Animal y natural
19.01.07 @ 08:59:03. Archivado en Costumbres
(Madridpress)Ayer en el casino se hablaba de naturaleza y artificio, una dicotomía que a algunos parece incomodar violentamente. Ya queda poco de lo natural, se lamentaba uno, se nos olvidan los preceptos básicos de la creación, añadía otro, lo artificial nos invade y, sin darnos cuenta, nos va robando nuestra propia esencia animal.
-¿Animal? –preguntó el pequeño filósofo.
Sí, éramos animales, pero ya apenas nos acordamos, utilizamos tarjetas de crédito, guantes de Goretex, vehículos blindados, todo es artificial. Hasta la nieve lo es. Regulamos la temperatura del planeta a nuestra conveniencia y el cielo se desarregla y se torna improductivo. Entonces, para divertirnos como antes, inventamos una sustancia blanca que llamamos nieve y la tendemos en las estaciones de esquí, pero eso no es nieve ni es nada.
-¿Cómo nada? –intervino el pequeño filósofo- La nieve de los cañones nace artificialmente, pero enseguida la montaña la hace suya porque sabe que procede del hombre, y la trata como siempre la ha tratado: la congela por la noche, forma placas de hielo que incomodan a los esquiadores, la atempera en la mañana para hacerla más practicable y la derrite ligeramente a la tarde.
Pero todo es artificio, proseguía uno de los más veteranos en las reuniones del casino. Cada cosa que tocamos, cada alimento que ingerimos, es el resultado de una reacción química. Todo inventado, creado por nuestras manos, desdeñando los dones de la naturaleza.
-Todo lo contrario, querido amigo. Cada cosa que tocamos es fruto de una transformación realizada partiendo de elementos naturales. No hay ningún elemento puramente artificial. Tomemos un vehículo, por ejemplo, símbolo del progreso humano. La chapa exterior procede de minerales encontrados por el hombre en la tierra, los neumáticos contienen caucho de los árboles, el combustible deriva del petróleo que yace bajo nuestros pies. Se trata de transformación, el artificio no es otra cosa. Un chip electrónico es una transformación compleja de elementos tomados del planeta en que vivimos, como la rueda fue originalmente una transformación ingeniosa de la madera.
¿Y qué hay de las abstracciones? La política, digamos. No me negará usted que la política es puramente humana.
-Tal como la conocemos hoy quizá sí. Pero la política no es otra cosa que organización, lo cual resulta muy natural. Hasta los monos se agrupan en clanes, se dotan de un jefe, éste cuenta con más de un favorito, y siempre hay un opositor descontento que acecha para tomar el poder
¿Y la conversación? Los monos no hablan.
-¿La conversación? –repitió el pequeño filósofo riendo- La conversación es un incendio, ya lo dijo Eugenio d’Ors. “Sólo los conversadores de profesión podrían augurarnos, al iniciarse aquella, si prosperará.”
Se hizo un silencio elocuente en el salón en el que quien más y quien menos luchaba por encajar la cita orsiana en el asunto tratado. Tras unos minutos de reflexión estéril un joven se saltó con las noticias del día: la batalla energética en torno a Bielorrusia, la contienda por el poder en Somalia, decenas de muertos en un atentado en Irak, el desencuentro de la política española. Inconscientemente, como quien mira al cielo en busca de una explicación, los contertulios se giraron hacia el pequeño filósofo.
-¿Somos o no somos animales?
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/68200
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Alan Ferreiro
autor
Contacto








