Refúgiate en lo eterno
07.09.09 @ 20:14:21. Archivado en Conciencia vigilante
“¡Cuántos libros, Dios mío! Cada cual nos hacemos una pequeña cavidad en la montaña del conocimiento: cada erudito no es más que un conejo. Y en revancha, ¿para qué leer tanto? Gracias a la imaginación nos apoderamos del mundo, y por medio de unos cuantos libros buenos y de la meditación entramos en Dios.
Lo mejor es procurar adquirir lo verdadero, comprender el universo, habituarse a los horizontes divinos, encontrar un tesoro fuera del alcance de los gusanos y del óxido. Entrar en comunión con la vida eterna, con la vida universal.
El deber consiste en no cansarse, no enfriarse, alegrarse con lo que hay, y no preocuparse por lo que falta; ser indulgente, paciente, simpático, benévolo; espiar la flor que nace y el corazón que se abre; esperar siempre, como Dios; amar siempre.
La vida es corta; intenta hacerla dulce, y esta dulzura terminará recayendo sobre ti. Tu corazón no encontrará lo que desea, pero al menos sí todo lo que puede tener.
Domina el ideal con suficiencia tal que su caricatura no te lo pueda fastidiar, para no ver lo feo, para poder considerar solamente, entre las cenizas, la brasa.
Tu refugio contra las penas de la vida pasajera están en la religión y sus divinos abismos. No confíes tus destinos a nada perecedero. Refúgiate en lo inalterable, en lo eterno, en lo divino.” HENRI-FREDERIC AMIEL
Artículo completo, y comentarios, en FILOSOFÍA DIGITAL
Jesús Nava
autor
Contacto


