¿Libertad democrática o dictadura del proletariado?
03.06.08 @ 18:24:33. Archivado en El arte de ser libre
“Una revolución democrática genuina persigue un cambio radical del sistema, no la destrucción violenta del orden. Y tiene entre otros cometidos primordiales, como dijo Jefferson, “inculcar a las minorías el deber de aquiescencia a la voluntad de la mayoría; y a las mayorías el respeto a los derechos de la minoría”. Que los reaccionarios y los revolucionarios españoles hicieran caso omiso de esta regla esencial del republicanismo, le costó al pueblo español una sangrienta y absurda guerra civil, así como la extinción hasta hoy de todo vestigio de democracia constitucional y representativa. No es el odio de clases, sino el amor a la libertad, la igualdad y la concordia lo que otorga grandeza a un pueblo y legitimidad moral a su lucha por la independencia de cualquier tipo de opresión. Toda revolución inspirada por el odio y el resentimiento podrá cambiar de tirano, pero jamás conseguirá erradicar la tiranía.”

Ya he advertido, más de una vez, de que el hecho de publicar un artículo en Filosofía Digital, no implica que esté de acuerdo con todo lo que dicen sus autores. En ocasiones, es sólo una idea o una frase lo que me interesa, pero, por supuesto, respeto el pensamiento íntegro del escritor, aunque discrepe. Mi verdadero pensamiento lo expreso a través de mis propios artículos, no de los ajenos.
No puedo compartir, por ejemplo, como dicen De Francisco y Raventós en éste, que si los pobres fueran minoría, aún así, democracia sería el gobierno de esa minoría. Democracia es, al menos así lo entiendo yo, el autogobierno del pueblo, que suele ser la mayoría natural en cualquier lugar del mundo, y generalmente pobre; pero allí donde todos los ciudadanos gozan de prosperidad real e igualdad efectiva de derechos, incluyendo el derecho de propiedad y a trabajar honradamente para ganarse la vida, democracia sigue siendo el gobierno de la mayoría, no de una minoría por paupérrima que sea.
Una revolución democrática genuina persigue el cambio del sistema, no la destrucción del orden social. Y tiene entre otros cometidos primordiales, como dijo Jefferson, “inculcar a las minorías el deber de aquiescencia a la voluntad de la mayoría; y a las mayorías el respeto a los derechos de la minoría”. Que los reaccionarios y los revolucionarios españoles hicieran caso omiso de esta regla esencial del republicanismo, le costó al pueblo español una sangrienta y absurda guerra civil, así como la extinción hasta hoy de todo vestigio de democracia constitucional y representativa.
No es el odio de clases, sino el amor a la libertad, la igualdad y la concordia lo que otorga grandeza a un pueblo y legitimidad moral a su lucha por la independencia de cualquier tipo de opresión. Toda revolución inspirada por el odio y el resentimiento podrá cambiar de tirano, pero jamás conseguirá erradicar la tiranía. [...]
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Jesús Nava
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