El sitio del corazón

Permalink 28.06.08 @ 10:28:09. Archivado en Conciencia vigilante

“La atracción por lo electivamente afín constituye una ley general de la naturaleza. Mediante una atracción de esta índole influye el sabio sobre los corazones de los hombres y el mundo logra la paz.

Uno debe aguardar, tranquilamente, hasta que un verdadero influjo lo mueva a actuar, y entonces quedará libre de daños. Se ha alcanzado aquí el sitio del corazón. La incitación, el estímulo que parte de este punto es el más importante. Allí donde actúa la propia fuerza tranquila de la naturaleza de uno, los efectos son normales.

Todos los hombres sensibles a las vibraciones de un espíritu semejante recibirán su influjo. Este influjo sobre los demás no ha de manifestarse como una acción deliberada y consciente ejercida sobre ellos, pues semejante agitación consciente, con su perpetuo vaivén, excita y desgasta.

Por otra parte, en ese caso los efectos se limitarán a aquellos hombres hacia los cuales dirige uno conscientemente sus pensamientos. La forma más exterior de empeñarse en adquirir influencia sobre otros es la de conseguirlo mediante la mera locuacidad, sin que nada real sostenga a las palabras. Semejante estímulo, ejercido por el sólo movimiento de los instrumentos del habla, será necesariamente insignificante.”

TEXTO COMPLETO EN FILOSOFÍA DIGITAL

Los límites del arte médico

Permalink 27.06.08 @ 09:57:33. Archivado en Conciencia vigilante

“El paciente, tratado conforme a la teoría de moda, a veces se repone a pesar de la medicina. La medicina, por consiguiente, le ha curado, y el joven doctor se arma nuevamente de valor para proseguir sus experimentos con la vida del prójimo. Creo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la cuadrilla de médicos principiantes, inexpertos y presuntuosos que anda suelto por el mundo destruye más vidas humanas en un año que todos los Robinhoods, Catouches y Macheaths en un siglo. Desearía especialmente que el joven médico tuviera profundamente grabados en su mente los verdaderos límites de su arte, y supiera que su función, cuando el estado del paciente traspasa esos límites, es ser un observador atento, pero callado, de las operaciones de la naturaleza, y facilitar su trabajo con un régimen bien regulado y con toda la ayuda que puedan obtener de la estimulación del buen humor y la esperanza en el paciente.”

Los trastornos del cuerpo animal, y los síntomas que los indican, son tan variados como los elementos que componen el cuerpo. Además, las combinaciones de esos síntomas son tan infinitamente diversas que muchas asociaciones de ellos se manifiestan tan rara vez que no permiten diagnosticar una enfermedad determinada; y para una enfermedad desconocida no puede haber remedio conocido. Ahí debe detenerse, por consiguiente, un médico juicioso, moral y humano.

Tras ser tantas veces testigo de los saludables esfuerzos de la naturaleza para restablecer las funciones trastornadas, antes debería confiar en su acción que arriesgarse a interrumpirla y a perturbar aún más el sistema, con experimentos hipotéticos con una máquina tan complicada y desconocida como el cuerpo humano y un objeto tan sagrado como la vida humana. O, cuando para mantener vivos la esperanza y el ánimo del paciente, es necesario que parezca que se hace algo, ese algo debe ser de naturaleza del todo inocua.

Uno de los mejores médicos que he conocido me aseguró que utilizaba las píldoras de pan, las gotas de agua coloreada y los polvos de ceniza de nogal más que todas las demás medicinas juntas. Era, ciertamente, un engaño piadoso.

Pero el médico propenso a la aventura no se detiene ahí, y sustituye el conocimiento por la presunción. Del pequeño campo de lo conocido se lanza a la ilimitada región de los desconocido. Establece como guía alguna teoría fantasiosa de atracción corpuscular, acción química, potencias mecánicas, estímulos, irritabilidad acumulada o agotada, vaciamiento por lanceta y relleno por mercurio, o cualquier otro sueño ingenioso que le da acceso inmediato a todos los secretos de la naturaleza.

Una vez propuesto este principio, construye sobre él su cuadro gnoseológico, distribuye sus enfermedades por familias, y extiende su tratamiento curativo, por analogía, a todos los casos que tan arbitrariamente ha congregado.

He vivido para ver a los discípulos de Hoffman, Boerhaave, Stahl, Cullen, Brown, sucederse unos a otros como figuras que se desplazan en una linterna mágica, y a sus fantasías convertirse, por su novedad, en la moda del día como los vestidos de los figurines anuales de París, hasta ceder a la novedad siguiente su efímera hegemonía.

El paciente, tratado conforme a la teoría de moda, a veces se repone a pesar de la medicina. La medicina, por consiguiente, le ha curado, y el joven doctor se arma nuevamente de valor para proseguir sus experimentos con la vida del prójimo.

Creo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la cuadrilla de médicos principiantes, inexpertos y presuntuosos que anda suelto por el mundo destruye más vidas humanas en un año que todos los Robinhoods, Catouches y Macheaths en un siglo. Es en esa parte de la medicina donde me gustaría ver una reforma, un abandono de las hipótesis en favor de los hechos desnudos, el otorgamiento del más alto valor a la observación clínica, y el más bajo a las teorías visionarias.

Desearía especialmente que el joven médico tuviera profundamente grabados en su mente los verdaderos límites de su arte, y supiera que su función, cuando el estado del paciente traspasa esos límites, es ser un observador atento, pero callado, de las operaciones de la naturaleza, y facilitar su trabajo con un régimen bien regulado y con toda la ayuda que puedan obtener de la estimulación del buen humor y la esperanza en el paciente. […]

Al doctor Casper Wistar, profesor de anatomía y cirugía en la Universidad de Pennsylvania, que en 1815 sucedió a Jefferson como presidente de la Sociedad Filosófica Americana. Washington, 21 de junio de 1807.

THOMAS JEFFERSON, Autobiografía y otros escritos. Editorial Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia.

Los que están salvando el mundo

Permalink 25.06.08 @ 21:48:42. Archivado en La sagrada batalla

“Alguien que acaricia un perro; el ceramista que da forma y color; una pareja que lee un poema; los que agradecen que haya música y literatura; los que piensan sólo por ganas de saber; los que no sienten placer si no lo dan; los que cultivan un huerto sin codiciar la cosecha; los que crían niños y los educan hasta hacer de ellos hombres y mujeres; el soldado que ama a la patria, pero odia su oficio; los que prefieren sufrir cien injusticias antes que cometer una sola… Son la gloria de la humanidad, sí, precisamente porque no saben que lo son. Cumplen con lo que sienten que es su deber natural, ignorando, en su magnífica inocencia, que su modesto quehacer cotidiano constituya un mérito que deba ser reconocido o premiado por otros.”

Bellos poemas de Borges: “El remordimiento”, “El cómplice” y “Los justos”. Lamento que no fuera feliz. No acepto ser cómplice de lo que me daña. Y estoy totalmente de acuerdo en que “esas personas que se ignoran, están salvando el mundo”.

