La bala destinada
12.01.07 @ 08:09:55. Archivado en Costumbres
Dijo Fred Astaire, rostro visible de sus guionistas, que en la guerra el soldado tiene una bala enemiga que le está destinada. Si esa bala por lo que sea se pierde sin alcanzar su objetivo el soldado se libra del temor a la muerte y desde el instante en que lo sabe acude a la lucha pletórico de confianza. Algo similar se dice que ocurre en la amistad y en el amor, que todos tenemos alguien por ahí que nos está destinado. Otra cosa es que encontremos a ese alguien en medio de la deriva de nuestra vida.
En el instituto nos enseñaban la fabulosa teoría de la deriva de los continentes, que viene a representar unos bloques de tierra, como cubitos de hielo, que flotan mansamente sobre los océanos. Si en un mapa móvil, nos decían, desplazas América del sur hacia el este verás que el brasileño cabo de San Roque encaja aceptablemente en el africano golfo de Guinea, quizá en un punto entre Nigeria y Camerún. La curva occidental de África a la altura del desierto del Sahara coincide con la concavidad americana del golfo de Méjico y del mar del Caribe. Siguiendo esta progresión, la península ibérica habría sido, millones de años atrás, vecina de la costa este estadounidense, y quizá las playas próximas a Nueva York contengan arenas arrancadas a la Concha de San Sebastián. Las isla británicas, por cierto, no serían más que unas migajas residuales consecuencia lógica de la partición.
El pequeño filósofo me contó que de joven, cuando la teoría de la deriva continental aún se mezclaba en su cabeza con sus primeros romanticismos, decidió buscar a su pareja que le estaba destinada en el Nuevo Mundo, pensando que esa partición de la masa terrestre podría estar jugándole una mala pasada. Se resistía el diminuto pensador a dejarse vencer por un simple accidente geológico sin alma ni sentimientos, por muy antiguo que fuese. Encontrar a la persona, como quien cae en el sopor a veces mortal de la droga alucinógena, y dejarse seducir, pensaba el pequeño filósofo, consciente de la doble acepción que, no por casualidad, recoge el diccionario del término seducir: la de atraer o enamorar y la de persuadir o arrastrar a alguien con engaños. Pasó varias semanas en América: Manhattan, Nueva Jersey, Long Island, New Haven, Boston y otros lugares de la costa menos concurridos, visitando cafeterías, museos, bibliotecas, clubes nocturnos, supermercados y todo lugar de encuentro entre seres humanos que se le ocurrió. Conoció jugadores de golf, dependientes de gasolinera, chicas de mala vida y también de buena, señoras respetables con perrito, corredores de apuestas, trompetistas callejeros, viajeros solitarios y otras gentes, y de todas ellas se llevó algún recuerdo. Pero no pudo identificar a su par, a la bala que le estaba destinada, y regresó a casa.
Desde entonces el pequeño filósofo no ha realizado un viaje similar, con aquel propósito idealista, pero la búsqueda afortunadamente no ha cesado. Afortunadamente, le gusta repetir, porque sabe que cuando cese, es decir cuando la encuentre, la bala que le está destinada le quitará la vida
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Alan Ferreiro
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