Jugada redonda
16.01.07 @ 13:56:22. Archivado en Civilizaciones
Ayer, en una conversación de bar, un tipo armaba todo un panegírico en torno a la estrategia política sostenida por Mariano Rajoy en materia antiterrorista. Decía el parroquiano que el líder del PP era el único hombre sensato de nuestro Parlamento nacional, pues mientras todos los grupos apoyaban la acción propuesta por el gobierno, él se abstenía de emprender un viaje que, se veía de antemano, no llevaría a ninguna buena parte. La explosión de Barajas le había dado la razón, y por eso Rajoy sonreía aún más que antes. “Y encima no eran españoles,” añadió el tipo, aludiendo a las dos víctimas del atentado, “una jugada redonda.”
Pero quizá no haya resultado tan redonda para las dos víctimas ni para sus familias. Aquel discurso sonaba muy cruel, casi vomitivo, como esa película en la que unos cuantos nativos violaban uno por uno a una reportera para después matarla a golpes mientras una cámara perfectamente situada registraba la escena. La política es así, cruel como el periodismo de investigación, primitiva como la justicia de las tribus perdidas de la civilización. Y los ciudadanos nos sumamos a la batalla, discutiendo con o sin fundamento, argumentando y contra argumentando, buscando una fisura en el razonamiento de nuestro rival para atacar su flanco débil e infligirle una derrota sonada. Pero ayer en el bar nadie respondió al tipo del panegírico, nadie le discutió ni un solo punto, ni siquiera sus amigos de tertulia, y su discurso, al no encontrar una pared de apoyo, se perdió en el aire, con lo que no hubo bronca.
También ayer, al tiempo que la conversación de parroquianos, tuvo lugar un debate extraordinario en el Congreso de los Diputados del que, una vez más, no salió gran cosa. El presidente hablando como suele, muy despacio, espaciando las palabras hasta la desesperación para llenar un tiempo de intervención sin decir casi nada. Y el líder de la oposición oponiéndose a todo sistemáticamente, asegurándose de que la bronca no decaiga de aquí al fin de la legislatura para contar así con una ventaja sobre su rival a la hora de las urnas. Pero qué comparación tan precisa la de David Gistau en su artículo de hoy, cuando dice que “la mano tendida de Zetapé es la de quien pide auxilio porque se lo están tragando las arenas movedizas en las que se metió solito a pesar de los carteles preventivos.” Y todos estuvieron en su papel, porque los líderes de los grupos parlamentarios miraron desde la orilla el hundimiento del presidente dedicándole palabras de consuelo, mientras que Rajoy, desde su palco, no le lanzaba una cuerda salvadora sino que le soltaba una roca para acelerar el enterramiento: “si usted no cumple, ETA le pondrá bombas y si no hay bombas es que habrá cedido.” La bronca está asegurada, y la continuidad de ETA también.
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Alan Ferreiro
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