26 millones
10.04.07 @ 08:30:25. Archivado en Costumbres
Una maleta abandonada en medio de la calle es una violencia contra el orden urbano y también un misterio en estado de orfandad. La que se encontró el pequeño filósofo cuando salía de casa a dar su paseo matinal era de tamaño medio, con asa y sin ruedas, estampada de cuadros rojos, verdes y negros como una falda escocesa. El paseante la vio posada en la acera y fue a esquivarla, pero un detalle lo detuvo: en una etiqueta junto al cierre estaba escrito su nombre.
Después de mirar y remirar en todo su redor, el pequeño filósofo acabó por tomar la maleta y subir a casa con ella. Habría jurado que no era suya, pues no le resultaba conocida, pero cabía la posibilidad de un despiste. Por el peso y el movimiento de la carga imaginó que podría tratarse de libros, y le faltó tiempo para situarla sobre el sofá y abrirla. No eran libros ni un artefacto terrorista ni ropa interior ni un Cristo yacente ni nada de eso. Era dinero. Cientos, miles de billetes perfectamente agrupados en fajos, decenas de fajos de billetes colocados uno al lado del otro en una liturgia como de viejo cementerio. El pequeño filósofo, tan poco entrenado en lo material, calculó que por lo menos habría cien mil euros, pero leyó una nota escueta encontrada en el bolsillo lateral de la maleta: 26 millones de euros.
Evidentemente se trata de un error, aseguró el pequeño filósofo en la comisaría de policía. Pero el agente le chistó para que hablara más bajo y le hizo cerrar inmediatamente la maleta para que nadie más, ni sus compañeros, pudieran ver su contenido. Un terror incontrolado a que lo acusaran de apropiación indebida le hizo perder el control. “Si ha venido a blanquear dinero, créame, este no es el lugar. Váyase a un banco cuanto antes.” Pero en el banco tampoco quisieron saber nada del asunto puesto que el pequeño filósofo carecía de un título que justificara un ingreso tan sospechosamente inusual. Aquí no estamos familiarizados con esas cantidades, le dijo el gerente; acuda usted a un concejal de urbanismo. Se dirigió al ayuntamiento con la maleta a cuestas y cuando entraba en el edificio se cruzó en la puerta con una pareja de guardias que escoltaban a un hombre con las manos a la espalda. Es aquél, le informó la recepcionista señalando al esposado.
Imposible, me dijo el pequeño filósofo en el salón del casino. Tenía la maleta a su lado y parecía como si llevara un perro vagabundo del que no podía desprenderse. Por el periódico supimos que la detención del concejal estaba relacionada precisamente con maletines y comisiones. Pero esto no es un maletín y mucho menos una comisión, me dijo fingiendo una indignación que no sentía. En la página siguiente encontramos esta noticia: Un murciano gana 26 millones en el Gordo de la Primitiva. Y pasamos a la página de sucesos.
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Alan Ferreiro
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