¡Cuánta pleitesía irresponsable y servil rindes, hombre civilizado, al poder, a las riquezas y al placer! ¡Siempre buscando un rey que te gobierne, algún líder que te guíe, un maestro que te enseñe, algún gurú que te ilumine, un poeta que te deleite, algún placer que te extasíe, un negocio que te encumbre, alguna ideología que te libere…!

¡Siempre aprendiendo, engañando y siendo engañado, sin llegar nunca al conocimiento de la verdad esencial, aquella que afirma que todo lo que necesitas para ser feliz y libre está en tí!

Y los que viven como si lo supiesen, pero sin ser conscientes de ello, son esas personas humildes, anónimas, que se ignoran a sí mismas, pero que están salvando el mundo. Alguien que acaricia un perro; el ceramista que da forma y color; una pareja que lee un poema; los que agradecen que haya música y literatura; los que piensan sólo por ganas de saber; los que no sienten placer si no lo dan; los que cultivan un huerto sin codiciar la cosecha; los que crían niños y los educan hasta hacer de ellos hombres y mujeres; el soldado que ama a la patria, pero odia su oficio; los que prefieren sufrir cien injusticias antes que cometer una sola…

Son la gloria de la humanidad, sí, precisamente porque no saben que lo son. Cumplen con lo que sienten que es su deber natural, ignorando, en su magnífica inocencia, que su modesto quehacer cotidiano constituya un mérito que deba ser reconocido o premiado por otros.

Por eso mismo, los poetas y los sabios les rinden homenaje. Y yo me sumo a él. Es de justicia.

Filosofía Digital, 16/01/2007

Sólo sé que no sé nada

Permalink 24.06.08 @ 20:55:48. Archivado en Falacias, sofismas y soflamas

“Yo soy más sabio que este hombre; es posible que ninguno de los dos sepamos cosa que valga la pena, pero él cree que sabe algo, pese a no saberlo, mientras que yo, así como no sé nada, tampoco creo saberlo. Yo no tengo conciencia de saber nada.”

La frase “sólo sé que no sé nada”, atribuida a Sócrates por sus discípulos (Platón, en “Defensa de Sócrates”), es considerada por los inexpertos y los esnobs del pensamiento, sin madera de auténticos pensadores, como el colmo de la sabiduría y la modestia filosófica.

EL ESCEPTICISMO Y LA FALSA MODESTIA

A mí, sin embargo, nunca me impresionó, pues albergo el máximo recelo hacia los aforismos filosóficos agradables, especialmente hacia las paradojas verbales. Lao Tsé lo dijo muy bien: “Las palabras verdaderas no son hermosas; las palabras hermosas no son verdaderas”.

Una frase bella puede fácilmente deslumbrar, y cegar al desprevenido, por su aparente profundidad, cuando tal vez no sea más que música compuesta con palabras. Alerta, pues, contra la belleza; no vayamos a confundirla con la verdad. La belleza puede seducir los sentidos, es decir, la imaginación, hasta el punto de dejar confuso el entendimiento.

Con franqueza y sin ambages: la frase de Sócrates, a la luz de la razón, me parece un dicho sin sustancia inspirado por la falsa modestia. Todos los ignorantes podrían decir lo mismo, si fueran honestos. Pues Heráclito afirmaba que “el mejor de ellos no conoce sino opiniones y las retiene firmemente”.

Darse cuenta de eso es una prueba de sensatez y comprenderlo está al alcance de cualquiera que no se obstine en aparentar que sabe lo que a sabiendas ignora. Es decir, que además de insensato no sea hipócrita.

Pero si el que finge saber, cuando no tiene conciencia de saber nada, está tocado de soberbia, no le sigue muy de lejos el que sabiendo, finge que ignora. El falso modesto, se encumbra aparentando humillarse, y está próximo al soberbio.

Me inclino a creer que Sócrates simulaba su ignorancia, porque al verdadero ignorante, cuando el vulgo le atribuye una sabiduría que no tiene, si es sondeado con habilidad, se le reconoce porque podría pasar por tonto. Pues según Heráclito, que de “oscuro” no tenía nada, “los tontos, cuando oyen, son semejantes a los sordos: sobre ellos es la sentencia de que están ausentes cuando presentes”.

LOS TÁBANOS, TORMENTO DEL GANADO

Y si, realmente, Sócrates se consideraba ignorante, ¿a qué venía tanta ironía y empeño para demostrar que los demás no sabían nada? ¿Con qué derecho se entrometía en las vidas de sus conciudadanos ejerciendo de tábano de sus conciencias y presumía de no dejar a nadie en paz? ¿Tendría al final Xantipa, su malhumorada esposa, su parte de razón al tirarle baldes de agua a la cabeza, mientras le llamaba vago y charlatán? Sócrates era un tábano inteligente, eso es todo.

Y un poco sofista. Pues para alguien que blasonaba de poder demostrar que todo el mundo, incluso los filósofos, desconocía la verdad sobre casi todo, se afianzaba bastante, por no decir excesivamente, en simples “verosimilitudes hermosas”. Como afirmó Descartes, “toda ciencia es un conocimiento cierto y evidente. Un hombre que duda de muchas cosas no es más sabio que el que nunca ha pensado en ellas”.

Sería insensato negar que, en la vida cotidiana, a falta de pan buenas son tortas; y que, a falta de certezas, debemos seguir lo que barruntamos más probable. Pero en la reflexión, por el contrario, nos advierte Spinoza, “debemos evitar el admitir como verdadero lo que es tan sólo verosímil, ya que, una vez admitida una falsedad, se siguen infinitas”.

Véase, si no, cómo desbarra Sócrates sobre el más allá, en “Fedón o del Alma”, una vez admitida la fantasiosa doctrina de la inmortalidad del alma, estimando que “conviene creerlo, y que vale la pena creer que es así. Pues el riesgo es hermoso, y con tales creencias es preciso, por decirlo así, encantarse a sí mismo”. He aquí cómo el encantador de serpientes acaba por encantarse a sí mismo al dulce son de su flauta filosófica. Ya que no puede saber, se conforma con creer.

Por eso, frente a su afectada ignorancia, y a despecho de todos los escépticos, me uno a Spinoza para expresar, con legítimo orgullo filosófico, pero sin el menor asomo de inmodestia, nuestra jubilosa profesión de fe filosófica: “Nosotros, al menos, sabemos que algo sabemos”.

Filosofía Digital, 18/12/2005

Filosofía

Permalink 20.06.08 @ 16:43:14. Archivado en Palabras mayores

"No presumo de haber hallado la mejor filosofía, pero sé que entiendo la verdadera"(Spinoza).

Muchos pensadores han hablado de la sabiduría con desigual fortuna y han señalado el camino empinado que conduce hasta ella. Pero sólo uno entre mil he hallado que, con benevolencia y dulzura, dirija a sus lectores un solícito "ruego" de "avanzar" con él "a paso lento", por la vía del entendimiento, hacia el conocimiento del alma humana y su suprema felicidad.

EL CRISTO DE LOS FILÓSOFOS

Quien tenga el coraje de acompañar a este hombre, por el camino interior que él transitó primero, no sólo logrará conocerse, sino que podrá sentir y experimentar con absoluta certeza que somos eternos. Su nombre: Baruch de Spinoza.

