(Madridpress) Ha surgido un nuevo caso para el agente 007. El personaje de Ian Fleming estaba dormido en los viejos casos de una ficción que nunca nos pareció del todo creíble, pero que nos entretenía un rato. La cosa era así: una organización secreta y plena de medios tecnológicos, comandada por un siniestro personaje coleccionista de peces asesinos, provocaba un incidente internacional en el que una de las grandes potencias mundiales veía amenazada su seguridad, y la maniobra estaba preparada para que la otra gran potencia apareciera como única sospechosa posible. Si nadie lo evitaba, estallaba una guerra descumunal en la que los dos bandos se irían aniquilando mutuamente enriqueciendo a la Spectra de turno y posibilitando la creación de un poder omnímodo en manos de un lunático.
De algún modo Fleming se inspiraba en hechos reales. Los novelaba y adornaba convenientemente y los directores de las películas se aseguraban de que el intrépido galán dedicara unos segundos a ponerse una flor en el ojal en mitad de una refriega a muerte. Todo muy cinematográfico y muy divertido, orlado de referencias machistas al irresistible encanto del agente y a la inferior capacidad mental de las modelos a quienes se trajinaba.
Un cibernauta anónimo está metiendo las narices en los sistemas informáticos del Pentágono, con sus subsiguientes cabreos y apagones que desbarataron la agenda del secretario de defensa. Los alemanes ya se habían quejado de lo mismo, y tanto yankis como teutones miran hacia China. Los amarillos niegan, como corresponde, y avisan de ataques similares contra sus propios sistemas. Guerra fría en el siglo XXI, con bytes en vez de bombas de neutrones. Consecuencia: el gobierno británico, único garante razonable de la paz mundial, se ve obligado a intervenir y elige a su mejor hombre para que investigue el caso mientras un Doctor Infierno se frota las manos delante de la pantalla de su ordenador.
Desconocemos la identidad del hacker tocapelotas que provoca una lluvia de acusaciones y un incremento millonario en los presupuestos de defensa. Podría ser cualquiera, incluyendo el gobierno chino o el estadounidense, o un propio de una empresa de software, nunca se sabe. Siguiendo la ficción de Pérez Reverte, quizá se trate de una viejecita ociosa que dispone de un PC en el desván de su casa y que ha encontrado la manera de matar el tiempo que le queda (torpe asesinato, por cierto) desestabilizando las relaciones diplomáticas de los grandes poderes. No es fácil imaginar como terminará la cosa pero la intervención de Daniel Craig es segura. Ya podemos imaginarnos una persecución espeluznante al volante de un Escarabajo por el centro de una ciudad, un intercambio lúbrico con al menos dos sensacionales señoritas y todo lo demás. Lo que no sabemos es si al final tendrá que pegar dos tiros a la vieja o si las buenas maneras lo forzarán a reducirla con un buen revolcón. Tal vez no es más que eso lo que la ociosa dama persigue.
Viernes, 17 de febrero
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Ángel Sáez García
Padre Fortea
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Gutiérrez Sanz
Carlos Ferrer
José Donís Català
Paulino Toribio