Clara del Rey
01.02.08 @ 08:47:20. Archivado en Costumbres
(Madridpress) En su último libro Un día de cólera, Arturo Pérez Reverte nos da cuenta del heroico personaje de Clara del Rey, participante activa como la que más en los sucesos acaecidos en Madrid durante la jornada del dos de mayo de 1808. Entre medio centenar de combatientes congregados para defender el parque de artillería de Monteleón, se encontraba doña Clara, “que con su marido e hijos sigue atendiendo el cañón que manda el teniente Arango.” Antes de que termine la revuelta, en la que fueron protagonistas, entre otros muchos, los capitanes Luis Daoiz y Pedro Velarde, caerá doña Clara “alcanzada por un cascote de metralla que le destroza la frente.”
Los capitanes tienen sus calles dedicadas en el barrio de Malasaña, aferradas a la plaza del Dos de mayo, donde en su día estuvo el famoso parque. Pero a doña Clara el ayuntamiento le asignó una calle periférica que discurre paralela a Corazón de María desde Cartagena hasta López de Hoyos donde no había más que campo el día en que murió. Hoy la calle Clara del Rey es una vía ancha y moderna de Ciudad Jardín, con su “Instalación Deportiva Elemental”, su Vips, su Opencor, sus bancos ocupando los mejores locales de esquina y hasta una iglesia siglo XX llamada Nuestra Señora del Santísimo Sacramento. Por sus aceras, al pie de edificios residenciales de ocho plantas, discurren viandantes con pocas prisas y parejas de jubilados pertrechados con buenos abrigos. El tráfico es abundante y el espacio libre muy escaso. Naturalmente, nada aquí recuerda aquel tiempo, ni siquiera a la heroína, salvo la placa donde se lee su nombre.
Pero en un paseo casual por el distrito Centro podemos encontrar una lápida conmemorativa en la iglesia de la Buena Dicha, antiguamente hospital y cementerio para pobres de Madrid, “donde en el año 1808 fueron atendidos los héroes del Dos de Mayo, los restos de algunos de los cuales, como la heroína de dicha gesta Clara del Rey, fueron enterrados en este lugar.” La iglesia en cuestión se ubica en el 21 de la calle Silva, que ya existía entonces (y mucho antes) con el mismo nombre, y seguramente con el mismo ancho de calle. Aquí nos resulta un poco más sencillo situar al personaje en su contexto.
Además de la placa en la calle y de la lápida conmemorativa, el nombre de Clara del Rey, como el de otros héroes, aparece en libros de historia, memoriales y archivos; hasta la Wikipedia recoge unas líneas sobre ella. Su presencia en la historia es notable, y lo es como heroína, como símbolo de valentía y dignidad. Y no sería extraño que este año en que se recuerda el bicentenario de la tragedia su figura resurja en conferencias, mesas redondas o programas de televisión. Pero todo esto doña Clara no lo sabe, no puede saberlo. Lo que supo, en su día, es que cuando las cosas se pusieron feas decidió, junto con su familia, que debía arrimar el hombro en defensa de lo suyo y lo de sus vecinos arriesgando la propia vida y la de sus hijos, uno de los cuales murió junto a ella.
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Alan Ferreiro
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