En ninguna otra filosofía hay salvación. El es el Cristo de los filósofos, según Gilles Deleuze, y el Moisés de los librepensadores, a juicio de Feuerbach. A sus pies he educado mi mente y gracias a él he aprendido casi todo lo que sé. Si alguna inteligencia espiritual he llegado a alcanzar se la debo a Spinoza, aunque sea íntegramente mía la responsabilidad por toda la ignorancia en que aún yazgo.

En cierto modo, estas páginas constituyen mi modesto pero agradecido homenaje al amable restaurador de la "antigua y verdadera filosofía". Como Lessing dijo: "No hay más filosofía que la de Spinoza". De ello quiero dar fe aquí.

FILOSOFÍA Y RELIGIÓN

La filosofía profunda es, en el fondo, verdadera religión y la auténtica religión no es otra cosa que filosofía pura. El ámbito natural de la verdadera filosofía es el estudio y conocimiento de las cosas perennes o eternas.

En esto se distingue de manera fehaciente de la ciencia o del arte, manifestaciones del espíritu a las que sirve de inspiración, pero con las que no debe ser confundida en modo alguno. El arte aporta belleza y placer; la ciencia, conocimiento y progreso; la espiritualidad filosófica, alegría y libertad.

Abogo, pues, abiertamente por una filosofía religiosa y una religión filosófica. Que yo distinga, como es obligado hacerlo, la religión de las confesiones religiosas que la falsean o corrompen y procure diferenciar la filosofía de las escuelas filosóficas que la complican o confunden, no resta ni un ápice de certeza a mi convicción de que, sin la unión con lo divino, la mente humana no alcanzará jamás la dicha inefable de la libertad completa y que, sin racionalidad filosófica, la religión derivará siempre en vano misticismo o peligrosa superstición.

ÉTICA, POLÍTICA Y FELICIDAD

Es más, sólo bajo la guía e inspiración de una sana espiritualidad podremos encontrar los sabios preceptos de una ética racional y las reglas prudentes de una política realista que nos alumbren el camino hacia una nueva sociedad; aquella que todas las almas nobles presienten como posible, y anticipan como real, cuando son capaces de vivir felices, entre otros hombres, obrando con generosidad, justicia y lealtad.

Es cierto que el camino que lleva a la verdadera felicidad es muy difícil de alcanzar; pero, si raramente se encuentra, y no se consigue sin “gran trabajo”, es posible hallarlo, sin embargo.

Aunque entrar por esta estrecha vereda es decisión de cada particular, podemos lograr una sociedad, organizada de tal modo, que facilite la consecución de tan alto grado de perfección para el mayor número posible de individuos. Se trata, pues, de poner la política y todas las ciencias al servicio de la felicidad.

Una sociedad así es posible para los hombres, si se les da la oportunidad de vivir bajo un régimen político benigno que garantice la libertad individual y colectiva; asegure la concordia social mediante leyes justas e iguales para todos; les procure una buena educación que les sirva de timón en la vida; y siembre en sus mentes consejos fraternales que sean como semillas de unas buenas costumbres.

Entonces, si no todos, al menos los más sensatos, bajo la guía de su propio juicio, podrán llevar libremente la forma de vida que más les plazca y hacer honestamente lo que sienten que es mejor.

EL CAMINO QUE LLEVA A LA LIBERTAD

De estos temas y otros semejantes trataremos aquí. No soy profesional de la filosofía, la política o la religión, ni estoy adscrito a ninguna institución académica, partido político o grupo religioso. Ni siquiera simpatizo con ellos, por muy necesarios que sean considerados.

Mucho me temo que los más, esto es, la desdichada mayoría, apenas encontrarán aquí algo que les agrade por algún motivo; los menos, o sea, la dichosa minoría, casi nada que no sepan ya. Escribo sobre estos temas porque necesito hacerlo y porque considero necesario que se haga. Eso es todo.

Aunque me esforzaré por expresar mis ideas con palabras adecuadas, que no ofendan a nadie, no es agradar lo que busco, sino hablar claro y decir la verdad. Espero, de esta manera, animar a cualquiera que necesite alcanzar la excelencia y esté dispuesto a adentrarse sin temor por el camino que lleva a la libertad.

Si lo consiguiere, siquiera en parte, lograría mi propósito y esa sería mi recompensa. Si no, me habré limitado a cumplir con mi deber; y esa es toda la gloria a que aspiro. Vale.

Artículo publicado en Filosofía Digital, el 27/11/2005

Los últimos bárbaros

Permalink 19.06.08 @ 21:40:55. Archivado en Política y democracia

"La libertad es lo más apreciado y lo más dulce" (Spinoza).

Aunque quiero reservar mis reflexiones sobre la religión y las supersticiones religiosas para otra sección, hoy necesito dar mi opinión sobre las revueltas que, en todo el mundo, están provocando los fanáticos musulmanes, es decir: los últimos bárbaros de nuestro tiempo.

Disfrutaba Spinoza de su ciudadanía, bajo el gobierno de su amigo Jan de Witt, republicano y liberal, en una Holanda cuya tolerancia le hacía vibrar de entusiasmo y le inclinaba a amarla como patria. Pero cuando comprobó que la libertad de pensamiento y expresión era suprimida "totalmente por la excesiva autoridad y petulancia de los predicadores", decidió redactar un tratado con sus opiniones acerca de las Escrituras judeocristianas, y sobre la relación entre política y religión. En sus propias palabras:

"Viendo, pues, que nos ha caído en suerte la rara dicha de vivir en un Estado, donde se concede a todo el mundo plena libertad para opinar y rendir culto a Dios según su propio juicio, y donde la libertad es lo más apreciado y lo más dulce, he creído hacer algo, que no sería ni ingrato ni inútil, si demostrara que esta libertad no sólo se puede conceder sin perjuicio para la piedad y la paz del Estado, sino que, además, sólo se la puede suprimir, suprimiendo con ella la misma paz del Estado y la piedad" (Tratado teológico-político).

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Donde acaba la elección anual comienza la tiranía

Permalink 19.06.08 @ 09:10:26. Archivado en Mundo Libre

“Vuestros principios se han puesto a prueba en el crisol del tiempo y han salido de él en toda su pureza. Habéis demostrado que no os oponíais sólo a la monarquía británica, sino a cualquier monarquía. Nuestro objetivo era un gobierno por representantes elegidos por el pueblo para períodos cortos y nuestra máxima de entonces, “donde acaba la elección anual comienza la tiranía”. Temo que nuestros amigos del otro lado del océano, que trabajan por la misma causa, tendrán todavía que vadear gran cantidad de crímenes y miserias. Deposité mi confianza en la cabeza de Bonaparte, no en su corazón. Esperaba que calculara bien la diferencia entre la fama de un Washington y la de un Cromwell. Sean cuales fueran sus opiniones, en el mejor de los casos ha transferido el destino de la república del brazo civil al militar. Algunos utilizarán esto como ejemplo de la impracticabilidad del gobierno republicano. Yo lo tomo como ejemplo del peligro que revisten los ejércitos permanentes. He sufrido mucho por nuestro país en los tiempos que hemos vivido. Espero ver la armonía restaurada entre nuestros ciudadanos, y las enemistades pretéritas enteramente olvidadas. Algunos de los dirigentes más comprometidos no pueden aceptarlo. Pero espero que lo acepte la gran masa de nuestros ciudadanos. Para conseguirlo sacrificaré todo menos los principios.”

