Locos y famosos
02.02.07 @ 08:23:25. Archivado en Civilizaciones
(Madridpress) Se sucenden los casos de paranoicos que llaman la atención de todo el mundo y se ganan un espacio en los principales diarios del planeta a fuerza de estupidez. Son locos y famosos.
Hace unos días se publicaba un reportaje sobre un tal Samy Naceri, el actor francés que intentó suicidarse en su celda de la prisión de Luynes y que dijo que 2,8 millones de dólares por la cabeza de Salman Rushdie era una cantidad excesiva, que él “lo haría por 50 pavos.” Tanto su desesperado intento de auto inmolación como su frase no menos desquiciada nos dan la medida de su desequilibrio mental, pero el hombre se hizo un hueco en la contraportada de El Mundo del otro día.
Hace unos días saltó el caso de Ogün Samast, el joven turco que mató a su compatriota Dink por lo siguiente: “Leí que había dicho ‘Soy de Turquía pero la sangre turca está sucia’ y decidí matarlo.” El chaval de diecisiete años intenta razonar su comportamiento, y lo que le sale no hace sino confirmar que es un descerebrado. Lo cual le sirve para ocupar, además de multitud de páginas en las secciones internacionales, el artículo de Rosa Montero en la contraportada de El País. Dice la columnista: “He aquí la bicha del nacionalismo en todo su extremismo y su monstruosa estupidez.”
Ahora llega un palestino de veintiún años y hace estallar su cinturón cargado con cinco kilos de explosivos en el interior de una panadería, devastando a tres israelíes que pasaban por allí. En esta ocasión las declaraciones no las hace el perturbado, que se hizo añicos entre los panes, sino su familia, henchida por la heroicidad del niño. “Sabíamos que iba a realizar una operación contra Israel para convertirse en mártir. Nuestros padres y toda la familia rezamos para que tuviera éxito. Y ahora estamos muy contentos y orgullosos porque se ha convertido en héroe,” dice el hermano del iluminado. El clan está preparado y facilita a la prensa una foto del nuevo campeador, el que va a reportar reputación y quizá alguna renta a la familia, luciendo una barba negra sin bigote y portando un arma de repetición como quien sostiene el título enrollado en la mano el día de su graduación. Esa foto circula hoy por los periódicos de todo el mundo, junto a las que muestran los cadáveres y escombros provocados por la gesta.
Tres casos absurdos, graciosos por su mentecatez si no fueran trágicos. Podríamos decir que la violencia y los extremismos no conducen a nada, pero sería falso. A estos locos sus locuras les han llevado, como a estrellas de fútbol, hasta las casas de todos los ciudadanos del orbe. Su gloria es más efímera que la de un delantero centro, pero un día en la prensa es mucho más de lo que serían capaces de lograr por métodos racionales.
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Alan Ferreiro
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