
"La libertad es lo más apreciado y lo más dulce" (Spinoza).
Aunque quiero reservar mis reflexiones sobre la religión y las supersticiones religiosas para otra sección, hoy necesito dar mi opinión sobre las revueltas que, en todo el mundo, están provocando los fanáticos musulmanes, es decir: los últimos bárbaros de nuestro tiempo.

Disfrutaba Spinoza de su ciudadanía, bajo el gobierno de su amigo Jan de Witt, republicano y liberal, en una Holanda cuya tolerancia le hacía vibrar de entusiasmo y le inclinaba a amarla como patria. Pero cuando comprobó que la libertad de pensamiento y expresión era suprimida "totalmente por la excesiva autoridad y petulancia de los predicadores", decidió redactar un tratado con sus opiniones acerca de las Escrituras judeocristianas, y sobre la relación entre política y religión. En sus propias palabras:
"Viendo, pues, que nos ha caído en suerte la rara dicha de vivir en un Estado, donde se concede a todo el mundo plena libertad para opinar y rendir culto a Dios según su propio juicio, y donde la libertad es lo más apreciado y lo más dulce, he creído hacer algo, que no sería ni ingrato ni inútil, si demostrara que esta libertad no sólo se puede conceder sin perjuicio para la piedad y la paz del Estado, sino que, además, sólo se la puede suprimir, suprimiendo con ella la misma paz del Estado y la piedad" (Tratado teológico-político).
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“No hay nada más absurdo y más hostil al pueblo que poner como ideal de todas las aspiraciones del pueblo el llamado principio de la nacionalidad. La nacionalidad no es un principio humanitario; es un principio histórico, un hecho local que tiene, ciertamente, el derecho a ser generalmente reconocido lo mismo que cualquier otro hecho real e inofensivo.
Todo pueblo es involuntariamente lo que es y tiene derecho indudablemente a ser él mismo. Es lo que constituye el derecho nacional. Pero si existe de un cierto modo y no puede existir de otro, no se deduce de ello en modo alguno que tenga el derecho o que le sea útil considerar su nacionalidad y que habría que ocuparse de ella eternamente.
Al contrario, cuanto menos se ocupe de sí mismo y más impregnado esté de la idea general de la humanidad, más se revivificará y obtendrá un sentido interior de la nacionalidad” (Bakunin).
Ya que yo mismo he mentado “la bicha”, es decir, el problema del nacionalismo en España, sea central o periférico, me animo a trasladar aquí, para debatir entre nosotros y con nuestros visitantes, el enlace a un post de Bakunin que había publicado en Filosofía Digital con motivo del referéndum sobre el Estatuto catalán: NACIONALIDAD, UN HECHO HISTÓRICO INOFENSIVO. Allí se incluye un breve intercambio que mantuve con Ferrancab, un amigo bloggero catalán, que se había definido como “nacionalista no patriótico”.
Suscribo por completo el fragmento de Bakunin. Nunca he leído una exposición e interpretación tan sensata de la naturaleza de la nacionalidad. Los pueblos que se enredan en nacionalismos separatistas o centralistas no sólo no participan, sino que más bien reniegan, de ese principio de fraternidad que se desarrolla en el mundo y que acabará convirtiendo, por fin, este pedrusco terrícola que gira en el espacio a una velocidad de vértigo, en una aldea global habitada por innumerables y variopintos pueblos con cultura, lengua y costumbres propias, pero sujetos a la ley común de la humanidad civilizada.
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En la ALCD…
1. No tenemos un concepto estático ni purista de la democracia. La democracia es el sistema de gobierno orientado hacia el pueblo, dispuesto para garantizar la justicia para todo el pueblo, y donde el pueblo es soberano y protagonista de la vida pública.
2. Luchamos por la libertad y la democracia allá donde sea necesario, empezando por nuestro país: España, donde, después de 30 años de espejismo democrático, urge una reforma integral del sistema, una reforma que traiga un régimen verdaderamente democrático, que debe partir del pueblo, y donde el pueblo - todo él - debe ser el único portavoz de sus opiniones (nadie más, mucho menos nosotros, como asociación).
3. No tenemos grandes palabras elocuentes ni teorías magníficas para describir nuestros objetivos. Nuestra causa es despertar la conciencia crítica del pueblo y aunar todas las voluntades democráticas. Somos gente libre, deseosa de tender lazos entre ellos para hacer real este objetivo común, y como gente libre y como ciudadanos sencillos, no imponemos nuestras ideas, ni exigimos abnegación ni exclusividad, no damos lecciones democráticas a nadie, ni actuamos con hermetismo, escondiéndonos de la luz pública, hablando en clave o faltando a la verdad.
