Café con el Pequeño Filósofo

Objetivos

11.01.08 | 21:24. Archivado en Costumbres
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(Madridpress) El mundo de la política sigue evolucionando y ahora nos vamos acercando a la paradoja de su privatización. Sarkozy, líder a la vez conservador y progresista, quiere que sus ministros sean valorados al final de la legislatura en función del cumplimiento de unos objetivos fijados de antemano, y que su gestión sea evaluada por una consultora privada. Así, por ejemplo, el ministro de Sanidad podría ser juzgado por la reducción que haya conseguido en las listas de espera en los hospitales –moribundos a casa- y el de Medio Ambiente por la diferencia entre árboles plantados y árboles quemados en incendios forestales. Cualquiera que haya trabajado en la empresa privada sabe lo que esto significa: lo primero es el objetivo, que es donde nos van los cuartos, y luego la calidad del servicio, y aun éste depende más del jefe que es quien puso los objetivos. El ministro del Interior, como sugiere El País, no tiene más que expulsar a veinticinco mil ilegales y asunto concluido. En realidad la novedad está en lo de la consultora privada, porque lo de juzgar por resultados es tan viejo como el trabajo. Las diferencias entre unos países y otros suelen estar en los resultados escogidos y en el rigor a la hora de juzgarlos.

En Venezuela el objetivo marcado a los ministros es sencillo: ganar la siguiente votación, y si no se gana la culpa es de los ministros, no del presidente, que bastante tiene con verse obligado a sufrirlos. ¿Qué presidente podría pensar que si el signo de una votación es desfavorable lo que está diciendo el pueblo es que no confía en dicho presidente? El líder venezolano hace su propia interpretación de los hechos y aplica vaselina. Perdonen, hijos míos, pero los ministros que nombré para hacerles bien se nos han desmandado por causas ajenas a mi voluntad; pero no se preocupen que enseguida los cambio y en las siguientes elecciones ya me vuelven ustedes a votar, que es lo que les conviene.

Pero no todo tiene que ser electoralista. Estaría bien que, por ejemplo, en Chile el objetivo del ministro de Medio Ambiente pasara por la conservación de la Patagonia para que los embalses, centrales hidroeléctricas y la línea de alta tensión más larga del mundo no acaben con un paisaje y un ecosistema únicos en el planeta. Pero si el sistema de valoración por objetivos evoluciona un poco es probable que se puedan trasladar puntos de un ministro a otro y entonces un acuerdo entre el ministro de Energía y el de Medio Ambiente salvaría el culo a éste ultimo, porque el devastador proyecto energético que, de cumplirse el plazo marcado, se iniciará en 2009, serviría para abastecer Santiago y las minas de cobre y garantizar así el crecimiento del país más desarrollado de Suramérica durante los próximos lustros.

A los españoles nos gustaría saber cuáles son los objetivos de los ministros que rigen nuestros destinos. Todo apunta a que nuestro presidente lo que valora de verdad es que sus ministros den sensación de buen rollo, que no discutan y que sonrían ante las cámaras. Y entonces llegamos a lo de Venezuela, porque hay quien cree que con el buen rollito se ganan las elecciones.


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