Recibir una carta vuestra, mi respetable amigo, tras veintitrés años de separación, me ha procurado un placer que no puedo expresar. Me trae a la mente los días de inquietud que entonces pasamos combatiendo por la causa de la humanidad.

Vuestros principios se han puesto a prueba en el crisol del tiempo y han salido de él en toda su pureza. Habéis demostrado que no os oponíais sólo a la monarquía británica, sino a cualquier monarquía. Nuestro objetivo era un gobierno por representantes elegidos por el pueblo para períodos cortos y nuestra máxima de entonces, “donde acaba la elección anual comienza la tiranía”; y no puede decirse que nuestras excepciones a esa máxima hayan sido justificables por la virtud de sus efectos. Una deuda de cien millones, que crece por los intereses usurarios, y una falange de papel artificial que prevalece sobre la masa agrícola de nuestro país, tienen un aspecto amenazador.

Temo que nuestros amigos del otro lado del océano, que trabajan por la misma causa, tendrán todavía que vadear gran cantidad de crímenes y miserias. Deposité mi confianza en la cabeza de Bonaparte, no en su corazón. Esperaba que calculara bien la diferencia entre la fama de un Washington y la de un Cromwell. Sean cuales fueran sus opiniones, en el mejor de los casos ha transferido el destino de la república del brazo civil al militar. Algunos utilizarán esto como ejemplo de la impracticabilidad del gobierno republicano. Yo lo tomo como ejemplo del peligro que revisten los ejércitos permanentes. […]

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La soberanía del pueblo y la libertad de prensa

Permalink 18.06.08 @ 17:32:59. Archivado en Mundo Libre

“Confieso que yo no siento por la libertad de prensa ese amor rotundo e instantáneo que se concede a las cosas soberanamente buenas por naturaleza. La amo por la consideración de los males que impide mucho más que por los bienes que aporta. En algunas naciones que se tienen por libres, todo agente del poder puede violar la ley impunemente sin que la Constitución del país otorgue a los oprimidos el derecho de quejarse ante la justicia. En estos pueblos, la independencia de la prensa no debe ser considerada como una garantía más, sino como la única garantía que queda de la libertad y de la seguridad de los ciudadanos. En materia de prensa no hay, pues, término medio entre la servidumbre y la licencia. La soberanía del pueblo y la libertad de prensa son, pues, dos cosas enteramente correlativas; la censura y el sufragio universal son por el contrario dos cosas que se contradicen. En los Estados Unidos, cada periódico tiene individualmente poco poder; pero la prensa periódica es, a pesar de todo, el primer poder después del pueblo.”

La libertad de prensa no sólo deja sentir su poder sobre las opiniones políticas, sino también sobre todas las opiniones de los hombres. No modifica únicamente las leyes, sino a la vez las costumbres. En este momento sólo quiero examinar los efectos producidos por la libertad de prensa en el mundo político.

SI ESTABLECÉIS LA CENSURA, PARA EVITAR LOS MALES DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, ACABARÉIS BAJO LA BOTA DEL DESPOTISMO

Confieso que yo no siento por la libertad de prensa ese amor rotundo e instantáneo que se concede a las cosas soberanamente buenas por naturaleza. La amo por la consideración de los males que impide mucho más que por los bienes que aporta.

Si alguien me indicara, entre la independencia completa y la servidumbre total del pensamiento, una posición intermedia en la que mantenerse, quizá la adoptara; pero ¿quién es capaz de descubrir esa posición intermedia? Si en plena licencia de la prensa os movéis por el orden ¿qué hacéis? En primer lugar, someter a los escritores al veredicto de los jurados; pero éstos los absuelven, y lo que sólo era la opinión de un hombre aislado se convierte en opinión del país. Así pues, habéis hecho demasiado y demasiado poco; hay que seguir adelante.

Sometéis a los autores a magistrados permanentes; pero los jueces están obligados a oír antes de condenar; y lo que se habría temido declarar en el libro, se declara impunemente en el alegato; lo que se habría dicho oscuramente en un relato se encuentra repetido en mil otros. La expresión es la forma exterior, y si se me permite expresarlo así, el cuerpo del pensamiento, pero no el pensamiento mismo. Los tribunales aprehenden el cuerpo, pero el alma se les escapa, deslizándose sutilmente entre sus manos. Habéis hecho, pues, demasiado y demasiado poco; hay que continuar.

Acabáis sometiendo a los escritores a la censura. Muy bien; ya nos vamos acercando. Pero la tribuna política ¿acaso no es libre? Entonces todavía no habéis hecho nada; mejor dicho, habéis aumentado el mal. ¿Es que acaso tomaríais el pensamiento por una de esas fuerzas materiales que crecen a la par que el número de sus miembros? ¿Contaríais a los escritores como a los soldados de un ejército? Al revés de lo que ocurre con las fuerzas materiales, el poder del pensamiento aumenta a menudo con el pequeño número de quienes lo expresan.

La palabra de un hombre poderoso que penetra solitaria en medio de las pasiones de una asamblea silenciosa tiene más poder que los gritos confusos de mil oradores; y a poco que se pueda hablar libremente en un solo lugar público, es como si se hablara públicamente en cada pueblo. Tenéis, pues, que destruir, al mismo tiempo que la libertad de escribir, la libertad de hablar; henos ya llegados a puerto; todos se callan. Pero ¿dónde habéis llegado? Habéis partido de los abusos de la libertad, y os hallo bajo la bota de un déspota. […]

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Pensamientos que titilan en la noche oscura

Permalink 17.06.08 @ 18:13:15. Archivado en Tribuna libre

“Los pensamientos de todas las grandes personalidades, pasadas y presentes, no son algo sólo para ser guardado en bibliotecas. Son grandes potencialidades que pueden cambiar el curso de la historia. Son los verdaderos tesoros de los hombres, las verdaderas “minas del rey Salomón”, el verdadero “Grial”; son la “alquimia” que transformará, debidamente utilizada, cualquier metal en oro; o, lo que es lo mismo, son la sabiduría, que aplicada correctamente nos hará evolucionar de simples simios a hombres plenos. Es por esto que le digo que FD, nunca podrá ser apreciada por una inmensa mayoría, sino por una pequeña minoría, que busca los grandes y reales tesoros de humanidad, los verdaderos.”

Me alegra ver cómo el trabajo que usted está realizando con FD es reconocido por los universitarios granadinos; eso demuestra que son chicos inteligentes y que hay nivel en esa Universidad.

