Luchamos malos contra malos
30.04.08 @ 11:10:34. Archivado en Conciencia vigilante
“¿Quieres traer a los turcos a Cristo? No hagamos ostentación de riquezas, ni de fuerza militar, ni de poder. Que no vean únicamente en nosotros un título, sino las cualidades propias de un cristiano: pureza de vida, afán por hacer el bien incluso a los enemigos, el sufrimiento impertérrito de todas las ofensas, el desprecio del dinero, el rechazo de la gloria, la humildad. Estas son las mejores armas para someter a los turcos. Escupimos contra los turcos y nos creemos con ello buenos cristianos cuando somos quizá ante Dios más abominables que los mismos turcos. Y si nuestro afán consiste en ampliar nuestros dominios, si ansiamos sus riquezas, ¿por qué encubrimos una empresa tan profana con el nombre de Cristo? Además, mientras nos enfrentamos a ellos con medios puramente humanos, ¿por qué exponemos a un peligro evidente toda aquella parte que nos queda del orbe? ¡Qué pequeño es el rincón del orbe que ha quedado en nuestro poder! ¡Qué enorme multitud de bárbaros provocamos, tan pocos como somos!”

La verdad es que a mí ni siquiera me parecen aceptables los frecuentes preparativos de guerra contra los turcos. Mal ciertamente van las cosas en la religión cristiana si su seguridad depende de tales ayudas. Tampoco es lógico que de estas iniciativas nazcan buenos cristianos. Lo que se gana con la espada se pierde a su vez por la espada.
SI PRESCINDIMOS DEL NOMBRE Y DE LA SEÑAL DE LA CRUZ, PELEAMOS TURCOS CONTRA TURCOS
¿Quieres traer a los turcos a Cristo? No hagamos ostentación de riquezas, ni de fuerza militar, ni de poder. Que no vean únicamente en nosotros un título, sino las cualidades propias de un cristiano: pureza de vida, afán por hacer el bien incluso a los enemigos, el sufrimiento impertérrito de todas las ofensas, el desprecio del dinero, el rechazo de la gloria, la humildad; que escuchen esa doctrina celeste congruente con este tipo de vida. Estas son las mejores armas para someter a los turcos.
Ahora luchamos muchas veces malos contra malos. Voy a decirlo de otra manera y ojalá sea con más atrevimiento que verdad: si prescindimos del nombre y de la señal de la cruz, peleamos turcos contra turcos. Si la religión se ha establecido con la fuerza de las armas, si se ha confirmado con la espada, si ha crecido a fuerza de guerras, defendámosla con las mismas ayudas. Pero si todo eso se ha llevado a cabo por otras vías, ¿por qué echamos mano a recursos paganos como si desconfiáramos de la ayuda de Cristo?
“Pero ¿por qué no voy a poder degollar -dicen- a quienes nos degüellan?” ¿Estimas indigno entonces que alguien sea peor que tú? ¿Por qué no robas al que te roba?, ¿por qué no insultas al que te insulta?, ¿por qué no odias al que te odia? ¿Te parece propio de cristianos despedazar a impíos ciertamente, según pensamos nosotros, pero en cualquier caso a hombres por cuya salvación murió Cristo; inmolar una víctima gratísima al diablo y deleitar por partida doble al enemigo, puesto que se mata a un hombre y quien mata es un cristiano? Muchos quieren parecer muy cristianos y mientras tanto se esfuerzan por hacer todo el daño que pueden a los turcos y aquel daño que no pueden hacer se lo desean a fuerza de maldiciones, a pesar de que por esa misma razón se puede descubrir a un cristiano insuficiente.
Así, algunos en su afán de parecer furiosamente ortodoxos denuestan con siniestras maldiciones a quienes llaman herejes, cuando ellos mismos son quizá más dignos de ese vocablo. Quien quiera parecer ortodoxo, debe esforzarse mediante sobrias razones porque quien yerra recupere el buen sentido. Escupimos contra los turcos y nos creemos con ello buenos cristianos cuando somos quizá ante Dios más abominables que los mismos turcos.
Si los antiguos predicadores del Evangelio hubieran tenido con nosotros la misma actitud que nosotros tenemos respecto a los turcos, ¿dónde estaríamos ahora nosotros, que somos cristianos gracias a su tolerancia? Acude en socorro de los turcos y si puedes hazlos, de impíos, buenos cristianos; si no puedes, ruega por ello. Entonces te reconoceré por cristiano. [...]
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Jesús Nava
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