
“La Fayette dice en algún pasaje de sus Memorias que el sistema exagerado de las causas generales deparaba maravillosos consuelos a los políticos mediocres. Yo añado que produce el mismo efecto en los historiadores mediocres.
No sólo niegan que unos cuantos ciudadanos puedan influir sobre el destino del pueblo, sino que quitan a los pueblos mismos la facultad de modificar su propia suerte y los someten, ya a una providencia inflexible, ya a una especie de ciega fatalidad.
Según ellos, cada nación está inevitablemente ligada, por su posición, por su origen, por sus antecedentes y por su naturaleza, a un destino determinado que ningún esfuerzo es capaz de cambiar.
Los historiadores de la Antigüedad enseñaban a mandar; los de hoy sólo enseñan a obedecer. En sus escritos, el autor suele parecer grande, la humanidad siempre pequeña.
Si esta doctrina fatalista pasara de los escritores a los lectores y, penetrando en la masa de los ciudadanos, se apoderara del espíritu público, probablemente paralizaría en poco tiempo el movimiento de las nuevas sociedades.
Nuestros contemporáneos ya se sienten excesivamente inclinados a dudar del libre albedrío. Guardémonos de oscurecer esta idea, ya que se trata de levantar las almas, no de abatirlas por completo.” ALEXIS DE TOCQUEVILLE
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“Saint-Just, contemporáneo de Sade, llega a la justificación del crimen, aunque parte de principios diferentes. Ambos, sin embargo, legitiman un terrorismo, individual en el libertino, y de Estado en el sacerdote de la virtud.
Si se pone en el bien absoluto y en el mal absoluto la debida lógica, uno y otro exigen el mismo furor. Saint-Just ha inventado la clase de seres que hacen de la historia de los dos últimos siglos una pesada novela negra.
“El que gasta bromas estando a la cabeza del gobierno -dice- tiende a la tiranía.” Máxima asombrosa, sobre todo si se piensa cómo se pagaba entonces la sencilla acusación de tiranía, y que prepara en todo caso el tiempo de los Césares pedantes.
Saint-Just da el ejemplo; su tono mismo es definitivo. Esa cascada de afirmaciones perentorias, ese estilo axiomático y sentencioso, le pintan mejor que los más fieles retratos. Las sentencias ronronean , como la prudencia misma de la nación; las definiciones, que fundan la ciencia, se suceden como mandamientos fríos y claros. “Los principios deben ser moderados; las leyes, implacables; las penas, sin remisión posible.”
Es el estilo guillotina.” ALBERT CAMUS
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“Unos principios eternos ordenan nuestra conducta: la Verdad, la Justicia; finalmente, la Razón. Ese es el nuevo dios.
El dios de los filósofos y de los abogados no tiene más que el valor de una demostración. En verdad, es muy débil, y se comprende que Rousseau, que predicaba la tolerancia, haya creído, sin embargo, que era preciso condenar a muerte a los ateos.
Para adorar durante un largo tiempo un teorema, no basta la fe, se necesita también una policía. Vicio, virtud, corrupción, estos términos vienen constantemente a la retórica de los tiempos y, todavía más, a los discursos de Saint-Just, haciéndolos cada vez más pesados.
La Revolución francesa, al pretender edificar la historia sobre un principio de pureza absoluta, inaugura los tiempos modernos al mismo tiempo que la era de la moral formal. La moral, cuando es formal, devora.
La virtud absoluta es imposible, la república del perdón trae mediante una lógica implacable la república de las guillotinas. Montesquieu había denunciado ya esta lógica como una de las causas de decadencia de las sociedades, diciendo que el abuso del poder es mejor cuando las leyes no lo prevén.” ALBERT CAMUS
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“Lo que se ha echado a perder por culpa humana, puede también subsanarse mediante el trabajo humano.
Un hombre se ve enfrentado a algo echado a perder debido a negligencias cometidas en épocas anteriores. No posee la energía necesaria como para remediarlo solo, pero encuentra ayudantes capaces, con cuyo apoyo, si bien no podrá lograrse un nuevo comienzo en un sentido creativo, por lo menos se llevará a cabo una reforma a fondo, cosa que también es digna de elogio.
No todos los hombres están obligados a mezclarse en los asuntos mundanales. Existen también quienes ya han evolucionado interiormente a tal punto que tienen el derecho a dejar que el mundo siga su curso, sin inmiscuirse en la vida política como reformadores. Mas con ello no quiere decirse que han de asumir una actitud pasiva, inactiva o meramente crítica.
Tan solo el trabajo dedicado a las metas más altas de la humanidad, que uno ejecuta sobre su propia persona, da una justificación para semejante estado de retiro. Pues aun cuando el sabio se mantiene apartado del cotidiano trajín, va creando incomparables valores para la humanidad del porvenir.” RICHARD WILHELM
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02.07.08 @ 19:59:15. Archivado en Mundo Libre
“Por muy necesario que sea contener a los magistrados, no lo es menos el escogerlos bien: la libertad debe fundarse en esta doble base. No perdáis de vista que, en el gobierno representativo, no hay leyes constitutivas más importantes que las que garantizan la pureza de las elecciones.
Ahí están los principios conservadores de la libertad que la constitución debe mantener. Todo el resto no es más que charlatanería, intriga y despotismo. Haced de manera que el pueblo pueda asistir a las asambleas públicas, ya que es el único apoyo de la libertad y de la justicia. Los aristócratas, los intrigantes son las plagas de la libertad.
¡Qué importa que la ley rinda un homenaje hipócrita a la igualdad de derechos si la más imperiosa de todas las leyes, la necesidad, fuerza a la parte más sana y numerosa del pueblo a renunciar a ella! Que las reglas de las elecciones, que las formas de las deliberaciones sean tan simples y resumidas como sea posible.
Que se delibere en voz alta: la publicidad es el apoyo de la virtud, la salvaguardia de la verdad, el terror del crimen, el azote de la intriga. Dejad las tinieblas y el voto secreto a los criminales y a los esclavos: los hombres libres quieren tener al pueblo como testigo de sus pensamientos.
Este método forma a los ciudadanos y las virtudes republicanas. Conviene a un pueblo que acaba de conquistar su libertad y que combate por defenderla. Cuando deja de convenirle, ya no hay República.”
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01.07.08 @ 11:00:33. Archivado en Mundo Libre
“La nación entera tiene el derecho de conocer la conducta de sus mandatarios. Sería necesario, si fuera posible, que la asamblea de delegados del pueblo deliberase en presencia del pueblo entero. Ante la mirada de un número tan grande de testimonios, ni la corrupción, ni la intriga, ni la perfidia osarían mostrarse. Sólo se consultaría a la voluntad general; sólo se atendería a la voz de la razón y del interés general.
Un pueblo cuyos mandatarios no deben dar cuenta de su gestión a nadie no tiene constitución. Un pueblo cuyos mandatarios sólo rinden cuentas a otros mandatarios inviolables, no tiene constitución. Si éste es el sentido que se le confiere al gobierno representativo, confieso que adopto todos los anatemas pronunciados contra él por Jean-Jacques Rousseau.
La posteridad se asombrará de la despreocupación con la que una gran nación ha soportado estas cobardes y groseras maniobras que comprometen a la vez su dignidad, su libertad y su salvación.”
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