La verdad sobre Bogart
13.02.07 @ 08:08:21. Archivado en Cine
Cuando me entrevisté con él, recuerdo de Bogart estaba de mal humor. Se le había acabado el último cigarrillo y se agitaba desesperado por encontrar otro en cualquier parte. Corría el año 1967, día arriba día abajo, y una niebla espesa, como nube de muertos, cubría todo el espacio posible, el reducido espacio de los sueños, permitiendo sólo una visión empapada de alcoholes. Humphrey (y perdón por esta consideración íntima, pero es que aquel día, el único que nos vimos frente a frente, alcanzamos una extraordinaria amistad tácita) hacía años que se había divorciado de todo, de la vida en su conjunto, en una separación impuesta, con todo lo que ello conllevaba: adiós a Bacall, conversión de actor criticable a mito divino, condena a discurrir por la embriagada mente de los cinéfilos en sus sueños más delirantes y todo eso.
"Tengo que protestar," me dijo, "yo no soy así... Quiero decir que yo no era así." Hizo amago de sentarse pero sólo tocó con una mano la silla de mimbre y enseguida volvió a moverse por la habitación vaporosa buscando algo material que llevarse a la boca. "Te he llamado, amigo, porque alguien tiene que decir la verdad, alguien a quien toda la gente escuche, bien considerado en el mundo del periodismo." Así que para eso me llamaba. Lo vi extraño, como ausente, aunque no muy distinto de aquel actor que conocí en 1944 durante el rodaje de Tener y no tener. Entonces su cuenta corriente sumaba los primeros millones a la vez que él sufría ese sentimiento de vulnerabilidad de cuando dejas de comerte el mundo porque empieza a hacerse demasiado grande para tu mandíbula. Me formé la idea de que, a pesar del éxito, era un tipo tímido, ligeramente débil de espíritu y más bajito y delgado que cualquiera que pasara a su lado.
"Tengo que protestar porque el día menos pensado voy a dar un discurso y me trabo, o simplemente tropiezo por la calle, y todos se reirán de mí. Descubrirán que en el cine era otra cosa. Se empeñan en mitificarme y yo no era así." "El público necesita héroes," le contesté, "lo sabes bien. No se trata sólo de un negocio, es mucho más. Sin héroes la sociedad quedaría huérfana de modelos a imitar, aunque nunca se imiten del todo. Es el ideal lo que cuenta." "Bueno, pero por qué yo... Y luego está ese tal Woody Allen, que me mete en su película sobre seductores como si yo fuera capaz de enseñar lo más mínimo sobre seducción. Pues que lo sepa todo el mundo, ese no soy yo. ¡No ven que el rostro de ese tipo aparece siempre oculto!"
Ahí tenía razón. La película de Woody Allen se iba a estrenar quince años después, pero a los periodistas nos invitan al preestreno. Se ve que Bogie también había conseguido entradas. "No me llames Bogie, pareces un periodista de tabloide." El caso es que en la película el actor aparece entre sombras y con gabardina, sentado en un rincón oscuro, con lo que no podemos afirmar con absoluta seguridad que sea en verdad él. ¡Pero quién iba a ser si no! Woody sabe lo que hace.
"¡Protesto, protesto! ¡Yo no era así! Tú tienes que decirlo, amigo, a ti te escucharán."
Antes de despertar, cuando sabía que la entrevista estaba terminando, pensé en desengañarlo con respecto a mí: "Estos de Periodista Digital me ceden un espacio, pero tengo otros trescientos blogs alrededor; dudo que alguien lea esto." No lo hice. Acabé de tomar notas en mi cuaderno para tranquilizarlo. Corría el año 1967, ya digo, y entonces la nube empezó a disiparse y con ella desaparecimos los dos.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/74036
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
http://eddiewillis.blogspot.com
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Alan Ferreiro
autor
Contacto








