A ti, filósofo lector

Permalink 16.11.08 @ 11:34:00. Archivado en Falacias, sofismas y soflamas

Hace aproximadamente un año, publicaba mi primer artículo en el primitivo alojamiento de Filosofía Digital. En él expresaba las intenciones y los objetivos que me movían a hacerlo, así como también el tipo de lectores en que pensaba. Hoy quiero hacer memoria de aquella primitiva declaración, para confirmarla y compartirla con los amables visitantes de Periodista Digital:

"No soy profesional de la filosofía, la política o la religión, ni estoy adscrito a ninguna institución académica, partido político o grupo religioso. Ni siquiera simpatizo con ellos, por muy necesarios que sean considerados.

Mucho me temo que los más, esto es, la desdichada mayoría, apenas encontrarán aquí algo que les agrade por algún motivo; los menos, o sea, la dichosa minoría, casi nada que no sepan ya. Escribo sobre estos temas porque necesito hacerlo y porque considero necesario que se haga. Eso es todo.

Aunque me esforzaré por expresar mis ideas con palabras adecuadas, que no ofendan a nadie, no es agradar lo que busco, sino hablar claro y decir la verdad. Espero, de esta manera, animar a cualquiera que necesite alcanzar la excelencia y esté dispuesto a adentrarse sin temor por el camino que lleva a la libertad.

Si lo consiguiere, siquiera en parte, lograría mi propósito y esa sería mi recompensa. Si no, me habré limitado a cumplir con mi deber; y esa es toda la gloria a que aspiro. Vale."

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Sólo sé que no sé nada

Permalink 24.06.08 @ 20:55:48. Archivado en Falacias, sofismas y soflamas

“Yo soy más sabio que este hombre; es posible que ninguno de los dos sepamos cosa que valga la pena, pero él cree que sabe algo, pese a no saberlo, mientras que yo, así como no sé nada, tampoco creo saberlo. Yo no tengo conciencia de saber nada.”

La frase “sólo sé que no sé nada”, atribuida a Sócrates por sus discípulos (Platón, en “Defensa de Sócrates”), es considerada por los inexpertos y los esnobs del pensamiento, sin madera de auténticos pensadores, como el colmo de la sabiduría y la modestia filosófica.

EL ESCEPTICISMO Y LA FALSA MODESTIA

A mí, sin embargo, nunca me impresionó, pues albergo el máximo recelo hacia los aforismos filosóficos agradables, especialmente hacia las paradojas verbales. Lao Tsé lo dijo muy bien: “Las palabras verdaderas no son hermosas; las palabras hermosas no son verdaderas”.

Una frase bella puede fácilmente deslumbrar, y cegar al desprevenido, por su aparente profundidad, cuando tal vez no sea más que música compuesta con palabras. Alerta, pues, contra la belleza; no vayamos a confundirla con la verdad. La belleza puede seducir los sentidos, es decir, la imaginación, hasta el punto de dejar confuso el entendimiento.

Con franqueza y sin ambages: la frase de Sócrates, a la luz de la razón, me parece un dicho sin sustancia inspirado por la falsa modestia. Todos los ignorantes podrían decir lo mismo, si fueran honestos. Pues Heráclito afirmaba que “el mejor de ellos no conoce sino opiniones y las retiene firmemente”.

Darse cuenta de eso es una prueba de sensatez y comprenderlo está al alcance de cualquiera que no se obstine en aparentar que sabe lo que a sabiendas ignora. Es decir, que además de insensato no sea hipócrita.

Pero si el que finge saber, cuando no tiene conciencia de saber nada, está tocado de soberbia, no le sigue muy de lejos el que sabiendo, finge que ignora. El falso modesto, se encumbra aparentando humillarse, y está próximo al soberbio.

Me inclino a creer que Sócrates simulaba su ignorancia, porque al verdadero ignorante, cuando el vulgo le atribuye una sabiduría que no tiene, si es sondeado con habilidad, se le reconoce porque podría pasar por tonto. Pues según Heráclito, que de “oscuro” no tenía nada, “los tontos, cuando oyen, son semejantes a los sordos: sobre ellos es la sentencia de que están ausentes cuando presentes”.

LOS TÁBANOS, TORMENTO DEL GANADO

Y si, realmente, Sócrates se consideraba ignorante, ¿a qué venía tanta ironía y empeño para demostrar que los demás no sabían nada? ¿Con qué derecho se entrometía en las vidas de sus conciudadanos ejerciendo de tábano de sus conciencias y presumía de no dejar a nadie en paz? ¿Tendría al final Xantipa, su malhumorada esposa, su parte de razón al tirarle baldes de agua a la cabeza, mientras le llamaba vago y charlatán? Sócrates era un tábano inteligente, eso es todo.

Y un poco sofista. Pues para alguien que blasonaba de poder demostrar que todo el mundo, incluso los filósofos, desconocía la verdad sobre casi todo, se afianzaba bastante, por no decir excesivamente, en simples “verosimilitudes hermosas”. Como afirmó Descartes, “toda ciencia es un conocimiento cierto y evidente. Un hombre que duda de muchas cosas no es más sabio que el que nunca ha pensado en ellas”.

Sería insensato negar que, en la vida cotidiana, a falta de pan buenas son tortas; y que, a falta de certezas, debemos seguir lo que barruntamos más probable. Pero en la reflexión, por el contrario, nos advierte Spinoza, “debemos evitar el admitir como verdadero lo que es tan sólo verosímil, ya que, una vez admitida una falsedad, se siguen infinitas”.

