Los fracasos de la inteligencia
20.05.08 @ 21:06:24. Archivado en Conciencia vigilante
“Si la inteligencia es nuestra salvación, la estupidez es nuestra gran amenaza. A mí me parece que hay que hacer una inversión de toda la historia, porque una parte de lo que consideramos glorioso es indecente. La inteligencia fracasa cuando es incapaz de ajustarse a la realidad, de comprender lo que pasa o lo que nos pasa, de solucionar los problemas afectivos o sociales o políticos; cuando se equivoca sistemáticamente, emprende metas disparatadas, o se empeña en usar medios ineficaces; cuando desaprovecha las ocasiones; cuando decide amargarse la vida; cuando se despeña por la crueldad o la violencia. No sólo fracasa la inteligencia individual, sino la inteligencia colectiva. Las sociedades pueden ser inteligentes y estúpidas según sus modos de vida, los valores aceptados, las instituciones o las metas que se propongan. El gran objetivo de la inteligencia es lo que llamamos felicidad y por ello todos sus fracasos tienen que ver con la desdicha.”

Siempre me ha interesado la estupidez, tal vez por una pasión erasmista que me acomete de vez en cuando. No escribiría un elogio de la estulticia, pero sí un tratado sobre ella. Si existe una teoría científica de la inteligencia, debería haber otra igualmente sobre la estupidez. Creo, incluso, que enseñarla como asignatura troncal en todos los niveles educativos produciría enormes beneficios sociales.
HAY QUE HACER UNA INVERSIÓN DE TODA LA HISTORIA, PORQUE UNA PARTE DE LO QUE CONSIDERAMOS GLORIOSO ES INDECENTE
El primero de ellos -me dejaré llevar de mi optimismo- vacunarnos contra la tontería, profilaxis de urgente necesidad, pues es un morbo del que todos podemos contagiarnos. Por cierto, un síntoma de estupidez es haber convertido la palabra “morbo” (enfermedad) en un elogio. Si la inteligencia es nuestra salvación, la estupidez es nuestra gran amenaza. Por ello merece ser investigada, como el sida.
La historia de la estupidez abarcaría gran parte de la historia humana. El empecinamiento de nuestra especie en tropezar no dos sino doscientas veces en la misma piedra da mucho que pensar. Con la tozudez de un iluminado, Nietzsche predicó la inversión de todos los valores, porque estaba convencido de que las morales nos habían dado sistemáticamente gato por liebre. A mí me parece que hay que hacer una inversión de toda la historia, porque una parte de lo que consideramos glorioso es indecente.[...]
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Comentarios:
Precisamente a la capacidad de la mente de entender las cosas, es decir, de verlas con claridad, se llama "razón o entendimiento". Decía Spinoza que "una razón clara es infalible". Por eso, en asuntos filosóficos, debemos reflexionar y meditar con paciencia hasta alcanzar esa claridad que es verdad. El pecado filosófico por excelencia es la precipitación del juicio, que deberíamos suspender -rara virtud, por cierto- aunque nos encante opinar incluso de aquello de lo que nada sabemos con certeza. Y como de un error se siguen infinitos, nuestra impaciencia acaba por arrastrarnos a un abismo de falsedades y prejuicios.
No obstante, la razón, como es obvio, también es práctica, o sea, razonable y sensata. Y como, mientras nos hacemos sabios, hemos de vivir, a falta de verdades nos conformamos con lo verosímil (que no es verdad, pero se le parece). El racionalista, en cambio, es como el asno de Buridán, que se muere de hambre entre dos haces iguales de heno porque no se decide a elegir, hasta ver absolutamente claro, cuál le conviene comer primero.
El instinto también tiene su inteligencia y la certeza moral, a falta de razón clara, nos puede servir muy bien de guía.
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Jesús Nava
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