4. No creemos en la gloria, ni en la honra, ni en el apellido, ni en la fama; no nos vale más la brillantez de los académicos que el esfuerzo de los trabajadores. Entre nosotros no hay líderes ni jefes ni obligaciones de ningún tipo.
5. Los motivos de cada uno son privados. No nos estimulan las consignas políticas ni de izquierdas ni de derechas ni de centro. No defendemos ninguna doctrina política, ninguna forma de gobierno, ningún planteamiento político, más allá de la defensa de la libertad del individuo. Mantenemos un compromiso que va más allá de nuestras filiaciones privadas, porque la democracia es una causa donde caben todos los hombres y mujeres de España.
Continúa --> DECÁLOGO DE LA ALCD
Blog de la Asociación Libre de Ciudadanos por la Democracia:
http://www.democraciaconstitucional.org/
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“Ante mi casita que es mi patria y mi corazón, pues todo aquí se le parece, -la Muerte sin lágrimas, nuestra activa hija y criada, un Amor desesperado y un lindo Crimen lloriquean en el barro de la calle” (Arthur Rimbaud).
Yo también pienso, como muchos españoles de bien, que lo importante es que los culpables -los verdaderos culpables y todos los culpables- de tan horrendo crimen den con sus huesos en la cárcel y se pudran en ella.
Digo más: por mi parte, que procuro sacudirme el sentimentalismo aunque con mucha dificultad, pues la compasión casi siempre vence a mi razón, sería partidario de la pena de muerte para delitos de tal gravedad; o, en su defecto, de la condena a cadena perpetua. A los condenados les daría a elegir entre una y otra, pues me parece mucho más cruel la prisión de por vida que la muerte. Hasta ahí llega mi piedad para con los criminales, la restante la reservo para sus víctimas.
La sociedad tiene derecho a defenderse de semejantes alimañas. No son humanos. Es verdad que son semejantes nuestros, es decir, físicamente se nos parecen. Pero no son humanos. Ningún ser humano sería capaz de hacer algo así. Y tampoco están locos. Son bestias salvajes y embrutecidas, los últimos bárbaros que habitan en nuestras cloacas, a las que hay que erradicar sin miramientos. Son malvados.
Pero ya nadie cree en la maldad, ni de algunos individuos ni de ciertas ideologías o creencias, tal vez porque, como hemos abjurado de la bondad, somos incapaces de concebirla en otros. Y puesto que bien y mal son correlativos, quien no cree en el bien tampoco cree en el mal, lo que facilita enormemente su expansión. Lástima. Porque, al multiplicarse la maldad, el amor de muchos se enfriará.
Tendría un atisbo de esperanza de que se haga justicia, en este lindo Crimen, con un sistema judicial independiente del gobierno y dependiente del mandato popular. Es decir, capaz de hacer justicia a los ciudadanos que legítimamente se la demanden al Estado. Esa circunstancia no se da en España. Por eso, no tengo la menor esperanza de que se haga justicia a los vilmente asesinados ni a sus familias rotas por el dolor y la desaparición de sus seres queridos para siempre. ¡Dios mío! ¡Qué pronto olvidamos! ¡Qué solos se quedan los muertos! CONTINÚA-->
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“Cada pasión pública se disfrazó así de filosofía; los escritores, arrogándose la dirección de la opinión pública, se vieron por un momento ocupando el lugar que de ordinario ocupan los jefes de partido en los países libres.
Cuando se estudia la historia de nuestra revolución, se ve que fue llevada precisamente con el mismo espíritu que inspiró tantos libros abstractos sobre el gobierno.
Destaca en ella la misma afición a las teorías generales, a los sistemas completos de legislación y a la exacta simetría en las leyes; el mismo desprecio por los hechos existentes; la misma confianza en la teoría; el mismo afán de originalidad, ingenio y novedad en las instituciones; el mismo deseo de rehacer de una vez toda la organización estatal conforme a las reglas de la lógica y según un plan único, en lugar de tratar de corregirla por partes.
¡Terrible espectáculo!”
Entradilla del fragmento de Alexis de Tocqueville publicado en Filosofía Digital bajo el el título de CONTRA LA TEORÍA PURA EN POLÍTICA.
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"Cuando Sila quiso devolver la libertad a Roma, ésta ya no pudo recibirla porque no le quedaba más que un débil resto de virtud; y como cada vez tenía menos, en lugar de despertar después de César, Tiberio, Cayo, Claudio, Nerón o Domiciano, se fue haciendo cada día más esclava: todos los golpes cayeron sobre los tiranos, ninguno sobre la tiranía." (Montesquieu).
