El talante y las pasiones
28.04.08 @ 11:38:22. Archivado en Conciencia vigilante
“Esas acciones grandiosas y espléndidas que deslumbran, según los políticos, son efecto de grandes designios, pero por lo común tan sólo son efecto del talante y de las pasiones. Las pasiones contienen una injusticia y un interés propio que hace que sea peligroso seguirlas, y que convenga desconfiar de ellas, incluso cuando parecen muy razonables. El interés habla toda suerte de lenguas y representa toda suerte de personajes, incluso el del desinteresado. La sinceridad es una obertura de corazón. Se da en muy pocas personas, y la que solemos ver no es más que un disimulo sutil, destinado a atraer la confianza de los demás. Si existe un amor puro y exento de la mezcla de nuestras demás pasiones, es aquel que está escondido en el fondo del corazón, y que nosotros mismos ignoramos.”

Lo que tomamos por virtudes a menudo no es más que un compuesto de diversas acciones y diversos intereses que el azar o nuestro ingenio consiguen armonizar, y no es siempre el valor y la castidad lo que hace que los hombres sean valientes y que las mujeres sean castas.
El amor propio es el mayor de los aduladores.
La duración de nuestras pasiones depende tan poco de nosotros como la duración de nuestra vida.
Esas acciones grandiosas y espléndidas que deslumbran, según los políticos, son efecto de grandes designios, pero por lo común tan sólo son efecto del talante y de las pasiones. Así, la guerra de Augusto con Antonio, que se atribuye a la ambición de ambos por llegar a ser dueños del mundo, tal vez no fue más que una consecuencia de la envidia.
Las pasiones son los únicos oradores que siempre persuaden. Son como un arte de la naturaleza cuyas reglas son infalibles; y el hombre más romo, cuando le domina la pasión, persuade mejor que el más elocuente que carece de ella.
Las pasiones contienen una injusticia y un interés propio que hace que sea peligroso seguirlas, y que convenga desconfiar de ellas, incluso cuando parecen muy razonables.
Existe en el corazón humano una generación perpetua de pasiones, de tal manera que la ruina de una coincide casi siempre con el advenimiento de otra.
Las pasiones engendran a menudo otras que son sus contrarias: la avaricia produce a veces la prodigalidad, y la prodigalidad la avaricia; a menudo somos firmes por ser débiles, y audaces por cobardía.
Por mucho que nos esforcemos por cubrir las pasiones con apariencias de piedad y de honor, siempre se manifiestan a través de esos velos. [...]
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Jesús Nava
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