Puede estar seguro de que FD es útil, no sólo para estudiantes, sino para muchos seres humanos que, al igual que yo, se sienten prácticamente huérfanos en un mundo material y superficial que nos es ajeno y distante. Zambullirse en el interior de FD es como zambullirse en las aguas del mar en un día caluroso de verano, o como pasear por un gran bosque virgen y acogedor en una cálida tarde de primavera… y sentir todos sus “aromas”, percibir sus colores…¡y respirar su oxígeno!

Los pensamientos de todas las grandes personalidades, pasadas y presentes, no son algo sólo para ser guardado en bibliotecas. Son grandes potencialidades que pueden cambiar el curso de la historia. Son los verdaderos tesoros de los hombres, las verdaderas “minas del rey Salomón”, el verdadero “Grial”; son la “alquimia” que transformará, debidamente utilizada, cualquier metal en oro; o, lo que es lo mismo, son la sabiduría que, aplicada correctamente, nos hará evolucionar de simples simios a hombres plenos.

Por supuesto que siempre tiene que haber un alquimista o maestro que los desempolve, los seleccione y los muestre al mundo. Su papel de “alquimista”, a través de FD lo está realizando de manera magistral. Usted es un gran “alquimista” que muestra al mundo sus “tesoros de sabiduría”, para que no caigan en el olvido del tiempo, y sigan alimentando el alma humana.

Aunque desde muy joven, no sé por qué, entendí que lo importante no es lo material, sino lo espiritual, que la esencia es invisible al ojo humano, entendí que lo que anima todo lo existente en el universo es el Espíritu… Aún así, fue cuando murió mi padre que tuve la certeza absoluta de que lo importante son las personas, los seres y no las cosas. La muerte nos hace ver la vida desde su verdadera perspectiva, desde la real. Aunque muchas personas no alcanzarían a ver esta realidad ni en mil vidas o muertes que experimentaran.

Es por esto que le digo que FD nunca podrá ser apreciada por una inmensa mayoría, sino por una pequeña minoría que busca los grandes y reales tesoros de humanidad, los verdaderos.

Me viene a la mente un pequeño fragmento que posiblemente haya leído hace tiempo. Se lo dedico a usted junto a este fragmento musical de “La sinfonía de un nuevo mundo”, de Dvorak, que me encanta:

“Es como si me hablaras y yo te escucho.
Mis ojos te intuyen en la distancia, tan lejana y cercana…
Tus pensamientos forman figuras geométricas
que titilan en la noche oscura.
Evocan tiempos primigenios, cuando los ángeles
bailaban libres y alegres dibujando un proyecto de futuro,
moldeando universos con sus melodías siderales.
Es como si estuvieras cerca, amigo mío, aún en la distancia.”

El camino más excelente

Permalink 13.06.08 @ 11:00:09. Archivado en Rayos de luz

Voy a señalaros el camino más excelente.

Ya puedo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles, que si no tengo amor no paso de ser una campana ruidosa o unos platillos estridentes.

Ya puedo ser profeta y conocer todos los misterios y toda la ciencia; ya puedo tener una fe capaz de mover montañas, que si no tengo amor no soy nada.

Ya puedo dar en limosnas todo lo que tengo, ya puedo dejarme quemar vivo, que si no tengo amor de nada me sirve.

El amor es paciente, es servicial; el amor no es jactancioso, no es vanidoso, no es grosero ni egoísta, no se irrita, no es renocoroso; no simpatiza con la injusticia, simpatiza con la verdad. Disculpa siempre, se fía siempre, espera siempre, aguanta siempre.

El amor no falla nunca.

SAULO DE TARSO, 1ª Carta a los Corintios, capítulo 13 (extractado de varias versiones de la Biblia).

http://www.filosofiadigital.com

Jefferson, un hombre libre

Permalink 12.06.08 @ 18:04:24. Archivado en Mundo Libre

“Durante el período de la Ilustración Americana ningún líder fue tan elocuente, tan sabio, tan consciente de las implicaciones y las consecuencias de la sociedad libre como él. A Jefferson debemos acudir para lograr un contacto directo con las personalidades dominantes y los sucesos de aquellos días, y ver la más acabada expresión de un gobierno mediante el consentimiento, mediante la razón, mediante la ley, y mediante enérgicos y progresivos cambios. De haber elegido el liderazgo político, es lógico pensar que podía haberlo alcanzado. Sin embargo, hizo una elección que muestra al instante la clase de hombre que fue y prefirió ser siempre. Regresó a la Cámara de los Diputados de Virginia e inmediatamente se puso a trabajar en una reforma de las leyes del Estado, cuidadosamente planeada, que en realidad se orientaba a poner en práctica los “derechos inalienables” del hombre, encarnados por la Declaración de Independencia. Además de dirigir esta revolución social en Virginia, Jefferson halló tiempo para disfrutar la compañía de su esposa y sus hijos, para cultivar sus tierras y dirigir sus asuntos personales, para cabalgar, leer y escribir vigorosas cartas a sus muchos amigos y conocidos”.

Los escritos de Thomas Jefferson poseen hoy una significación mayor que nunca antes en la historia de América. Estas cartas y documentos son el archivo de los principios sociales que constituyen el corazón del “experimento” democrático americano. Quienes ansíen conocer el verdadero y sutil carácter del hombre, encontrarán en ellos otra y no despreciable recompensa.

Durante el período de la Ilustración Americana ningún líder fue tan elocuente, tan sabio, tan consciente de las implicaciones y las consecuencias de la sociedad libre como él. A Jefferson debemos acudir para lograr un contacto directo con las personalidades dominantes y los sucesos de aquellos días, y ver la más acabada expresión de un gobierno mediante el consentimiento, mediante la razón, mediante la ley, y mediante enérgicos y progresivos cambios.

SU SENTIDO DEL HUMOR, CORDIALIDAD E INTELIGENCIA LE GRANJEARON MUCHOS AMIGOS ÍNTIMOS

Thomas Jefferson nació el 13 de abril (2 de abril según el calendario juliano) de 1743 en Shadwell, la más importante de las plantaciones de tabaco que su padre, Peter Jefferson, poseía en el interior de Virginia. A pesar de no ser persona instruida, Peter Jefferson era un hombre vigoroso e inteligente. Se convirtió en agrimensor de éxito, próspero propietario de tierras y miembro de la Cámara de Representantes de Virginia por el condado de Albemarle. Su esposa, Jane Randolph, pertenecía a una de las más distinguidas familias de Virginia.

Peter Jefferson dejó a su hijo de catorce años no sólo valiosas tierras y propiedades -base y medida de la riqueza en Virginia durante aquél tiempo- sino también sensatos y afectuosos consejos. Como no había tenido una educación en regla, se aseguró de que su hijo recibiera una formación clásica completa. Años después, Thomas Jefferson se refirió a la influencia que tuvieron los moralistas, filósofos, poetas y dramaturgos clásicos sobre él. En 1800 pudo decir con franqueza: “Doy gracias de rodillas a quien dirigió mi primera educación, por haber puesto en mis manos esta rica fuente de deleites; y no la cambiaría por nada que pudiera haber adquirido entonces…”. Por muy científico y progresista que parezca volverse Jefferson, la sabiduría moral y política de Grecia y Roma continuarían proporcionado profundidad y sazón a su pensamiento. [...]

