Eutanasia
06.04.07 @ 08:06:35. Archivado en Costumbres
La eutanasia, hace años, no preocupaba más que a aquellos que se planteaban su aplicación sobre sí mismos. Y generalmente lo que hacía falta para llevarla a la práctica era el valor o la desesperación necesarios. Hoy la eutanasia tiene a la sociedad enfrentada y a los enfermos ya no les basta con el valor, sino que necesitan autorizaciones administrativas, manifestaciones populares y consensos que tardan en fraguarse varios años.
El de la eutanasia es uno de esos problemas sociales que encajan muy bien en los programas televisivos de debate, junto con el aborto, la prostitución o las drogas. Por lo general en estos programas los contertulios no niegan la mayor, es decir, lo negativo de llegarse a ciertos extremos, pero los debates se encienden como Torre Espacio al tratarse los modos de buscar la mejor solución. Nadie niega que la posición de un enfermo terminal que no puede valerse por sí mismo sea indeseable para el género humano, ni que los efectos de las drogas sobre los jóvenes sean desastrosos, ni que deshacerse de un feto que augura una nueva vida sea una consecuencia no buscada, ni que algunos paguen por saciar sus apetitos sexuales; lo que se suele discutir es si esas situaciones abominables deben ser tratadas con libertad por cada individuo o si debe existir una regulación estricta que nos impida a las personas la posibilidad de decisión.
El cine, especialmente el de Hollywood, es un contertulio que se suma a una de las posiciones enfrentadas y la defiende como la única solución moral posible, pero no suele entrar en los diversos modos de enfocar el problema. Los personajes que se ven envueltos en drogas, bien sea vendiéndolas bien consumiéndolas, son invariablemente los malos, y cuando una mujer aborta voluntariamente suele encontrarse en una posición sórdida de abandono. Los hombres que buscan rameras son los mismos que planean el secuestro de una joven para pedir un rescate o para violarla y matarla, mientras que las prostitutas no acaban de convencernos desde el punto de vista moral más que como víctimas; y si en Pretty woman simpatizamos con el personaje de Julia Roberts es porque acaba saliéndose de la profesión y porque en ningún momento del filme hemos llegado a verla como una verdadera puta. Drogas, aborto y prostitución se nos pintan como lacras sociales y como prácticas indeseables que en todo caso hay que evitar.
Pero no ocurre lo mismo con la eutanasia, que se nos puede ofrecer en el cine desde uno u otro lado del debate sin merma de la verosimilitud. El otro día veíamos en televisión El coleccionista de huesos, en la que Denzel Washington era un tetrapléjico que convence a un amigo para que lo mate y así no quedar como un vegetal de por vida; sin embargo, después de toda la historia criminal que el detective se encarga de resolver, se nos muestra a un enfermo que sonríe y que ya no quiere morir, sin entrar en cuánto le costó a su enfermera enfundarle ese magnífico traje y en el sacrificio que supondrá para el enfermo y para quien lo cuide una vida físicamente incompleta. Por otro lado tenemos Million Dollar Baby, en la que Clint Eastwood decide desconectar de la vida a una Hilary Swank impedida que sabe que ya jamás podrá alcanzar sus sueños. Aquí es Eastwood quien actúa aparentemente bien sin tener en cuenta la posibilidad remota de una mejora de la paciente o de un cambio de idea.
En los dos casos el resultado moral puede ser juzgado de bueno, y también de malo, porque desde el punto de vista social el enfrentamiento no tiene solución. Pero hay un detalle que no debemos pasar por alto: las dos películas nos dejan buen sabor de boca, como no podía ser menos tratándose de Hollywood, porque en los dos casos se cumple la voluntad del enfermo.
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Alan Ferreiro
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