Masas
29.02.08 @ 08:46:07. Archivado en Costumbres
(Madridpress) Vivimos una cultura de expansión de las masas. La etapa de rebelión, “el advenimiento de las masas al pleno poderío social” de que habló Ortega y Gasset, parece superada. El pensador aseguraba que las masas, por definición, no pueden ni deben dirigir su propia existencia, pero hoy nos encontramos con que es a lo que tendemos.
Hasta ahora las masas tenían capacidad para variar el curso de los acontecimientos por medio de sus conductas de consumo. Así, los fabricantes de moda dejan de fabricar pantalones de campana cuando el público deja de comprarlos, los restaurantes incorporan nuevos platos de pasta a sus cartas cuando los clientes los demandan, y las cadenas de televisión seguirán vomitando partidos de fútbol a discreción mientras millones de personas se sigan sentando ante el aparato a verlos.
Masa, según Ortega, es todo aquel que no se valora a sí mismo por razones especiales, sino que se siente “como todo el mundo” y, sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás. Todos iguales, pero ejerciendo sus derechos. El capricho de las masas es capaz de cambiar el gobierno de una nación de la noche a la mañana. El público de un partido de tenis, antes tan correcto, ahora abuchea a un jugador en la semifinal, y el jugador se derrumba en el partido definitivo. En el fútbol existe la costumbre de llamar “respetable” al público, cuando no siempre lo es, o no lo es en su totalidad. Este marbete de respetabilidad le otorga a la masa como una patente de corso contra todo, pero en la medida en que el público decide ya no merece ese derecho. Decide como un ente individual, luego debe comportarse como tal.
Según Andrés Trapiello, sólo la parte más despreciable de un artista puede haberle dictado una frase tan hipócrita como respetable público. El público, la masa, es respetable cuando lo merece. Ahora las masas llegan tan alto que deberían ser juzgadas con minuciosidad, como se juzga a un ministro de justicia e interior. El director de una cadena de televisión, sobre todo si es pública, es objeto de una fiscalización continuada por aquello de ser responsable de las imágenes que ven millones de espectadores; pero ahora es el público anónimo quien decide los vídeos que podrán ver millones de internautas en Youtube. Y el director de informativos es el blanco primero de todas las dianas por presentar las noticias según su particular enfoque; pero hoy ohmynews.com faculta a esos mismos internautas para incorporar al periódico sus propias noticias.
¿Qué le permitiremos y le prohibiremos a la masa? Y lo que es peor, ¿quién se lo permitirá y se lo prohibirá?
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Alan Ferreiro
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