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La corrupción, el honor moral y los buenos principios políticos

Permalink 11.06.08 @ 21:10:02. Archivado en Mundo Libre

“Un hombre con honor moral y buenos principios políticos no puede someterse a la rutina mezquina y a los lamentables artilugios por los que se llevan a cabo las elecciones. Para ser un candidato con éxito debe carecer de todas las cualidades que adornan a un legislador justo, y al estar así disciplinado para la corrupción por el modo en que llega al Parlamento, no es de esperar que el representante sea mejor que el hombre. Entre sus miembros son pocos los que no participan de una forma u otra en la hacienda pública o pueden disponer de ella. Suelen ocupar cualquier puesto nominal e insignificante que lleva anejo un sueldo, pagado con cargo a las contribuciones públicas, y que evita la apariencia directa de la corrupción. Esas situaciones son derogaciones del carácter del hombre y, cuando alguien se somete a ellas, no puede residir en él honor alguno. Hablo con un idioma abierto y desinteresado, que no me ha dictado pasión alguna, salvo la de la humanidad. A mí no me extraña que la mezquindad y el engaño parezcan repugnantes. Hallo mi felicidad en la independencia, y contemplo las cosas como son, sin considerar el lugar ni la persona; mi patria es el mundo, y mi religión hacer el bien.”

Como una de las cámaras del Parlamento inglés está constituida en gran medida por las elecciones de ciertas corporaciones, y como es antinatural que de una fuente sucia mane un agua pura, sus vicios no son sino una continuación de los vicios de su origen.

LOS CANDIDATOS QUE, PARA TENER ÉXITO, SE SOMETEN A LA DISCIPLINA DE LA CORRUPCIÓN, CARECEN DE HONOR Y DE PRINCIPIOS

Un hombre con honor moral y buenos principios políticos no puede someterse a la rutina mezquina y a los lamentables artilugios por los que se llevan a cabo esas elecciones. Para ser un candidato con éxito debe carecer de todas las cualidades que adornan a un legislador justo, y al estar así disciplinado para la corrupción por el modo en que llega al Parlamento, no es de esperar que el representante sea mejor que el hombre.

El Sr. Burke, al hablar de la representación inglesa, ha lanzado el desafío más temerario que jamás se diera en la época de la caballería. “Nuestra representación”, dice, “se ha considerado perfectamente suficiente para todos los propósitos para los que se puede desear o idear una representación del pueblo. Desafío”, continúa, “a los enemigos de nuestra constitución a que demuestren lo contrario”. Esta declaración de un hombre que ha estado en permanente oposición a todas las mediadas del Parlamento durante toda su vida política, salvo un año o dos, es de lo más extraordinario, y al compararlo a él consigo mismo no permite más alternativa sino que ha actuado en contra de su propio juicio como miembro, o ha declarado en contra de él como autor.

Pero no es sólo en la representación donde residen los defectos, y por ello paso a continuación a ocuparme de la aristocracia. […]

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Siento, luego existo

Permalink 09.06.08 @ 15:54:43. Archivado en Conciencia vigilante

“Su multitud de escepticismos me impide dormir. Y para tranquilizar mi mente me vi en definitiva obligado a recurrir a mi calmante habitual: “Siento, luego existo”. Sobre la base de la sensación, de la materia y el movimiento, podemos erigir la trama de todas las certezas que podemos tener o necesitar. No sé exactamente en qué período de la iglesia cristiana se introdujo furtivamente esta herejía del inmaterialismo, o ateísmo enmascarado. Pero ciertamente es una herejía. Jesús no enseñó nada parecido. Rechazando todo órgano de información que no sean mis sentidos me libero de los pirronismos con los que la condescendencia con las especulaciones hiperfísicas y antifísicas tan inútilmente perturba e inquieta la mente. Estoy satisfecho, y suficientemente ocupado, con las cosas que existen, y no me atormento ni me preocupo por las que, ciertamente, quizá existan, pero de las cuales no tengo prueba alguna. Estoy seguro de que sé muchas, muchas cosas, y ninguna con más certeza que os aprecio de todo corazón”.

Pero basta de críticas; volvamos a vuestra sorprendente carta del 12 de mayo, sobre la materia, el espíritu, el movimiento, etc. Su multitud de escepticismos me impide dormir. La leí y la dejé; la leí y la dejé una y otra vez; y para tranquilizar mi mente me vi en definitiva obligado a recurrir a mi calmante habitual: “Siento, luego existo”.

Siento cuerpos que no son el mío: hay, por tanto, otras cosas que existen. Las llamo materia. Siento que cambian de lugar. Eso me da el movimiento. Donde la materia está ausente lo llamo vacío, o nada, o espacio inmaterial. Sobre la base de la sensación, de la materia y el movimiento, podemos erigir la trama de todas las certezas que podemos tener o necesitar.

Puedo concebir el pensamiento como la acción de una organización especial de la materia, formada para ese fin por su Creador, igual que la atracción es una acción de la materia, o el magnetismo de la piedra imán.

Cuando quien niega al Creador el poder de dotar a la materia del modo de acción llamado pensamiento demuestre cómo pudo Él dotar al sol del modo de acción llamado atracción, que embrida a los planetas en el curso de sus órbitas, o cómo la ausencia de materia puede tener voluntad, y con esa voluntad poner a la materia en movimiento, podrá legítimamente exigirse al materialista que explique el proceso por el que la materia ejerce la facultad de pensar. [...]

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Nuestra mala educación

Permalink 08.06.08 @ 11:26:26. Archivado en Conciencia vigilante

“Posiblemente no seamos conscientes, aún hoy en día, de que nuestra actual educación no crea hombres libres, sino esclavos y/o amos. España es un país mediocre, donde el servilismo o el despotismo es la única alternativa posible. Las personas que poseen inteligencia superior normalmente pasan desapercibidas, su mayor tesoro consiste en hacer felices a los que le rodean, en no amar el poder, en detestar la tiranía y a los tiranos. El verdadero inteligente no gusta de someter, ni de ser sometido. Creo que los verdaderos cambios sociales comienzan con los cambios en los sistemas educativos, manejados hasta ahora por los charlatanes. A los “amos” no se les escapa ningún detalle, no son inteligentes ni sabios, pero sí estudian al detalle la forma de manejar los hilos a la perfección para mantener su poltrona intacta.”

“¿Qué era nuestra antigua educación sino una lección continua de egoísmo y de estúpida vanidad? Despreciar y ser despreciado. Arrastrarse para dominar. Esclavos y tiranos, cada cual, por turno, unas veces de rodillas ante un amo, otras pisoteando?” Robespierre.

Yo haría esa misma pregunta pero en presente de indicativo: ¿Qué es nuestra actual educación?

Posiblemente no seamos conscientes, aún hoy en día, de que nuestra actual educación no crea hombres libres, sino esclavos y/o amos. España es un país mediocre, donde el servilismo o el despotismo es la única alternativa posible.

