Osetia
24.11.06 @ 08:27:33. Archivado en Costumbres
(Madridpress) Muchas veces, aunque no se diga, hacemos cábalas sobre lo que sería un referéndum por la autodeterminación del País Vasco, o de otras regiones, españolas o no.
En el caso vasco se utilizan los resultados de las elecciones autonómicas para hacerse una idea del desenlace de la consulta, por mucho que sepamos que los números jamás serían iguales dado que los condicionamientos habrían de ser necesariamente otros. Pero es el único dato del que echar mano, o el menos malo. Así, pensamos que si aproximadamente la mitad del electorado vota no nacionalista es de esperar que esos mismos votantes, en el caso de acudir a las urnas, eligieran el no a la independencia. Y en cuanto a los que dan su apoyo a partidos nacionalistas quizá una parte de ellos se decantaría por la aventura secesionista, aunque seguramente no todos, ya que una cosa es desear un gobierno regional que aspira a profundizar en lo propio y otra es desvincularse de un estado democrático propicio a sus intereses y embarcarse en la costosa e incierta travesía de crear nuevo estado viajando en un barco de corta eslora. Así las cosas, es de esperar que en el caso de un hipotético referéndum de autodeterminación los votos favorables no superasen (ni siquiera alcanzasen) la mitad de los posibles, aparte, eso sí, del balanceo político del momento en que se celebre, que podría beneficiar a una u otra opción aunque en pequeña cuantía.
Todo esto valdría para el caso de un referéndum legalmente planteado, consensuado por las partes en liza, de forma que el electorado sintiera que el proceso es legítimo y razonable, y que lo apoyado por la mayoría tendrá una manifestación institucional firme.
No ha sido el caso de Osetia del Sur, la región autónoma de Georgia, donde la consulta planteada sobre la independencia no contaba con la aprobación de la república. El resultado de un referéndum organizado de forma unilateral difícilmente puede desembocar en una transición pacífica y provechosa, que debería ser una de las premisas básicas de los convocantes. No obstante, las cifras ofrecidas tras el recuento, salvando pucherazos, son más elocuentes que un atentado con goma dos: noventa y cinco por ciento de participación sobre un total de cincuenta y cinco mil posibles votantes, que eligieron el sí por un aplastante noventa y nueve por ciento. Los números son tan inapelables que mueven a la desconfianza, sobre todo teniendo en cuenta que un cuarto de la población está formada por georgianos, por tres cuartos de osetios. Aunque no sabemos si esto último tiene alguna relación con el objeto de la consulta.
Quizá tampoco tenga relación lo que se vota en unas elecciones autonómicas con lo que se votaría en un referéndum de autodeterminación. A veces nos gustaría que la extrapolación de casos foráneos a los propios nos sirviera para iluminar nuestro futuro, pero ni Quebec ni Irlanda del Norte ni Osetia son lo suficientemente análogos para ello. No puede haber en el mundo ningún caso asimilable a otro, por la sencilla razón de que las circunstancias son siempre particulares. Empezando por la participación. ¿Quién se imagina unas elecciones en España en las que los novillos electorales se queden en un cinco por ciento?
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Alan Ferreiro
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