Entre dos aguas
02.11.07 @ 08:12:19. Archivado en Literatura
(Madridpress) Es un recurso conocido de los autores de novela policiaca situar un cadáver en la primera página. Pero no un cadáver cualquiera sino el que motiva la acción que va a ocupar todo el libro, por lo que conviene que además de fiambre el cuerpo se encuentre en una situación especialmente rocambolesca. En la segunda novela de Rosa Ribas, Entre dos aguas, el cadáver de Marcelino Soto es hallado “boca abajo, los brazos extendidos como los de un nadador saltando a la piscina,” con su pie izquierdo “enganchado en una de las argollas fijadas en la base del pilar” de un puente sobre el Meno, “y además le faltaban ya los ojos.”
Nos guste o no la escena, la podemos visualizar perfectamente y, lo que es más importante, nos introduce desde el primer instante en el relato que nos quieren contar y que ya, desde ese párrafo inicial, queremos que nos cuenten. Pero hay en esta obra otros elementos que, clásicos o no, perfilan la figura de la auténtica novela policiaca: un crimen insólito y sin motivo aparente, una investigadora tan desorientada como tenaz, una relación de pareja que hace aguas, un compañero que exhibe una actitud sospechosa, un río desbocado que provoca el caos en la ciudad y en las vidas de sus habitantes, un pasado en torno a la víctima que ni sus más allegados se atreven a desvelar, un jefe de policía de oscuras motivaciones y hasta un perrito con el que conviene llevarse bien; elementos todos ellos hábilmente ensamblados en una historia sin fisuras.
Con Entre dos aguas Rosa Ribas da el paso de principiante (en el más feliz de los sentidos, ya que su anterior El pintor de Flandes puede considerarse un más que aceptable comienzo) a novelista consagrada con un relato cuajado de giros inesperados en la acción, de ocurrencias felices y de personajes que conmueven. Se trata de una novela redonda en la que las distintas tramas, policiacas o personales, creadas alrededor de la protagonista, la comisaria Cornelia Weber-Tejedor, avanzan con paso firme y una estudiada dosificación de la información para cerrarse todas a un tiempo creando la sensación conclusiva que requiere una buena historia. Si el inicio del libro es sugestivo y cautivador, preámbulo de un relato ameno, minuciosamente planificado y serio aunque no exento de humor, el final nos resulta trepidante, acelerado por mor de la acción, la incertidumbre llevada al clímax y la escritura ágil de frases cortas. En la última frase encontramos un detalle que nos da idea del oficio adquirido por la autora: “Detrás quedaba el Meno, que, como es su costumbre, bajaba manso y tranquilo.” Se trata de una frase de manual, puesto que la narración había comenzado con un rotundo y lacónico “El Meno cruzaba furioso por Francfort.” El lapso de tiempo plagado de inclemencias, de conflictos y de desavenencias desde la crecida del río hasta que por fin vuelve a su ser coincide con el desarrollo y la resolución de la trama propuesta, y la sensación de peligro y de caos general que produce la riada encuentra un reflejo en la intriga y el desasosiego que experimenta el lector desde la primera hasta la última página.
Según nos avisa el editor en la solapa, Entre dos aguas da inicio a una serie protagonizada por Cornelia Weber-Tejedor, y desde aquí auguramos que la comisaria bien podría convertirse en una muy digna representante femenina (para variar un poco) de ese selecto club “negro y criminal” que tiene como socios de número a personajes como Sam Spader, Philip Marlow, Hércules Poirot, Pepe Carvalho o el más joven Rubén Bevilacqua. Uno no puede sino alegrarse por el aviso porque terminó de leer esta primera entrega preguntándose para cuándo la segunda.
Comentarios:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Alan Ferreiro
autor
Contacto