Soy persona de pocas palabras, no me gustan las reuniones sociales; no porque sea asocial, sino porque en ellas la inteligencia es sinónimo de charlatanería. Donde cada cual adopta su rol, bien eres amo, bien eres siervo. Nada hay en la actual sociedad, ni en sus reuniones sociales, que me arranque palabra alguna. Mi desidia y silencio es confundido con falta de elocuencia, ¡qué va!; simplemente, mi desidia y silencio es aburrimiento ante la ausencia de inteligencia envuelta en palabras vacías.

Ser inteligente no es ser un charlatán, no es hablar por los codos para no decir nada, nada más que lo políticamente correcto y/o lo soez. Ser inteligente no es sinónimo de ser un palabrero.

La verdadera inteligencia o sabiduría es algo que pocas personas poseen en realidad. Aquellas personas que la tienen no hacen ostentación de ella, simplemente cumplen con su trabajo, ya sean ingenieros, agricultores, comerciantes… Da igual la profesión o estudios que se posean. Las personas que poseen inteligencia superior normalmente pasan desapercibidas, su mayor tesoro consiste en hacer felices a los que le rodean, en no amar el poder, en detestar la tiranía y a los tiranos.

El verdadero inteligente no gusta de someter, ni ser sometido. Es un observador de la naturaleza en todas sus manifestaciones y respetuoso con la misma. Detesta cualquier tipo de relevancia o distinción por encima del resto. Sabe que no sabe nada y por lo tanto es sencillo y humilde.

Los charlatanes (verdaderos necios que aman el poder y el sometimiento), los clasificarán como “tontos”, intentarán manejarlos como hacen con el resto del mundo. Más pronto que tarde comprobarán que no son manejables, que no son corruptibles, que no se venden, que no se compran. Pronto los charlatanes empezarán a sentirse ante los inteligentes como lo que verdaderamente son: unos patanes.

A partir de ese mismo momento intentarán volver a la sociedad contra esa persona “tan desconcertante” para su parca inteligencia. Y ante ese desconcierto, que no es otra cosa que rabia por no poder someter al inteligente, intentarán anularle manejando los hilos que entretejen la actual sociedad.

Hilos, por cierto, que los necios manejan a la perfección. Hilos muy bien hilvanados hasta ahora a través de la educación que, como dice Robespierre, y aún en la actual sociedad española, sigue moldeando seres humanos para: “…Despreciar y ser despreciado. Arrastrarse para dominar. Esclavos y tiranos, cada cual, por turno, unas veces de rodillas ante un amo, otras pisoteando”.

Así que, personalmente, creo que los verdaderos cambios sociales comienzan con los cambios en los sistemas educativos, manejados hasta ahora por los charlatanes, para concebir sociedades compuestas de seres a los que someter o someterse, amos o esclavos. En resumen, la actual educación entreteje sociedades de mediocres y de esclavos. A los “amos” no se les escapa ningún detalle, no son inteligentes ni sabios, pero sí estudian al detalle la forma de manejar los hilos a la perfección para mantener su poltrona intacta.

Como dijo Robespierre: “¡Oh, la bella educación! ¡Sin embargo ahí está el motivo de que los grandes destinos del mundo estén paralizados!”

Mª DOLORES MARTÍNEZ, Filosofía Digital.

Limpia tu alma

Permalink 06.06.08 @ 16:05:09. Archivado en Conciencia vigilante


¡Si al cielo el pensamiento llegar puede,
quede, oh cielos, guardado en vuestro seno!
No vaya el pensamiento, en nuestras manos,
a ser fuerza y camino hacia el Infierno.
Temamos que la noche y las angustias
desoladoras de la mente fría
llenen de confusión y desconcierto
la morada que fue nuestra algún día.

Nada a tus espaldas dejes… Que no quede
fantasma alguno, sollozante y tétrico,
de una pena o un odio entre los muros.
Limpia tu alma, recógela muy dentro
de ti mismo, y por nada le consientas
que proyecte la sombra del pasado
sobre lo que a tus herederos legar quieras.

Presente siempre ten en tus tristezas
que el pesar tuyo lejos llegar puede;
que puede tu locura reflejarse
en el cerebro de otro; que a otra mente
puede esa angustia tuya dar tormento.
¡Que a nadie tu dolor contriste y duela!
Mucho más lejos de lo que pensamos
de nuestra angustia las saetas vuelan.

Nuestras vidas y lágrimas, como agua
van cayendo en la tierra. Dios a nadie
da cuartel; pero Dios al dolor nuestro
un remedio ha encontrado insuperable…
Aun si la Fe se esfuma y la Esperanza;
aun si el Amor se apaga entre la niebla…,
¡halló un remedio para que no sean
privados de su Dios los que Él destierra!

RUDYARD KIPLING, premio Nobel 1907. Canción del Rabí, recogida en El médico de la casa. Aguilar, 1956.

La religión política de la nación

Permalink 04.06.08 @ 17:43:12. Archivado en Mundo Libre

“El más fuerte bastión de cualquier gobierno puede quebrarse y destruirse; me refiero a la adhesión del pueblo. Cuando se permita a la parte corrompida de la población reunirse en grupos de cientos y miles, y quemar iglesias, arrasar y saquear almacenes, arrojar imprentas al río, disparar a los editores y colgar y quemar personas que les resulten odiosas a placer y con impunidad, este gobierno no podrá durar. Por tales cosas, los sentimientos de los mejores ciudadanos resultarán más o menos alienados respecto al gobierno, y así quedará sin amigos, o con muy pocos, y demasiado débiles para que su amistad sea eficaz. En tal momento y bajo tales circunstancias, hombres de suficiente talento y ambición no desaprovecharán la oportunidad de dar el golpe”.

Si la destrucción es nuestra suerte, nosotros mismos habremos de ser sus autores y quienes la llevemos a cabo. Como nación de hombres libres, viviremos en todas las épocas o moriremos por suicidio.

Espero ser suficientemente cauteloso, pero, si no lo soy, hay, incluso ahora, algo de mal augurio entre nosotros. Me refiero a la creciente falta de respeto por la ley que invade el país; a la pujante disposición a las pasiones salvajes y furiosas sustituyan al sobrio juicio de los tribunales, y las masas, peores que salvajes, a los ministros ejecutivos de la justicia.

UN GOBIERNO QUE TOLERA LA VIOLENCIA, PERDERÁ LA ADHESIÓN DEL PUEBLO.

Relatos de ultrajes cometidos por las masas forman las noticias de cada día en nuestra época. Sería tan tedioso como inútil recontar todos sus horrores. Los que han ocurrido en el Estado de Misisipí, y en Saint Louis, son tal vez los más peligrosos por su ejemplo y los más repulsivos para la humanidad. En el caso de Misisipí, comenzaron por colgar a los jugadores habituales. Así, se sucedieron los colgamientos, de los jugadores a los negros, de los negros a los ciudadanos blancos y de éstos a los forasteros; hasta que se vieron hombres muertos balanceándose literalmente de las ramas de los árboles en cada vereda del camino, y en número casi suficiente para rivalizar con el nativo musgo español del país, como colgaduras del bosque.

