Hay un sector de radicales islámicos que reivindica la jurisdicción musulmana sobre la vieja Al Ándalus. Y no se trata de una reivindicación absurda sino, al contrario, fundamentada históricamente en una dominación de siglos. El califato de Córdoba, inicialmente bajo dependencia de Damasco y más tarde de manera autónoma, conoció su esplendor en la Edad Media y en algunos años elevó su frontera norte hasta los pies de los Pirineos. Más tarde, la ambición de los distintos príncipes rompió la unidad del califato, y así surgieron varios reinos que guerrearon entre sí. El reino de Sevilla llegaba hasta el cabo de San Vicente, el de Zaragoza hasta la desembocadura del Ebro, el de Denia abarcaba las Baleares y el de Toledo la actual comunidad de Madrid. Pero en todo caso la dominación musulmana, unitaria o atomizada, fue cierta, y se puede decir que la reivindicación del islamista radical de hoy tiene base histórica.
Claro que también están los visigodos, que dominaron la península ibérica antes que los musulmanes y, por lo mismo, podrían reclamar su antigua posesión. ¿Dónde están los sucesores legítimos de Recaredo y de Wamba? ¿Podrían los alemanes de hoy exigir que los españoles entregásemos el poder de nuestras instituciones a Berlín? Si no lo hizo Hitler, es de esperar que ahora no lo haga Ángela Merkel. Claro que quizá el Führer no se aventuró porque también él era muy respetuoso con los derechos históricos y sabía que antes que los godos, en Iberia estuvieron los romanos con sus legiones VI y VII. Si Mussolini no nos envió sus tanques fue por falta de tiempo, o tal vez pereza o desdén, pero hoy el gobierno italiano de Romano Prodi, o quizá la alcaldía de Roma, gozarían de todo el derecho para hacer desfilar a sus soldados por la avenida Diagonal y por el paseo de la Castellana.
Todo esto, lo sabe cualquiera, tiene base histórica. Como también la tendría una pretensión española sobre El Perú, Filipinas, Guinea y otras. Base histórica tiene. Ahora, las risas desde Lima, Manila, Malabo, La Habana, Buenos Aires, Managua, se iban a oír hasta aquí. El gobierno español, por mediación de su ministro de exteriores, persistiría en su solicitud (recordemos que acabamos de perder toda Al Ándalus) y amenazaría a sus ex colonias. “No se rían tanto, compadres, porque hay base histórica.” Y la consecuencia no se haría esperar. Incas, aztecas, mayas, zapotecas reclamarían la soberanía sobre sus territorios de siempre, y más al norte, navajos, arapahoes, sioux exigirían sus antiguos derechos sobre la tierra salvaje y relegarían a Bush, a su gobierno y a los poderes fácticos estadounidenses a la condición de ciudadanos anónimos, que es la que merecen. Derrocado Bush y los suyos, el mundo islámico, con Bin Laden a la cabeza, celebraría la eliminación del enemigo occidental con toda justicia. Porque esta y no otra cosa es lo que perseguían los radicales con sus pretensiones andalusíes.
La idea no es mala, y cuenta con el respaldo de la historia y otros dos iluminados. Aún no se sabe si la historia permitirá este giro nostálgico, pero no hay casi nada imposible. Estaremos atentos.
Viernes, 17 de febrero
Ángel Sáez García
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Paulino Toribio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Padre Fortea
Ángel Gutiérrez Sanz
Carlos Ferrer
José Donís Català