Falso culpable
03.04.07 @ 10:09:38. Archivado en Costumbres
El pequeño filósofo ha sido detenido como principal sospechoso del robo de una motocicleta en San Sebastián. La noticia ha causado estupor entre los asiduos del casino, que se han arremolinado en torno al televisor para conocer más detalles del insólito caso.
Al parecer la motocicleta de marras se encontraba estacionada en una calle peatonal próxima al paseo marítimo cuando el fuerte viento que sopla estos días la derribó. No es habitual ver un artefacto de gran tamaño (de gran cilindrada, para ser más exactos) tumbado en la acera; su visión, sumada al desbarajuste del huracán, produce una sensación de caos en la ciudad de tintes apocalípticos. El pequeño filósofo pasó junto al vehículo siniestrado y, haciendo un esfuerzo supremo, valiéndose de sus manos robustas y el peso de todo su cuerpo, logró levantarla para dejarla en su posición inicial. Satisfecho de su hazaña, siguió su camino hasta su casa. Por la tarde, un poco después de la merecida siesta, dos agentes de policía llamaron a su puerta y le pidieron, en un tono que excluía la posibilidad de una negativa, que les acompañara a la comisaría. Allí supo que una motocicleta cuya descripción coincidía con la que había levantado por la mañana había sido robada. Las huellas digitales del pequeño filósofo se encontraron, junto a otras muchas, en los mandos del vehículo, en el asiento y por todo el carenado, allí donde había apoyado las manos para hacer mayor esfuerzo. Precisamente ese esfuerzo provocó que sus huellas quedaran impresas con mayor nitidez que todas las demás. Y para señalar más aún con el dedo acusador al pequeño filósofo, un jirón de sus pantalones quedó enganchado en el pedal de las marchas.
¡En qué situación más absurda se ve el pequeño filósofo a causa de un acto sencillo de buena voluntad! Él sólo había levantado la motocicleta, no la había robado ni sabía nada del robo, pero en la comisaría nadie daba crédito a su versión de los hechos. Hasta que el televisor instalado junto a la sala de detenidos aportó una prueba definitiva. Un avance de noticias informaba del temporal de vientos huracanados que asola el norte del país; las imágenes mostraban a unos viandantes que caminaban con dificultad intentado que no se les volaran los paraguas, unos árboles que se zarandeaban con riesgo de partirse por mitad del tronco, unas olas que rompían violentas contra el malecón de un pueblo de Vizcaya, una moto de gran cilindrada derribada en plena acera… ¡Una moto de gran cilindrada derribada en plena acera! Y un señor de aspecto bonancible que se acerca, intenta levantarla apoyando sus manos por toda la máquina, engancha el pantalón en un pedal y finalmente consigue enderezarla y después se va.
En el casino los asiduos profirieron un grito de sorpresa y alegría cuando vieron las imágenes por el televisor, como si se tratara de una peña futbolística que asiste al tanto que da la victoria a su equipo. En la comisaría todo eran excusas, nosotros nos sabíamos, las huellas… no sabe cuánto lo lamentamos y demás. Ya en casa otra vez, el pequeño filósofo me acaba de contar todos los detalles de su aventura y me recuerda que así eran algunas de las películas de Alfred Hitchcock, las que tenían por tema la noción del falso culpable. No sería de extrañar, me dice, que alguna cadena de televisión se decidiera a emitir una serie con esta idea que da tanto juego, igual que ahora hacen con las de desaparecidos u hospitales. La historia del pequeño filósofo y la moto derribada por el viento se la cedemos.
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Alan Ferreiro
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