Suerte
09.02.07 @ 08:28:19. Archivado en Costumbres
(Madridpress) ¿Creemos en la suerte, en esa circunstancia casual que nos toca para bien o para mal sin poder explicarnos su motivo, o estamos convencidos de que cada cuál se labra su porvenir y su presente punto por punto? Montesquieu tomaba partido en la disyuntiva cuando dijo que “los azares de todas las batallas han dado siempre, desde hace dos siglos, la victoria a las tropas de Suecia contra las tropas de Dinamarca. Señal de que en el gobierno danés hay algún vicio interno.” Probablemente el pensador francés conocía las razones concretas que justificaban la permanente superioridad sueca, pero las resumió en la palabra “azares.”
Un día un golfista profesional, participando en un torneo de cierto calado, se disponía a “salir” de un hoyo. Observó el recorrido imaginario que realizaría su lanzamiento hasta la bandera, clavó el tee en el suelo, situó concienzudamente la bola sobre el tee, colocó las piernas a la distancia adecuada de la bola, volvió a mirar hacia la bandera y, tras un par de amagos, descargó un golpe con su palo de madera. La bola se alzó por los aires en un vuelo largo, siguió el recorrido previsto, alcanzó el green, dio unos primeros botes, rodó sobre el manto verde y liso y entró en el agujero. Un hoyo de un solo golpe. Cuando el periodista de turno llegó a entrevistarlo y le dijo, en un comentario con cierto toque acusatorio, eso de “usted tiene mucha suerte,” el golfista respondió: “el caso es que cuanto más entreno más suerte tengo.”
Hay una anécdota famosa, similar a la anterior, en la que le preguntaban al pintor Picasso sobre la inspiración, esa especie de suerte que de vez en cuando abraza de forma caprichosa a algunos artistas. “La inspiración existe –dijo Picasso- pero tiene que encontrarte trabajando.” Lo cual es una forma de relativizar el asunto para acercarlo más al terreno del esfuerzo y del mérito personal.
¿Son estos tres casos motivo suficiente para desdeñar el azar? No creemos que el hecho de comprar un décimo de lotería que a uno le ofrecen en su oficina, en ocasiones obligado por la situación, sea mérito suficiente para hacerse acreedor de un premio millonario sin recurrir a la suerte. También creemos que es suerte, de la peor que puede darse, dormir en el interior de un coche estacionado en el aparcamiento que han elegido unos terroristas para detonar una gigantesca bomba. Y luego está el caso del pequeño filósofo, a quien un golpe fortuito, aunque no sin cierta negligencia, en la frente no le provocó la esperada brecha que se cierra en unas semanas sino una ceguera inexplicable que no se ha curado en lo que se cierra una brecha.
-Perdone que insista. ¿Cree usted en la suerte?
-Pues mire usted… Depende.
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Con este nuevo formato y con tanto Blog, me ha costado días encontrate de nuevo.
Yo leía tus reflexiones en mi pequeña iPaq, y con este nuevo formato me pierdo buscandote.
Hoy te he encontrado desde el PC y ya se donde te han econdido.
HE TENIDO SUERTE
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Alan Ferreiro
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