Dibujos y fotos
23.11.07 @ 08:00:10. Archivado en Costumbres
(Madridpress) Los dibujantes del Jueves responsables de una caricatura en la que aparecen un hombre y una mujer apareándose tendrán que pagar una multa de 3.000 € por injurias a la corona según sentencia del juez. Parece que alguien ha encontrado similitud entre los personajes dibujados y los Príncipes, y seguramente los dibujantes no lo niegan. Pero un ciudadano inocente podría decir que se trata de dos caras y dos cuerpos desconocidos, dos personas corrientes y molientes con rostro de caricatura. Podrían ser cualquiera, diría el ciudadano, la hermana de uno de los dibujantes y el cuñado del otro, o una profesora que tuve que también llevaba el pelo liso y le gustaba sacar el culo hacia atrás y un famoso clérigo procesado por pederastia. Cualquiera. El hombre se parece al Príncipe Felipe tanto como a Ibarretxe o a George Clooney y la mujer podría ser la Princesa Letizia lo mismo que Margaret Thatcher o Sharon Stone (sólo ese grandísimo y redondo ojo serviría como medio identificativo, y aún así resultaría una prueba un tanto peregrina).
Pero alguien, alguna mente con facultad acusadora, ha encontrado una correspondencia y ha identificado a los caricaturizados. Quizá sea por el titular, “2500 € por niño,” y por los bocadillos: “Si te quedas preñada esto va a ser lo más parecido a trabajar que he hecho en mi vida.” Pero aun esto es discutible. Todavía hay quien piensa que el Príncipe no trabaja, que los viajes de estado los hace por gusto, que se pega la vida padre en un avión oficial mientras repasa el discurso que les va a endilgar a los empresarios de tal país con el que queremos ampliar relaciones comerciales, que a él lo que le gusta es ser continuamente el centro de todas las miradas y que le hagan fotos hasta cuando se ajusta el cinturón. Y el caso es que tenemos en la calle ejemplos flagrantes cada día de asalariados sin ocupación que reciben su paga por hacer mucho menos que el heredero de la corona. ¿O no es frecuente la escena en la que un individuo voluntarioso se afana en cavar una zanja armado de pico y pala mientras otros cinco a su alrededor observan el percal y comentan la jugada con las manos en los bolsillos, pues por ese lado la tierra está más dura, pues mira que si corta la del gas y salimos todos volando, y demás? ¿O no nos hemos topado todos con un titular de una ventanilla de nuestra administración pública que, viéndonos esperar para realizar una consulta con todos nuestros papeles en la mano, no nos atiende hasta que no termina de comentar con el compañero la conversación que vienen manteniendo desde el desayuno y cuando lo hace su gesto hosco nos acusa de haber interrumpido sin motivo su distracción? Hay muchas formas de no pegar ni palo y de no ganarse el jornal, entre las cuales no se encuentran las obligaciones del Príncipe. Si nos ponemos rigurosos, hasta la procreación de la familia real es un deber de estado para garantizar la continuidad de la monarquía sine die. No es que “esto” sea lo más parecido a trabajar que hace el Príncipe en su vida, es que es una más de sus funciones.
Lo que no admite conjeturas es lo de las fotos del Rey. Antes de empezar a arder, según muestran las cámaras de televisión, apreciamos con nitidez el retrato de nuestro monarca, que en unos segundos se fue consumiendo entre calores. Carod Rovira avisaba de que esa quema no podía ser considerada delito, y que de serlo entonces la norma debía aplicarse por igual a las fotos del Rey y a las de cualquier otro ciudadano, verbi gratia él mismo. Pero el juez, antes que escuchar al líder de ERC, prefirió basarse en el ordenamiento jurídico para dictar su sentencia, que quedó en una multa de 2730 euros para los dos jóvenes que prendieron la llama. No es que unos animales sean más iguales que otros, como decía George Orwell. Es que el Rey no es el Rey. Es decir, el Rey no es una persona sino una institución, y debería darnos una higa si se llama Juan Carlos o Kevin Costner de Jesús, o eso más o menos es lo que viene a decir la sentencia. Personalmente me sorprendería más ver quemar la foto de un particular que la del jefe de estado, ya que esto último entra dentro de lo usual en un país heterogéneo con un buen nivel de libertades conquistadas mientras que lo primero es indicio de que un odio extraordinario se está fraguando contra una persona con nombre y apellidos. Si la portada del Jueves nos mostrara la coyunda entre dos particulares, un hombre y una mujer cualesquiera, un vivo retrato de lo que somos todos y cada uno de nosotros, los ciudadanos de a pie, entonces me echaría a temblar.
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Alan Ferreiro
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