Hemiplejia electoral
08.02.08 @ 08:45:35. Archivado en Costumbres
(Madridpress) Entre tantos periódicos uno no da abasto. Y no es que sean muchos, lo que pasa es que la capacidad lectora de uno es limitada. Por eso decido leerlos alternativamente, un día uno, otro día otro, sabiendo que me perderé saberes aquí y allá. Pero no hay más remedio. Si pretendiera leerlos todos tendría que dedicarles la vida entera, y aún así no llegaría. Entre los nacionales, los locales, los gratuitos, los de internet y alguna que otra revista necesitaría mucho más de veinticuatro horas para abarcar los de un solo día y asimilar toda la información.
La alternancia tiene una ventaja, la de la amplitud de miras. En España los diarios son militantes, se identifican con una tendencia política o con un partido. Y esto tiene el efecto perverso de marcar a fuego a los lectores, como se marca a las reses. Si un día te ven leyendo el ABC dirán de ti que eres un monárquico, o un reaccionario; si te ven leyendo El País dirán que eres un izquierdista, progubernamental, y algún espabilado te llamará rojillo. El periódico puede marcarle a uno si lee siempre el mismo. Dicen que en Portugal la prensa no es de izquierdas ni de derechas, que dejan eso para los articulistas. En una misma página cabe una noticia desnuda sobre el índice de desempleo, y a un lado un comentario alabando las políticas sociales del gobierno y al otro una diatriba derribándolas. ¿Es eso posible?
Aquí no se conoce la imparcialidad, o se es de un lado o se es de otro. Donde luce el azul no cabe el rojo, como si sólo en una parte del arco iris pudiera encontrarse la belleza. Esto es daltonismo, un defecto de la vista, o del corazón. Hace poco Raúl del Pozo citaba en su columna a Ortega: “ser de izquierdas, como ser de derechas, es una de las infinitas maneras que puede elegir el hombre para ser imbécil: ambas son dos formas de hemiplejia moral.” Hemiplejia, daltonismo, esas enfermedades.
El nueve de marzo también veremos mucho de esto, de hemiplejia electoral. Los más interesados en la política suelen tenerlo claro, y votarán al mismo partido de toda la vida, independientemente de la valía del candidato y de su programa político, que muchas veces se queda sin leer. La clave está en los demás. Se da la paradoja de que el resultado de unas legislativas está en manos de los menos apasionados, de los que se toman la libertad de pensar en cada ocasión y tratan de adecuar su voto a las circunstancias del momento. Es paradójico, sí, y tranquilizador.
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Alan Ferreiro
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