Precisamente, amigo mío, es porque las desigualdades son inevitables, si dejamos que las ambiciones individuales campen a sus anchas en la sociedad, que necesitamos un poder democrático que nos iguale a todos ante la ley y el Estado.
No tengo esa visión descorazonadora tuya -que, por supuesto, comprendo- respecto a las posibilidades de instaurar la libertad política y la igualdad por la vía constituyente y constitucional en Europa o en España. No creo en absoluto necesaria la violencia para conseguirla, pero soy consciente de las enormes dificultades para lograrla por otras vías. Por eso, he apuntado, por aquí y por allá, hacia la “resistencia activa” y la “desobediencia civil”, pacíficas ambas, aunque ilegales.
Ningún sistema político, ni mucho menos la técnica, son entelequias que inevitablemente, al margen del concurso humano, conduzcan a la involución. Acabo de editar en Filosofía Digital un texto de Ernst Jünger, con enlace a otro de Escohotado, que os recomiendo leer despacio, porque ambos dan mucho que pensar.
El hombre puede desmantelar las fábricas en cuanto se lo proponga y convertirlas en chatarra o en museo de los horrores, como dijo Santayana. Los ciudadanos pueden arrebatarle el usufructo del Estado a sus gobernantes, pues éstos no tienen más poder que el que los votantes activos y los indiferentes pasivos les dan.
¡Ojalá hubiera no ya millones, como tú dices, amigo mío, sino un centenar o una docena de hombres y mujeres demócratas y valientes en España! Fíjate bien: una docena de profesionales o funcionarios en puestos de renombre que se rebelaran, al unísono, contra el Poder y mañana tendríamos la democracia instaurada.
Pero, no. La técnica, el dinero y el lujo ejercen una fascinación invencible sobre los espíritus vulgares. Y ya dijo Maquiavelo que en el mundo todo es vulgo. ¿Cómo podríamos, los que somos conscientes de la necesidad de una revolución de la libertad en el mundo, liberar a las masas del miedo servil que las atenaza y hacer vibrar en ellas esa racionalidad mínima, pero común a todos los hombres, enterrada bajo montañas de prejuicios, supersticiones y mitos?
Esta es la gran pregunta: ¿Es posible liberar a los españoles del miedo a la libertad? Spinoza contestó negativamente a esa pregunta que se hizo sobre sus contemporáneos holandeses y europeos. No le voy a enmendar la plana a mi maestro. Pero creo que la libertad tiene una fuerza inmensa sobre las almas grandes y es capaz de inspirar la admiración y el respeto en las pequeñas.
Por eso insisto: ¿Hay en España doce apóstoles de la libertad? Yo los convoco desde aquí, no para que me sigan, sino para poder acompañarlos compartiendo su destino. Como hermanos, como amigos, como camaradas, como hombres. Porque un solo hombre libre ya es mayoría de uno en un país de esclavos. Y España, en esto estaremos de acuerdo, es más esclava cada día.
Cantemos loas a la libertad y vivamos libres. Tal vez algunos se nos añadan hasta conformar esa avanzadilla de valientes que será seguida por millares de tímidos.
Porque nadie es tan vulgar como para no saber apreciar el valor y la excelencia. En ello confío. Y eso espero contra toda esperanza. Al menos, con vosotros cuento. Abrazos.
Comentario publicado originalmente en el blog de la Asociación Libre de Ciudadanos por la Democracia (ALCD).
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Invito a los visitantes de Filosofía Digital a que lean detenidamente y reflexionen, con la calma a que invitan estas fechas del año, sobre el último texto de Thomas Paine que hemos publicado.
El título LA BIBLIA POLÍTICA DEL ESTADO lo he tomado de una expresión afortunada de Paine para referirse a la Constitución de los Estados Unidos, en un país donde el pueblo tenía la Biblia como su libro de cabecera.
El autor, en este fragmento extraído de su obra LOS DERECHOS DEL HOMBRE, nos describe con detalle la gestación de la constitución democrática de los Estados independientes americanos y de su posterior constitución federal. Como él mismo dice:
"Todo poder que se ejerza sobre una nación ha de tener un origen. Ha de ser delegado o tomado. No existen otras fuentes. Todo poder delegado está en depósito, y todo poder tomado constituye una usurpación. El tiempo no altera la naturaleza ni la calidad de ninguno de ellos.
Al contemplar este tema, el caso y las circunstancias de América se nos presentan como el principio de un mundo, y nuestra investigación del origen del gobierno se ve abreviada si nos remitimos a los hechos que han ocurrido en nuestros propios días. No tenemos oportunidad de vagabundear en busca de información por el campo nebuloso de la antigüedad, ni de aventurarnos en conjeturas.
