Noticias y fábulas
28.11.06 @ 11:55:22. Archivado en Costumbres
Ya no sabemos si son verdad. Se produce cada día mayor cantidad de crónicas, noticias y reportajes, nos cuentan sucesos rocambolescos procedentes de todos los rincones del planeta, y a veces de más allá. Las cadenas de televisión, multiplicadas en los últimos años, tienen que llenar programaciones de veinte horas diarias, las emisoras de radio hablan y hablan durante todo el día, los periódicos y revistas llenan ochenta, cien páginas, y los portales de internet son más visitados cuantas más anécdotas puedan enlazar. Y esos relatos, esas noticias que nos cuentan, tienen que parecernos a la vez verosímiles y excepcionales para que sigamos atentos a ellos. De la verosimilitud nos ocupamos nosotros mismos, que preferimos creer que lo escuchado o leído o visto es tan real como nuestros actos cotidianos para así poder sorprendernos más. De la excepcionalidad se ocupa el periodista, que sabe que para no perder público en su programa o en su espacio debe entregar periódicamente alguna historia tan diferente a nuestras rutinas que nos haga abrir la boca de asombro por unos minutos. Por eso a veces nos preguntamos si las noticias narradas no serán mera invención.
El otro día tuve conocimiento de un caso digno de ser narrado en todos los medios. En una comunidad de vecinos antigua, de las de portal oscuro, escaleras de madera más podrida que crujiente y vecinos solitarios todos, el señor del tercero, que no contaría aún ni cuarenta años, cayó por el hueco del angosto patio cuando trataba de recoger unos calzoncillos de la cuerda que pensaba ponerse en ese mismo instante. El infortunado, que padecía una deficiencia en el habla que le impedía articular más que unos sonidos entrecortados, se partió una pierna al estrellarse con las baldosas, y durante horas no pudo moverse del sitio ni reclamar ayuda. La única puerta de acceso al patio era propiedad de la vecina del bajo, una viuda solitaria que no se encontraba en casa en el momento del accidente puesto que era la hora de la tarde en que llevaba flores a la tumba de su esposo fallecido diez años atrás. Después de varias horas de postración, se escuchó el ruido de una puerta y apareció la viuda, que se acercó incrédula para ver al vecino del tercero con las vergüenzas al aire y comprendió que el hombre estaba absolutamente indefenso. Entonces la mujer se liberó también de la ropa interior, se levantó las faldas y se sentó a horcajadas sobre el hombre dolorido, iniciando un movimiento animal que duró unos interminables y violentos minutos. Después de aquello el hombre quedó tirado en la misma posición y la mujer se fue a dormir. Al día siguiente la viuda repitió la operación varias veces, y así otros dos días más, hasta que el hombre consiguió incorporarse y entrar en la casa detrás de la dueña.
Con el tiempo el hombre se recuperó de su fractura, y un día esperó a su vecina en el portal, oculto en una sombra. Cuando la mujer abrió la puerta, él se coló en la casa dándole un empujón. Una vez dentro la desnudó y la ató de pies y manos a cada extremo de la cama de forja, y le devolvió a la señora la humillación sufrida en el patio. Cuando hubo repetido la acción tres veces se dio cuenta de que no la había amordazado y sin embargo la mujer no gritó ni lloró ni intentó pedir ayuda, pese a que podía haberlo hecho. Todavía la mantuvo allí tirada unos días, alimentándola sólo con unas gotas de agua, y arremetiendo contra ella con violencia. Cuando vio que el cuerpo de la mujer perdía lozanía y daba muestras de desnutrición, la desató y se marchó a su casa. Al día siguiente la mujer apareció ahorcada con la misma cuerda que había servido para sujetar sus pies y manos.
El caso de la viuda y el accidentado tendría cabida en telediarios, páginas de sucesos, boletines locales y nacionales y curiosidades de internet, y serviría para retenernos ante la televisión, radio, periódico u ordenador durante unos minutos más. Se trata de una noticia apta para el día a día informativo que vivimos, tan apta que bien podría haber surgido de la imaginación de un redactor, como la fábula de un cuentista. La verosimilitud de una noticia como ésta sólo la conoce quien la ha escrito.
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Alan Ferreiro
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