Círculos
15.02.08 @ 08:59:30. Archivado en Costumbres
(Madridpress) La cafetería del Círculo de Bellas Artes se llena por las tardes. Ni una mesa libre, y los que están sentados no se mueven. Columnas, espejos y formas un tanto arcaicas, como de palacio señorial. Es cafetería de larga estancia, de café, copa y cigarrillo, de charla pausada al otro lado del ventanal que aísla del fragor del tráfico y de la lluvia; y de lectura, sí, de lectura también. Es un lugar confortable, céntrico, acogedor, pero también tiene algo de señoritismo, o de esnobismo, o de lo que sea. Poco consumo y mucho lustre, aunque sólo sea interior, porque nadie le mira a uno cuando pide aquí un café o cuando lo ven salir por la puerta. El caso es que se llena, y por eso hay alguna que otra disputa para conseguir mesa.
Un día, hace pocos años, un corrillo numeroso se acercaba a la puerta. En el centro, columbrado entre cabezas que se giraban inquietas, había un tipo de pelo blanco y largo echado hacia atrás. Llevaba unas gafas grandes, como de otro tiempo, y pantalones rojos. ¿Sería Umbral? Por qué no. Podría haber venido a una presentación editorial. Umbral salía a más de un libro por año, y le gustaba moverlos, que se hablara de él, salir en las fotos y todo eso. Negocio y algo más. El Círculo tiene eso, café abajo y cultura arriba, foros de cine, exposiciones de fotografía, mini feria de libro-teatro, presentaciones de libros, conferencias, todo con prensa acreditada y demás.
Hace años, en 2002 creo, Dulce Chacón presentó La voz dormida en la sala de columnas, grande y circular, llena hasta la puerta y más allá, algunos sentados en la fuentecilla, en medio de ese gran vestíbulo de planta que come espacio a las salas. Más llena que la cafetería. Dulce había llevado a unas cuantas libertarias, de las que hablaba en el libro, y el acto quedó emotivo y multitudinario, rumboso y profesional. Alfaguara apoyando. Después, con los años, el libro se ha vendido muy bien, aún sigue presente en librerías. No es que el éxito dependa del acto de presentación, pero siempre ayuda. En el Círculo caben otros actos menos sonados, casi siempre menos sonados, y no salen del círculo intelectual que traza el edificio, no van más allá de la cafetería. Algunos libros presentados no llegan ni a la librería Machado.
¿Qué sería lo de Umbral? Cualquiera sabe, quizá sólo viniera a acompañar a un amigo, o a tomar café. Hubo que echar un nuevo vistazo al corrillo para comprobar que no era Umbral, que era el camarero, abrumado por las peticiones de mesa en medio de un círculo de impacientes peticionarios. Umbral estaría en su casa, acoplado frente a la Olivetti, añadiendo más cemento y ladrillo al gran edificio de su literatura, que daba igual porque ya no iba a caerse, o leyendo a Proust, con la gata a los pies, pasando de círculos y entregado a las bellas artes.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/144330
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Alan Ferreiro
autor
Contacto








