Vida, destino y progreso
25.05.08 @ 10:31:56. Archivado en Conciencia vigilante
“Sólo en el despertar de una nación consigue un gran número de hombres comprender que mucho más importante que la diversión es la inteligencia de lo que son la vida y el destino. Las razas nuevas comprenden de una manera instintiva que las revelaciones antiguas no bastan a explicarlo todo, y que toda vida es en sí misma revelación que empieza siendo milagro y entusiasmo y que se apaga en la medida en que se va transformando en lo que erróneamente hemos tomado por progreso. Yo creo que constituye en nosotros una ilusión creer que la educación, el suavizamiento del trato y el refinamiento de las leyes son capaces de crear nobleza y belleza; y que la vida avanza de un modo lento y constante hacia algo perfecto. El progreso es milagro; y es súbito, repentino, porque todo milagro es obra de una energía omnipotente; mientras que la naturaleza no posee en sí misma otro poder que el de morir y olvidar”.

Dionisio el Aeropagita escribió que “El ha establecido la frontera de las naciones de conformidad con Sus ángeles”. Son esos ángeles, cada uno de los cuales viene a ser el genio de una raza que ha de ir descubriéndose, los fundadores de las tradiciones intelectuales; y de la misma manera que los enamorados comprenden desde la primera manera que entre ellos se cruza lo que ha de ocurrirles, y tal y como poetas y músicos abarcan en el primer impulso de su inspiración toda su obra, también las razas profetizan en su despertar todo cuanto las generaciones que ha de prolongar sus tradiciones realizarán en detalle.
Sólo en ese despertar de una nación consigue un gran número de hombres comprender que mucho más importante que la diversión es la inteligencia de lo que son la vida y el destino -así ocurrió en la Grecia antigua, en la Inglaterra isabelina y en la Escandinavia contemporánea-.
En Londres, ciudad en la que se congregan todas las tradiciones para morir, el público muestra repugnancia a aquellas obras de las que se le dice que son literatura, porque las gentes no toleran la superioridad espiritual; pero en Atenas, ciudad en la que nacieron muchísimas tradiciones intelectuales, Eurípides consiguió en cierta ocasión cambiar la hostilidad en entusiasmo al preguntar a los espectadores si le correspondía a él darles lecciones o les correspondía a ellos dárselas a él.
Las razas nuevas comprenden de una manera instintiva -porque el porvenir les habla a gritos- que las revelaciones antiguas no bastan a explicarlo todo, y que toda vida es en sí misma revelación que empieza siendo milagro y entusiasmo y que se apaga en la medida en que se va transformando en lo que erróneamente hemos tomado por progreso.
Yo creo que constituye en nosotros una ilusión creer que la educación, el suavizamiento del trato y el refinamiento de las leyes -imágenes innumerables de una luz que decae- son capaces de crear nobleza y belleza; y que la vida avanza de un modo lento y constante hacia algo perfecto.
El progreso es milagro; y es súbito, repentino, porque todo milagro es obra de una energía omnipotente; mientras que la naturaleza no posee en sí misma otro poder que el de morir y olvidar. Si nos ponemos a estudiar nuestra propia mente, llegamos a comprender, como Blake lo comprendió, que “toda porción de tiempo inferior a un latido equivale a seis mil años, porque en ese período de tiempo queda hecha la obra del poeta; y porque en el tiempo del latido de una arteria arrancan y son concebidos todos los grandes acontecimientos que han de realizarse en el tiempo”.
Febrero, 1900.
WILLIAM BUTLER YEATS, Premio Nobel 1923. Ideas sobre el bien y el mal, Teatro completo y otras obras, Aguilar, 1956.
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Jesús Nava
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