Felicidad y fármacos
08.05.07 @ 08:48:04. Archivado en Costumbres
Estudios psicológicos afirman que el ansia del hombre por ganar dinero tiene mucho que ver con la necesidad del cerebro de experimentar novedades, requisito básico para conseguir la felicidad. Cada millón ingresado es un modo práctico de saborear el placer de la vida, tan efímero como otro cualquiera, pero que no conlleva la obligación de los afectos hacia el prójimo. Hay otros modos de alcanzar la felicidad, pero no todo el mundo los conoce.
Los laboratorios farmacéuticos se debaten entre el culto al dinero y la filantropía que cristaliza en nuevos remedios para los males de nuestro siglo. A mayor inversión en investigación y desarrollo, mayores y más eficaces los inventos salvadores de nuestras vidas, mayor el servicio prestado a la humanidad y mayor el beneficio económico contable. ¿Qué le tira más a una multinacional de la farmacia, el afán investigador y filantrópico, o el hambre comercial? Las empresas no tienen sentimientos pero sí las personas que las integran, que poseen la facultad para elegir sus objetivos vitales. ¿Cómo cumplen mejor sus objetivos vitales las empresas y las personas que las integran, acumulando dinero y asegurándose una posición de dominio en el mercado o posibilitando a una familia infectada por el virus del sida el acceso a los fármacos que se han mostrado más eficaces contra la enfermedad?
Uno se imagina que en la farmacéutica MSD sus directivos albergan esta duda existencial, que también podría traducirse en ¿accionistas o clientes? Y despejarla es misión imposible si se trata de mantener a flote la compañía con el mismo nivel de productividad, desarrollo de productos y beneficio económico. En Brasil lo saben y por eso Lula Da Silva ha tomado una decisión que puede cambiar a nivel mundial el concepto de felicidad, o al menos los métodos válidos para alcanzarla. Al anular en territorio brasileño la patente de MSD sobre el fármaco que neutraliza los efectos del virus del sida para que se puede ofrecer a setenta y cinco mil infectados a precio asequible, Lula está despejando esa duda de las multinacionales y de sus directivos, que a partir de ahora ya pueden respirar tranquilos y dedicarse a la búsqueda de la felicidad mediante la generosidad hacia los desventurados. Este método para perseguir el fin último del ser humano es, como lo demostró la ovación proferida por los medios de comunicación y los afectados, más plausible que los habituales, aunque también más arriesgado y quizá menos sostenible en el tiempo.
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Alan Ferreiro
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