El jardín colgante
14.09.07 @ 08:03:57. Archivado en Costumbres
(Madridpress) Un jardín colgante es un paraíso que algún adelantado ha querido acercar a la tierra. Gardenias, palmeras, gladiolos rojos y naranjas, pérgolas, parterres de tiralíneas, macizos de hortensias y rosas con ánforas de arcilla, riegos por aspersión o diseminación, ambientes vaporosos y húmedos que embriagan y hacen olvidar la vida terrena. Todo eso nos espera en un jardín celestial a poco bien que esté diseñado.
Ahora van a levantar un jardín colgante a doscientos metros sobre los viandantes de Madrid, en la futura torre de cristal. Aún no sabemos qué aspecto tendrá, pero ya lo imaginamos paradisiaco, etéreo, aromado de brisas frescas y húmedas, algo así como el de la estación del Ave pero menos telúrico, sin el anclaje al suelo de los trenes que nos impide la perfecta comunión con la morada de los justos.
Parece que ha llegado el tiempo que los agoreros y algunos novelistas y guionistas de éxito han ido apuntando de cuando en cuando, el tiempo de la compartimentación del espacio en vertical, ya que en horizontal vamos llegando al currusco de la barra. Se veía venir que con estos niveles de crecimiento y nuestro empeño en hacinarnos en las partes centrales de los núcleos urbanos, se nos acabarían los metros útiles y tendríamos que buscarnos las castañas en otra dimensión. Ahora podríamos vivir en varias plantas, como en los aparcamientos modernos y los centros comerciales, pero hete aquí que en vez de autopistas, chalets adosados, discotecas o burdeles construimos las dotaciones verdes, empezamos por el final, siguiendo las máximas sociales de las democracias más modernas. El presidente del gobierno dice que si repite legislatura llevará al país a su “modernización definitiva”, una expresión que da que pensar porque si no va a haber ya más modernizaciones en algún momento el país quedará obsoleto, lo cual ya es una contradicción en sus términos, a no ser que esté pensando en que esto, la vida que conocemos, se acaba. Eso explicaría la creación de jardines en las alturas. Pero antes del estallido final habrá que aprovechar el invento y sacarle todo su jugo. A la moda se apuntarán, como siempre, los primeros de la clase. César Manrique hoy levantaría unos cuantos jardines en los cielos de aquí y allá, compitiendo con otros que se quedarían más pequeños, peor ordenados o a menor altura que los suyos, y también erigiría su propio jardín elevado quizá aprovechando que la isla de Montaña Clara está en venta.
Construimos paraísos, que es lo último que nos es dado construir, la obra postrera, el lugar diseñado para que la especie descanse en paz de su singladura universal. Después de esto no quedará nada. No es que todo esté inventado, lo que pasa es que la obra definitiva está acabada, estamos definitivamente modernizados, y no necesitamos más.
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Alan Ferreiro
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