Los que están salvando el mundo
25.06.08 @ 21:48:42. Archivado en La sagrada batalla
“Alguien que acaricia un perro; el ceramista que da forma y color; una pareja que lee un poema; los que agradecen que haya música y literatura; los que piensan sólo por ganas de saber; los que no sienten placer si no lo dan; los que cultivan un huerto sin codiciar la cosecha; los que crían niños y los educan hasta hacer de ellos hombres y mujeres; el soldado que ama a la patria, pero odia su oficio; los que prefieren sufrir cien injusticias antes que cometer una sola… Son la gloria de la humanidad, sí, precisamente porque no saben que lo son. Cumplen con lo que sienten que es su deber natural, ignorando, en su magnífica inocencia, que su modesto quehacer cotidiano constituya un mérito que deba ser reconocido o premiado por otros.”

Bellos poemas de Borges: “El remordimiento”, “El cómplice” y “Los justos”. Lamento que no fuera feliz. No acepto ser cómplice de lo que me daña. Y estoy totalmente de acuerdo en que “esas personas que se ignoran, están salvando el mundo”.
¡Cuánta pleitesía irresponsable y servil rindes, hombre civilizado, al poder, a las riquezas y al placer! ¡Siempre buscando un rey que te gobierne, algún líder que te guíe, un maestro que te enseñe, algún gurú que te ilumine, un poeta que te deleite, algún placer que te extasíe, un negocio que te encumbre, alguna ideología que te libere…!
¡Siempre aprendiendo, engañando y siendo engañado, sin llegar nunca al conocimiento de la verdad esencial, aquella que afirma que todo lo que necesitas para ser feliz y libre está en tí!
Y los que viven como si lo supiesen, pero sin ser conscientes de ello, son esas personas humildes, anónimas, que se ignoran a sí mismas, pero que están salvando el mundo. Alguien que acaricia un perro; el ceramista que da forma y color; una pareja que lee un poema; los que agradecen que haya música y literatura; los que piensan sólo por ganas de saber; los que no sienten placer si no lo dan; los que cultivan un huerto sin codiciar la cosecha; los que crían niños y los educan hasta hacer de ellos hombres y mujeres; el soldado que ama a la patria, pero odia su oficio; los que prefieren sufrir cien injusticias antes que cometer una sola…
Son la gloria de la humanidad, sí, precisamente porque no saben que lo son. Cumplen con lo que sienten que es su deber natural, ignorando, en su magnífica inocencia, que su modesto quehacer cotidiano constituya un mérito que deba ser reconocido o premiado por otros.
Por eso mismo, los poetas y los sabios les rinden homenaje. Y yo me sumo a él. Es de justicia.
Filosofía Digital, 16/01/2007
Jesús Nava
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