Llegamos inmediatamente al punto en que se ve cómo comienza el gobierno, como si hubiéramos vivido al principio de los tiempos. Tenemos directamente ante nosotros el volumen real, no de la historia, sino de los hechos, sin mutilar por artilugios ni por los errores de la tradición.
Expondré aquí, concisamente, el comienzo de las constituciones americanas, mediante lo cual aparecerá de forma suficiente la diferencia entre constituciones y gobiernos."
En fin, el texto no tiene desperdicio para los que anhelan que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no sólo no desaparezca de la tierra, como deseaba Lincoln, sino que también aspiran a verlo constituido en su propio país.
En España no tenemos democracia ni por asomo. Ni siquiera la constitución vigente fue elaborada por el único poder constituyente legítimo: el del pueblo. Pero mañana mismo podríamos entrar en un período constituyente, como en América, sin alteraciones de ningún tipo, con alegría y cordialidad entre la población, la única que tiene derecho a "consensuar" entre sus partes, una constitución democrática y un gobierno constitucional.
En palabras de Paine: "En la formación de esas constituciones, o en su modificación, no hubo problemas, o muy pocos. No se interrumpió el curso normal de las cosas, y los beneficios han sido muchos. Siempre interesa a un número mucho mayor de personas de una nación hacer que las cosas estén bien que dejar que estén mal, y cuando los asuntos públicos se abren a debate, y el juicio público es libre, no decidirá mal, salvo que decida apresuradamente."
El gobierno no tiene arte ni parte en este asunto. Y los partidos políticos tampoco. Ni ningún otro poder. Sólo los ciudadanos tienen derecho natural a configurar su estado político; por supuesto, después de un largo y tranquilo período de debate en todos los foros, donde el pueblo pueda participar libremente.
Pero para qué seguir. Lean, por favor, a Thomas Paine. En directo, ante nuestros ojos, un pueblo en marcha hacia su libertad política. ¿Aprenderemos algo los españoles?
http:www.filosofiadigital.com/
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“Los políticos griegos, que vivían en un gobierno popular, no reconocían más fuerza para sostenerlo que la virtud. Los políticos de hoy no nos hablan más que de fábricas, de comercio, de finanzas, de riquezas e incluso de lujo. Cuando la virtud deja de existir, la ambición entra en los corazones capaces de recibirla y la codicia se apodera de todos los demás. Antes, los bienes de los particulares constituían el tesoro público, pero en cuanto la virtud se pierde, el tesoro público se convierte en patrimonio de los particulares. La República es un despojo y su fuerza ya no es más que el poder de algunos ciudadanos y la licencia de todos.”
Algunos piensan, incluso se atreven a decirlo, que Montesquieu está obsoleto. Otros, quieren enterrarlo vivo: "Montesquieu ha muerto", dijo un socialista en el gobierno, hace algunos años, para justificar la tiranía de su partido, a la sazón administrador de todo el poder de la partitocracia (rodillo socialista, se llamaba de aquélla; lo de ahora, no tiene nombre).
EL BOCHORNOSO ESPECTÁCULO DE "PAN Y CIRCO"
En cambio, quienes afirman que la democracia no tiene otra misión que llenar las panzas de los ciudadanos, se creen modernos. Olvidan que lo de "pan y circo" ya es muy antiguo. Y que el Montesquieu "obsoleto" ya denunció esto: "Los políticos de hoy no nos hablan más que de fábricas, de comercio, de finanzas, de riquezas e incluso de lujo." Lo mismito que tendremos que oír en las próximas campañas electorales. Como los charlatanes en las ferias, se pondrán todos a recabar votos al grito de: "¿Hay quien dé más?".
Y los españolitos, entre embobados y divertidos, votarán la mejor oferta del día en la lonja política, la que crean que les incrementa más su "poder adquisitivo", aunque sea mentira.
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“El pueblo no debe entrar en el Gobierno más que para elegir a sus representantes, que es lo que está a su alcance. La gran ventaja de los representantes es que tienen capacidad para discutir los asuntos. El pueblo en cambio no está preparado para esto, lo que constituye uno de los grandes inconvenientes de la democracia.” Montesquieu
En el alojamiento principal de FILOSOFIA DIGITAL, vengo publicando, desde hace meses, artículos de diversos autores que archivo en varias Antologías. Una de ellas, "Antología de la libertad", recoge artículos de los tratadistas clásicos sobre la democracia y la libertad política.