Véase, si no, cómo desbarra Sócrates sobre el más allá, en “Fedón o del Alma”, una vez admitida la fantasiosa doctrina de la inmortalidad del alma, estimando que “conviene creerlo, y que vale la pena creer que es así. Pues el riesgo es hermoso, y con tales creencias es preciso, por decirlo así, encantarse a sí mismo”. He aquí cómo el encantador de serpientes acaba por encantarse a sí mismo al dulce son de su flauta filosófica. Ya que no puede saber, se conforma con creer.

Por eso, frente a su afectada ignorancia, y a despecho de todos los escépticos, me uno a Spinoza para expresar, con legítimo orgullo filosófico, pero sin el menor asomo de inmodestia, nuestra jubilosa profesión de fe filosófica: “Nosotros, al menos, sabemos que algo sabemos”.

Filosofía Digital, 18/12/2005

La confusión por lo eterno

Permalink 27.12.07 @ 22:35:49. Archivado en Falacias, sofismas y soflamas

“Aturdido se aleja lleno de confusión por lo eterno. La senda no tiene fin -exclama. Acaso a las estrellas se llegue por aquí. Pero mi gran torpeza me impedirá llegar. No hay que pensar en ellas.” F. GARCÍA LORCA

En el poema titulado Los encuentros de un caracol aventurero, Federico García Lorca vertió su exquisita sensibilidad juvenil en una fábula que, en mi opinión, deja entrever ya su preferencia por los etéreos sueños de la imaginación frente a la suprema realidad de lo eterno.

Cosa natural en un poeta, ya que la religión de los artistas es la belleza, a la que adoran con deleite no exento del sufrimiento de toda idolatría, muy lejos de esa mentalidad genuinamente filosófica para la que sólo la verdad, siempre gozosa, puede ser divina.

EL ESPÍRITU BURGUÉS, ATURDIDO, SE ALEJA LLENO DE CONFUSIÓN POR LO ETERNO

El poeta se exalta ante la emoción desbordante que inunda su fantasía sensorial y cree tener más claro aquello que imagina o siente más fácilmente. Meditar, siquiera sea un solo instante, en todo cuanto trasciende lo inmediatamente percibido a través de los sentidos, le fatiga y, “aturdido, se aleja lleno de confusión por lo eterno”.

De ahí que los artistas no estén más cerca de sentir la verdadera bondad de la vida, indisociable de la percepción de su eternidad inmanente, que los espíritus más adocenados, los cuales, con una afectada confesión de “gran torpeza”, disimulan malamente su pereza intelectual ante el misterio que evocan, de algún modo, las estrellas. La conclusión a que llega una mente conformista, sea vulgar sea poética, es: “no hay que pensar en ellas”.

Lástima, porque, ciertamente, la verdad no se oculta en insondables abismos ni reside en inaccesibles regiones celestes, de modo que tengamos necesidad de suplicar ¿quién nos la traerá?, ya que muy cerca de nosotros, en nuestro mismo corazón, está esa enseñanza sin palabras, que podemos sentir vivamente y no necesita de intérpretes que nos la descifren.

Pero debemos aprender a leer en nosotros mismos, atentamente, para no confundirnos. Pues, como decía Spinoza, con su pulido lenguaje filosófico, “si nos fijamos en la común opinión de los hombres, veremos que tienen consciencia, ciertamente, de la eternidad de su alma, pero la confunden con la duración, y atribuyen eternidad a la imaginación o la memoria, por creer que éstas subsisten después de la muerte” (Spinoza, Ética V, escolio de la proposición 35).

VER TEXTO COMPLETO-->AQUÍ

http://www.filosofiadigital.com/

La Humanidad ha abjurado del espíritu

Permalink 16.11.06 @ 22:12:20. Archivado en Falacias, sofismas y soflamas

Hoy, en esta sección de blogs donde tan generosamente Periodista Digital me ha concedido un hueco, deseo únicamente dejar, para los visitantes de Filosofía Digital, el enlace a un artículo de Enrique Jardiel Poncela, publicado en el alojamiento original de FD, compuesto con fragmentos extraídos de su libro "LA TOURNÉ DE DIOS", y al que he dado el título que figura arriba.

Los que lo lean, apreciarán que, aunque esta obra de Jardiel Poncela fue escrita en 1932, parece describir nuestro mundo del siglo XXI. La Humanidad no ha cambiado nada en cien años. Sigue estando, en palabras de este dramaturgo madrileño, COMO UNA... CABRA.

Adelanto aquí la entradilla seleccionada para el artículo:

“Si el creyente es un farsante, el ateo lo es muchísimo más. El creyente es capaz de decir yo creo dirigiéndose sólo a su propia conciencia. Pero cuando el ateo dice yo no creo se dirige siempre a un público. La Humanidad le ha vuelto la espalda a Dios y, desde entonces, anda más desquiciada que nunca. Uno no acusa a la Humanidad de haberse dejado de dar golpes de pecho, ni de haber olvidado el agua bendita o el ir a misa o el rezar ante un Cristo… De lo que uno acusa a la Humanidad es de haber abjurado de todas sus cualidades espirituales. Que es lo mismo que decir divinas“.

El libro de Jardiel, escrito entre bromas y veras, no tiene desperdicio. Tal vez porque como dijo alguien -ahora no recuerdo quién-, "mi forma de bromear es decir la verdad. Es la broma más divertida del mundo".

Léase aquí: LA HUMANIDAD HA ABJURADO DEL ESPÍRITU.

http://www.filosofiadigital.com/

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