Adiós a Vitoria
27.02.07 @ 13:01:34. Archivado en Costumbres
La ciudad de Vitoria amanece hoy fresca y soleada, ideal para dejar un buen sabor de boca a quien se dispone a verla por última vez. Parece como si supiera que este es el día que he elegido para realizar esa gran foto de la ciudad que me permitirá recordarla cuando ya no viva aquí. El pequeño filósofo me acompaña en mi recorrido matinal sin ver lo que mira, pero sintiendo la atmósfera laborable de cada calle.
-En Madrid no tendrás esto.
Ignoro a qué se refiere con la palabra esto, pero seguro que tiene razón. Necesariamente lo que está en un lugar no está en otro. Tal vez se refiera a Dato, San Prudencio, Fueros, etcétera, las calles peatonales que ahora atravesamos y que dan tanta vida al centro de la urbe, como en Madrid las de Preciados o Montera. Igual que Madrid, el centro de Vitoria está en obras, inmerso en un afán peatonalizador que va a cambiar el rostro de la zona, lo cual en cierto modo inutilizará mi foto, y cuando regrese de visita dentro de unos años estará irreconocible. Porque además de las calles ya se barrunta la reordenación y acicalamiento de la plaza de la Virgen Blanca, y hace tiempo que se trabaja en la remodelación de la plaza de toros y aledaños, y hace unos meses se inició el levantamiento de aceras y asfaltos para instalar la red de tranvías. Cuando, cuatro años atrás, vinimos a vivir a Vitoria, las obras de restauración de la catedral de Santa María, la vieja, llevaban ya largo tiempo en marcha y hoy están en pleno apogeo, con unos andamios y protecciones que la cubren por fuera, de modo que nunca hemos podido contemplarla al desnudo; algún día la terminarán y su figura se alzará impresionante sobre la almendra de Gasteiz. Desde luego, muchas cosas van a cambiar después de la instantánea de hoy. Entonces la foto tendrá otro sentido, el de recoger el aspecto de una ciudad que ya nunca volverá a ser como antes, la ciudad a día de hoy, la nuestra.
-Te llevas cosas y pierdes otras.
Seguro que sí, pero me voy sin haber aprendido una palabra vasca. Bueno, alguna sí porque están en los carteles. Me voy con la sensación de que aquí existen dos idiomas de muy distinto alcance. Uno, el que se habla, el arraigado, el que utilizamos todos. Y otro, el escrito en mensajes cortos, que al ir junto al castellano se puede ir conociendo como en monodosis: irteera, komunak, agur.
Al pasar por la calle Postas, dejando a la espalda el frontón de la plaza de los Fueros, una señora muy amable se ofrece a sacarnos una foto. No lo íbamos buscando, pero aceptamos encantados. Y la mujer dispara esquivando a los viandantes que pasan entre ella y nosotros camino de la plaza de España y de la calle Diputación. Seguimos andando en un paseo tranquilo pero intencionado, porque hay que verlo todo: la catedral nueva, el parque de la Florida, la Casa de Cultura con su inolvidable biblioteca, el paseo de la Senda (que hemos bautizado Senda de los Gigantes por la formidable altura de sus álamos), la plaza de la Provincia. Cada uno de estos rincones puede dejar un recuerdo particular, y todos a la vez una memoria conjunta que siempre nos quedará, aunque sabemos que con el tiempo se irá diluyendo.
Hace unas décadas, poco antes de la segunda guerra mundial, Christopher Isherwood escribió Adiós a Berlín, fruto de una larga estancia en la capital germana como extranjero. Ser extranjero, o al menos forastero, te otorga una libertad inusitada, pues te libera de los lugares familiares y de las responsabilidades de siempre, y te insufla una enorme predisposición y receptividad para conocer y asumir otros nuevos. Del relato de Isherwood se desprende una nostalgia ambivalente, de un lado por las lógicas dificultades atravesadas al abordar un lugar, unas gentes y una cultura desconocidos, y de otra por haberlas superado y haber sido capaz de crear un mundo propio y nuevo en aquella ciudad gastada, con personajes, historias y emociones tales que le dieron para evocarlas en un libro. No sé si algún día tendrá el arranque de escribir mi Adiós a Vitoria, pero al menos quedarán estas líneas. Y también una foto junto al edificio de Correos abrazado a un amigo que no para de sonreír y de mirar sin ver a todas partes menos al objetivo.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/77308
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Alan Ferreiro
autor
Contacto








