La guerra de los ríos
05.06.07 @ 08:50:06. Archivado en Civilizaciones
Ha saltado la noticia. El Amazonas, después de miles de años de existencia hídrica, consigue superar en longitud al Nilo, líder hasta ahora en la carrera mundial. De toda la vida, desde que en el colegio nos hacían aprender los nombres de las capitales y los ríos del mundo, el Nilo había sido nuestro campeón, el primero en nuestros corazones, tanto por la marca kilométrica como por el misterio de civilizaciones antiguas y exploraciones científicas que desprendía. Pero ahora llegan unos investigadores peruanos y brasileños y establecen el punto exacto del nacimiento del gran río americano, por lo que ahora mide 6762 kilómetros hasta su desembocadura, 91 más que su rival africano.
No es la primera vez que sufrimos un desengaño como éste. Ya al poco tiempo de aprendernos los ríos de nuestro país, quizá en el curso siguiente al primer contacto con la geografía, nos llevamos una primera sorpresa al saber que el de mayor longitud podía no ser el Tajo, según se mirase. Primero un compañero listillo nos decía que el más largo era el Ebro, porque algo le había dicho su padre, y luego un profesor que pasaba de imperialismos anticuados nos revelaba que una parte del Tajo cruzaba Portugal y que el río que más kilómetros españoles surcaba era efectivamente el Ebro. Alguno se llevó una decepción, no porque el Tajo fuera objetivamente más simpático que el Ebro, sino porque siempre da lástima bajar una figura del pedestal, como si nosotros mismos estuviéramos perdiendo el cetro.
Fuera de la geografía, otro caso notable de rectificación tuvo lugar con la carne, que pensábamos que era lo mejor que podíamos comer para estar fuertes y sanos hasta que nos dijeron que engordaba cantidad, lo del colesterol, las enfermedades coronarias, la gota y todo eso, y que había que medir muy bien su consumo. Claro que en esto de la alimentación algunos se llevaron el alegrón de su vida cuando escucharon decir a los médicos que un par de vasos de vino al día no sólo no eran nocivos sino que favorecían notablemente nuestro sistema cardiovascular. Veremos qué dicen sobre el jamón, si es que se atreven.
También nos pasó algo similar con Felipe González. Pensábamos que sólo había un jefe de gobierno posible para España, y un buen día apareció un señor con bigote y desbarató todo lo que algunos sabíamos de política. El susto fue grande, para unos más que para otros, pero unos días más tarde descubrimos que seguíamos comprando el pan en la misma panadería, estudiando en la misma universidad y trabajando en el mismo empleo. Simplemente se había renovado uno de nuestros temas de conversación en el bar.
Con lo del Amazonas puede pasarnos lo mismo, que veamos que la cosa no es tan grave. En definitiva, tenemos una capacidad para adaptarnos a las nuevas circunstancias mucho mayor de lo que pensamos. Aunque, por si acaso, habrá que vigilarlo un tiempo. Las consecuencias de este nuevo descubrimiento pueden quedarse en nada o, por el contrario, provocar una guerra de civilizaciones entre las comunidades islámicas asentadas en torno al Nilo y el peligroso expansionismo americano-cristiano en defensa del título mundial. Desde que en tiempos remotos un revolcón de la bella Helena con el temerario Héctor desatara la gran contienda entre griegos y turcos sabemos que cualquier quítame esas pajas puede ocasionar un desastre mundial. O también puede ocurrir que se destapen unos nuevos exploradores –ingleses, cómo no- dispuestos a descubrir unas nuevas fuentes del río africano más allá de las tierras altas de Burundi.
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Alan Ferreiro
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