Después del intento fallido de lanzar un movimiento ciudadano por la democracia, contando con el apoyo de un ilustre republicano, impulsé el nacimiento, tal como tenía previsto desde meses antes, de la Asociación Libre de Ciudadanos por la Democracia (ALCD), contando con el apoyo inestimable, en pie de igualdad, de otros compañeros de diversos lugares de España y a los que no conozco personalmente.
Posteriormente, me pareció necesario aportar a la DEMOTECA de la ALCD fragmentos de demócratas como Spinoza, Montesquieu, Tocqueville y Paine, entre otros. Más que nada para que no fuéramos a descubrir el Mediterráneo, es decir, la Democracia, a estas alturas de la historia.
Pienso elaborar una especie de "ABC de la Democracia" con las preguntas más usuales que todo el mundo se hace sobre este tipo de Gobierno, aportando las respuestas claras que los mencionados autores anticiparon sobre las ventajas e inconvenientes de un régimen popular. Hoy quiero aportar la respuesta que daría Montesquieu a los partidarios de la democracia "directa":
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“¡Que este gran monumento erigido a la Libertad sirva de lección al opresor y de ejemplo a los oprimidos!” (Marqués de la Fayette).
Hoy deseo invitar a los lectores de este blog a que lean y reflexionen sobre LOS DERECHOS SAGRADOS DEL HOMBRE Y DEL CIUDADANO, un post dedicado a ese monumento a la Libertad que fue la Declaración redactada por la Asamblea Nacional de Francia en 1789.
No estaría de más que los españoles, con ayuda de los clásicos, nos sacudiéramos la modorra que nos mantiene en la inopia respecto a la calamitosa situación política española, que no depende, como creen las derechas, de que ahora gobiernen las izquierdas; ni como creen las izquierdas, de que las derechas puedan ocupar el poder cuando les ganan las elecciones, sino de que el Estado español NO ES DEMOCRÁTICO Y CARECE DE CONSTITUCIÓN.
El que no se lo crea, que lea, por favor, lo que entendieron por "derechos sagrados del hombre y del ciudadano" unos cuantos patriotas franceses, hace más de doscientos años. Tal vez estemos a tiempo de poder aprender algo de ellos:
I. Los hombres nacen y permanecen siempre libres e iguales en cuanto a sus derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común.
II. La meta de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.
III. El principio de la soberanía reside esencialmente en la nación. NINGÚN ÓRGANO ni NINGÚN INDIVIDUO pueden ejercer autoridad alguna que no emane expresamente de ella.
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Siempre he simpatizado con la “izquierda”. Nunca he sido de la “derecha”. No entré en el PSOE de Oviedo, mientras estudiaba en la Universidad, porque me exigían que fuera marxista. Y dije que no, junto con un grupo de estudiantes demócratas e independientes que manteníamos una fuerte actividad cultural y estudiantil al margen de los partidos políticos. Poco después el PSOE abjuraba del marxismo para ganar las elecciones. Cosas de la vida.
En las primeras elecciones del nuevo régimen voté a Tierno Galván, y en las siguientes a Felipe González, hasta que se corrompió. No he vuelto a votar, hasta las últimas elecciones, cuando al ver que la izquierda se había empeñado en “derrocar”, que no derrotar, al gobierno del PP, indignado por la campaña rastrera de difamación y acoso contra la derecha, voté a los populares. No tengo la menor idea de a qué candidatos voté. Ni siquiera miré la lista que introduje en la urna. Voté contra el PSOE, el partido más corrupto de la historia de España, para que no volviera al poder con esta partitocracia, donde el que gana concentra en sus manos dictatorialmente los tres poderes.
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COMENTARIO Nº 36 AL POST DE FD: ¿QUIÉN TENÍA RAZÓN, ORWEL O HUXLEY?
Las ideas son fuerzas mentales o espirituales con un poder inmenso para cambiar las cosas. Cambian, en primer lugar, a quien las tiene. Por eso creo en el poder regenerador del espíritu humano.
Pero cuando hablamos de política, es decir, de la forma de organizarse y gobernarse una sociedad constituida en Estado, las ideas, si no logras transmitirlas a una gran mayoría de ciudadanos, no sirven de nada. La democracia será una utopía, incluso una entelequia, si no logramos convencer, con buenas artes, a los españoles, de que este sistema político es nefasto, que la democracia es mucho mejor, que los problemas de los que ahora se queja todo el mundo en las aulas, la tienda, los bares o los centros de trabajo son CAUSADOS por la MALA CONSTITUCIÓN DEL ESTADO. Y que una Constitución democrática del mismo, los solucionaría o aliviaría considerablemente.
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