgido de un impulso renovador auténtico con el ánimo sincero de mejorar las cosas. Y también podría preguntarse por qué apoyar a unos diputados lastrados por el peso de sus partidos, que tienen que medir cada palabra que pronuncian por si choca con una palabra anterior, que hablan ante la opinión pública a piñón fijo para no tropezar, y no hacerlo a personas que pueden hablar con verdadera libertad de los problemas del estado y la ciudadanía sin temor a incurrir en incoherencias o a ser tergiversados por sus rivales.
Hay quien tiene una idea alterada sobre la democracia y lo que significa votar. En las elecciones celebradas en los últimos lustros muchos habrán tenido la impresión de que su voto no era del todo aprovechable. Pero el próximo domingo será diferente. Por que cada vez hay más gente que dice que un triunfo de Rosa Díez, un solo escaño conseguido por “Unión Progreso y Democracia”, sería un éxito para nuestro anquilosado parlamento y también para los ciudadanos.
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Alan Ferreiro
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