El fin del mundo
22.06.07 @ 08:26:15. Archivado en Costumbres
(Madridpress) El mundo está cerca de acabarse, viene en los periódicos. Y no es que lo digan los redactores, es que lo avisó Isaac Newton hace trescientos años pero el gran público no lo hemos sabido hasta ahora. El matemático realizó sus cálculos partiendo de un fragmento de la Biblia y el resultado fue que en el año 2060 desapareceremos todos y el suelo que nos sustenta. Suponemos entonces que la manzana que cayó del árbol para inspirarle la teoría de la gravedad era muy gorda y no fue a dar directamente al suelo sino que previamente golpeó al matemático en la cabeza dañando algún punto vital. Pero eso no nos debe hacer dudar de sus deducciones sino todo lo contrario. Si lo aseguró un sabio que consiguió meterse en los libros de texto escolares durante siglos mejor será no tomarse a la ligera la advertencia.
Para cuando el mundo termine, este cronista contará noventa años. Uno se había planteado vivir hasta los ochenta y tantos, porque a esa edad ha habido tiempo suficiente para hacer todo lo que se puede hacer, y si no lo ha hecho ya es que no lo iba a hacer nunca. Pero conociendo esta noticia, que sabemos que proviene de fuente solvente, será cosa de aguantar la novena década completa para presenciar el gran estallido. Ahora puede entrarnos la duda de si la hecatombe consistirá en un estallido o simplemente dejaremos de ser conscientes de que existimos, o tal vez se acabe este mundo pero a su caer tenga lugar el nacimiento de otro nuevo en el que sólo algunos tendrán cabida. En cualquier caso, merece la pena esperar no sea que nos perdamos algo gordo.
Si el mundo se acaba en 2060, y no tenemos motivos para dudarlo, algunos se plantearán de nuevo el presente y futuro inmediato para hacerlos más divertidos. “No dosifiques los placeres,” cantaba Serrat, “si puedes derróchalos.” Total, para lo que nos queda, qué importa si despilfarramos el agua de los pantanos, quién va a reclamarnos porque se haya extinguido el oso panda, qué población va a echar de menos un trozo de costa si por fin se derriten los polos y el nivel del agua del mar sube unos metros, quién llorará la tierra virgen perdida si deforestamos concienzudamente la cuenca del Amazonas. Es la bronca de los que vendrán lo que nos detiene en nuestro afán destructor, y si no va a haber quien nos lo recrimine ¿por qué no vamos a hacer una barbacoa en el campo? Hace unos días nos decía Rosa Montero que el periplo vital del individuo se basa en la búsqueda de poder y el anhelo de trascendencia, y si esto último ya no va a ser posible porque no va a haber generaciones que lean lo buenos o malos que éramos, entonces sólo nos queda imponernos sobre los demás en el poco tiempo que tenemos por delante. En los mismos periódicos que leemos el vaticinio de Newton podemos encontrar numerosos ejemplos de tipos que ya están empeñados en esa tarea.
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Alan Ferreiro
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