Los dioses se marchan, Dios se queda
06.01.09 @ 19:54:00. Archivado en Conciencia vigilante
Filósofo lector, hoy te invito a leer y reflexionar sobre algunos fragmentos de Víctor Hugo, entresacados de sus discursos, cartas o escritos, y que he titulado: MI CREDO DE PENSADOR.
Hugo (1802-1885), genial escritor francés -autor de "Los miserables", entre otras obras inmortales-, estuvo hasta el último momento de su vida comprometido con la justicia, la libertad y el amor. No fue un filósofo, pero sí un pensador. Aunque ejerció como senador y diputado de su país, porque consideró que, en aquellos agitados tiempos, era lo más útil que podía hacer por su pueblo y por la Humanidad, nunca renunció a su auténtica vocación de "contemplador religioso de lo ideal y de lo bello".
Puesto que la vida evoluciona en el tiempo, los seres humanos que están verdaderamente vivos también cambian con ella. Hugo fue madurando, como escritor, desde su manifiesta militancia en el romanticismo hacia una literatura más comprometida con los que sufren. Políticamente, fue adoptando posiciones más progresistas y fue un luchador infatigable por la abolición de la pena de muerte.
A pesar del drama íntimo que supuso la muerte de su hija Léopoldine, ahogada en el Sena con su esposo; el encarcelamiento, ocho años después, de sus dos hijos por delitos de prensa; y el exilio que le costó su oposición al golpe de Estado de Luis Napoleón, en 1851, nunca perdió su fe en la humanidad, el progreso y la conciencia universal. Debió ser realmente impresionante poder oír cómo tronaba la voz de este gran hombre desde su Tribuna política, cuando decía cosas como estas:
"El edificio social del pasado se apoyaba en tres columnas: el sacerdote, el rey y el verdugo. Hace ya mucho tiempo que una voz dijo: “¡Los dioses se marchan!”. Últimamente se ha alzado otra voz para proclamar: “¡Los reyes se van!”. Y ahora se eleva otra que afirma: “¡El verdugo se va!”.
A quienes lamentan la supuesta ausencia de los dioses podemos decirles: Dios se queda. A quienes lamenten la de los reyes podemos decirles: queda la patria. A quienes lamenten la del verdugo, no tenemos nada que decirles."
Su despedida de este atormentado mundo no pudo ser más gloriosa. Muere el 22 de mayo de 1885 en su domicilio. Se le inhuma en el Panteón. El Estado le tributa un funeral de carácter nacional. Acuden dos millones de personas. La ceremonia es laica, por deseo expreso suyo:
“Rechazo la plegaria de todas las iglesias. Pido una oración de todas las almas. Creo en Dios”.
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Jesús Nava
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