La sociedad es una bendición, pero el gobierno es un verdugo
09.05.08 @ 18:33:19. Archivado en Mundo Libre
“La sociedad es obra de nuestras necesidades, y el gobierno de nuestra perversión; la primera promueve nuestra felicidad positivamente al unir nuestros afectos; el último negativamente, al refrenar nuestros vicios. Una favorece la cooperación; el otro crea distinciones. La primera es un patrón, el último un verdugo. La sociedad en cada estado es una bendición, pero el gobierno, incluso en su mejor estado, no es sino un mal necesario, y en su peor condición intolerable; porque, cuando sufrimos o somos expuestos por causa de un gobierno a las mismas miserias que podríamos esperar de un país sin gobierno, nuestra infelicidad se ve aumentada al considerar que nosotros mismos nos proveemos de los medios que nos hacen sufrir. El gobierno, como el vestido, es el ropaje de la pérdida de la inocencia. Si los impulsos de la conciencia fueran claros, uniformes e irresistiblemente establecidos, el hombre no necesitaría de legislador. Pero, no siendo éste el caso, encuentra necesario delegar una parte de su propiedad a fin de conseguir los medios para proteger el resto. Consecuentemente, siendo la seguridad el verdadero fin y objeto del gobierno, se sigue indudablemente que la forma de gobierno más idónea para nuestra seguridad, cualquiera que sea, de menor costo y mayor beneficio, es preferible a ninguna otra.”

Algunos escritores han confundido de tal manera la sociedad con el gobierno que han hecho escasa o ninguna distinción entre ambas, a pesar de que no sólo son diferentes, sino que tienen orígenes distintos.
LA SOCIEDAD ES UNA BENDICIÓN, PERO EL GOBIERNO, INCLUSO EN SU MEJOR ESTADO, NO ES SINO UN MAL NECESARIO
La sociedad es obra de nuestras necesidades, y el gobierno de nuestra perversión; la primera promueve nuestra felicidad positivamente al unir nuestros afectos; el último negativamente, al refrenar nuestros vicios. Una favorece la cooperación; el otro crea distinciones. La primera es un patrón, el último un verdugo.
La sociedad en cada estado es una bendición, pero el gobierno, incluso en su mejor estado, no es sino un mal necesario, y en su peor condición intolerable; porque, cuando sufrimos o somos expuestos por causa de un gobierno a las mismas miserias que podríamos esperar de un país sin gobierno, nuestra infelicidad se ve aumentada al considerar que nosotros mismos nos proveemos de los medios que nos hacen sufrir.
El gobierno, como el vestido, es el ropaje de la pérdida de la inocencia; los palacios de los reyes están construidos sobre las ruinas de las arquerías del paraíso. Si los impulsos de la conciencia fueran claros, uniformes e irresistiblemente establecidos, el hombre no necesitaría de legislador. Pero, no siendo éste el caso, encuentra necesario delegar una parte de su propiedad a fin de conseguir los medios para proteger el resto, y está inducido a hacerlo por la misma prudencia que en cualquier caso le aconseja elegir el menor de dos males. Consecuentemente, siendo la seguridad el verdadero fin y objeto del gobierno, se sigue indudablemente que la forma de gobierno más idónea para nuestra seguridad, cualquiera que sea, de menor costo y mayor beneficio, es preferible a ninguna otra. […]
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Jesús Nava
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