Fijaos luego en esa sobrecogedora escena en Saint Louis. Allí sólo se sacrificó a una víctima. Su historia es muy breve y tal vez sea la más trágica en su especie que haya sido presenciada en la vida real. Un hombre mulato, llamado McIntosh, fue apresado en la calle, arrastrado hasta los suburbios de la ciudad, encadenado a un árbol y quemado hasta la muerte; sólo una hora antes había sido un hombre libre que atendía su negocio, en paz con el mundo.

Pero tal vez estéis dispuestos a preguntar: “¿Qué tiene esto que ver con la perpetuación de nuestras instituciones políticas?” Respondo: tiene mucho que ver con ello. Sus consecuencias directas, relativamente hablando, no son sino un mal menor, y gran parte de su peligro consiste en la propensión de nuestro ánimo a considerar sus consecuencias directas como las únicas. Pero el ejemplo, en cada caso, era temible.

Cuando a los hombres se les mete hoy en la cabeza colgar a jugadores o quemar asesinos, deberían recordar que, en la confusión que acompaña por lo general a tales transacciones, resultará tan probable que cuelguen o quemen a alguien que no es un jugador ni a un asesino como a quien lo sea, y que, actuando según el ejemplo que dan, la masa de mañana cuelgue o queme equivocadamente a algunos de ellos. […]

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¿Libertad democrática o dictadura del proletariado?

Permalink 03.06.08 @ 18:24:33. Archivado en El arte de ser libre

“Una revolución democrática genuina persigue un cambio radical del sistema, no la destrucción violenta del orden. Y tiene entre otros cometidos primordiales, como dijo Jefferson, “inculcar a las minorías el deber de aquiescencia a la voluntad de la mayoría; y a las mayorías el respeto a los derechos de la minoría”. Que los reaccionarios y los revolucionarios españoles hicieran caso omiso de esta regla esencial del republicanismo, le costó al pueblo español una sangrienta y absurda guerra civil, así como la extinción hasta hoy de todo vestigio de democracia constitucional y representativa. No es el odio de clases, sino el amor a la libertad, la igualdad y la concordia lo que otorga grandeza a un pueblo y legitimidad moral a su lucha por la independencia de cualquier tipo de opresión. Toda revolución inspirada por el odio y el resentimiento podrá cambiar de tirano, pero jamás conseguirá erradicar la tiranía.”

Ya he advertido, más de una vez, de que el hecho de publicar un artículo en Filosofía Digital, no implica que esté de acuerdo con todo lo que dicen sus autores. En ocasiones, es sólo una idea o una frase lo que me interesa, pero, por supuesto, respeto el pensamiento íntegro del escritor, aunque discrepe. Mi verdadero pensamiento lo expreso a través de mis propios artículos, no de los ajenos.

No puedo compartir, por ejemplo, como dicen De Francisco y Raventós en éste, que si los pobres fueran minoría, aún así, democracia sería el gobierno de esa minoría. Democracia es, al menos así lo entiendo yo, el autogobierno del pueblo, que suele ser la mayoría natural en cualquier lugar del mundo, y generalmente pobre; pero allí donde todos los ciudadanos gozan de prosperidad real e igualdad efectiva de derechos, incluyendo el derecho de propiedad y a trabajar honradamente para ganarse la vida, democracia sigue siendo el gobierno de la mayoría, no de una minoría por paupérrima que sea.

Una revolución democrática genuina persigue el cambio del sistema, no la destrucción del orden social. Y tiene entre otros cometidos primordiales, como dijo Jefferson, “inculcar a las minorías el deber de aquiescencia a la voluntad de la mayoría; y a las mayorías el respeto a los derechos de la minoría”. Que los reaccionarios y los revolucionarios españoles hicieran caso omiso de esta regla esencial del republicanismo, le costó al pueblo español una sangrienta y absurda guerra civil, así como la extinción hasta hoy de todo vestigio de democracia constitucional y representativa.

No es el odio de clases, sino el amor a la libertad, la igualdad y la concordia lo que otorga grandeza a un pueblo y legitimidad moral a su lucha por la independencia de cualquier tipo de opresión. Toda revolución inspirada por el odio y el resentimiento podrá cambiar de tirano, pero jamás conseguirá erradicar la tiranía. [...]

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Republicanismo democrático o universalizar la libertad

Permalink 02.06.08 @ 19:43:12. Archivado en Mundo Libre

“Robespierre, uno de los más odiados políticos de todas las derechas habidas, cosa comprensible, y de los más olvidados de casi todas las izquierdas, cosa mucho menos justificable, decía: “La primera ley social es, pues, la que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios de existir”. Porque sin esos medios de existencia, no hay esperanza alguna de libertad real para esa muchedumbre de trabajadores sin propiedad, no hay esperanza alguna de democracia. Las libertades liberales sirven de poco a los millones de excluidos de esta sociedad del éxito, a los que buscan empleo sin encontrarlo, a los que se humillan por mantenerlo, a los no llegan a fin de mes o a los que –cada vez más- malviven (o mueren) en condiciones infrahumanas. Los derechos formales, desconectados de los recursos materiales, de las condiciones reales de existencia social, no garantizan la libertad de los muchos. Y el programa del minoritario republicanismo democrático se resume en lo siguiente: universalizar la libertad. Pero la libertad como no dominación, en la sociedad y en el Estado”.

Desde sus orígenes atenienses, la tradición histórica de la izquierda ha entendido por democracia el gobierno de los pobres, en el bien entendido que el pensamiento político antiguo consideraba “pobres” no a nuestros “sin techo”, a nuestros “pobres de solemnidad” que viven de la limosna ajena y la cristiana caridad, sino a los que no tienen propiedad o si la tienen es escasa, es decir, al trabajador asalariado, al que tiene que trabajar para vivir (precisamente porque carece de rentas de propiedad).

Esos “pobres”, en el mundo antiguo pero, más aún, en nuestro mundo actual, son mayoría y, precisamente por eso, por democracia siempre se ha entendido el gobierno de la mayoría. Esta afirmación no tolera la permuta de los factores. Puesto que los pobres son mayoría, la democracia es el gobierno de esta mayoría, pero si los pobres fueran minoría, la democracia seguiría siendo el gobierno de los pobres y, en ese caso, de la minoría.

LA DISTRIBUCIÓN DE LA PROPIEDAD ES EL CRITERIO QUE DEFINE LA NATURALEZA DEL RÉGIMEN POLÍTICO

Esta era la visión (desgraciadamente a veces olvidada) del gran Aristóteles en la obra maestra que es la Política: “Lo que diferencia la democracia y la oligarquía entre sí es la pobreza y la riqueza. Y necesariamente, cuando ejercen el poder en virtud de la riqueza, ya sean pocos o muchos, es una oligarquía, y cuando lo ejercen los pobres, es una democracia.” La distribución de la propiedad es pues el criterio que decide la naturaleza del régimen político. E insistimos: por democracia debe entenderse –y así se ha entendido hasta muy bien entrado el siglo XX- el gobierno de los excluidos de la propiedad, de la riqueza social productiva, de los medios de producción. […]

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