La religión política de la nación
04.06.08 @ 17:43:12. Archivado en Mundo Libre
“El más fuerte bastión de cualquier gobierno puede quebrarse y destruirse; me refiero a la adhesión del pueblo. Cuando se permita a la parte corrompida de la población reunirse en grupos de cientos y miles, y quemar iglesias, arrasar y saquear almacenes, arrojar imprentas al río, disparar a los editores y colgar y quemar personas que les resulten odiosas a placer y con impunidad, este gobierno no podrá durar. Por tales cosas, los sentimientos de los mejores ciudadanos resultarán más o menos alienados respecto al gobierno, y así quedará sin amigos, o con muy pocos, y demasiado débiles para que su amistad sea eficaz. En tal momento y bajo tales circunstancias, hombres de suficiente talento y ambición no desaprovecharán la oportunidad de dar el golpe”.

Si la destrucción es nuestra suerte, nosotros mismos habremos de ser sus autores y quienes la llevemos a cabo. Como nación de hombres libres, viviremos en todas las épocas o moriremos por suicidio.
Espero ser suficientemente cauteloso, pero, si no lo soy, hay, incluso ahora, algo de mal augurio entre nosotros. Me refiero a la creciente falta de respeto por la ley que invade el país; a la pujante disposición a las pasiones salvajes y furiosas sustituyan al sobrio juicio de los tribunales, y las masas, peores que salvajes, a los ministros ejecutivos de la justicia.
UN GOBIERNO QUE TOLERA LA VIOLENCIA, PERDERÁ LA ADHESIÓN DEL PUEBLO.
Relatos de ultrajes cometidos por las masas forman las noticias de cada día en nuestra época. Sería tan tedioso como inútil recontar todos sus horrores. Los que han ocurrido en el Estado de Misisipí, y en Saint Louis, son tal vez los más peligrosos por su ejemplo y los más repulsivos para la humanidad. En el caso de Misisipí, comenzaron por colgar a los jugadores habituales. Así, se sucedieron los colgamientos, de los jugadores a los negros, de los negros a los ciudadanos blancos y de éstos a los forasteros; hasta que se vieron hombres muertos balanceándose literalmente de las ramas de los árboles en cada vereda del camino, y en número casi suficiente para rivalizar con el nativo musgo español del país, como colgaduras del bosque.
Fijaos luego en esa sobrecogedora escena en Saint Louis. Allí sólo se sacrificó a una víctima. Su historia es muy breve y tal vez sea la más trágica en su especie que haya sido presenciada en la vida real. Un hombre mulato, llamado McIntosh, fue apresado en la calle, arrastrado hasta los suburbios de la ciudad, encadenado a un árbol y quemado hasta la muerte; sólo una hora antes había sido un hombre libre que atendía su negocio, en paz con el mundo.
Pero tal vez estéis dispuestos a preguntar: “¿Qué tiene esto que ver con la perpetuación de nuestras instituciones políticas?” Respondo: tiene mucho que ver con ello. Sus consecuencias directas, relativamente hablando, no son sino un mal menor, y gran parte de su peligro consiste en la propensión de nuestro ánimo a considerar sus consecuencias directas como las únicas. Pero el ejemplo, en cada caso, era temible.
Cuando a los hombres se les mete hoy en la cabeza colgar a jugadores o quemar asesinos, deberían recordar que, en la confusión que acompaña por lo general a tales transacciones, resultará tan probable que cuelguen o quemen a alguien que no es un jugador ni a un asesino como a quien lo sea, y que, actuando según el ejemplo que dan, la masa de mañana cuelgue o queme equivocadamente a algunos de ellos. […]
TEXTO COMPLETO EN MUNDO LIBRE DIGITAL
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Jesús Nava
autor
Contacto


