Cómo juzga el pueblo el carácter de los que aspiran a los cargos
23.04.08 @ 20:03:59. Archivado en Mundo Libre
“Los pueblos cometen muchos menos errores que los príncipes, tanto en lo que respecta a las falsas opiniones como en lo que toca a la corrupción. Puede ser que los pueblos sean engañados por la fama, la opinión y los actos de un hombre, estimándolo más de lo que merece; por eso, los buenos organizadores de las repúblicas han dispuesto las cosas de modo que, cuando se hayan de efectuar los nombramientos de los cargos más elevados de la ciudad, en los que sería muy peligroso colocar hombres que no estuvieran a la altura de su puesto, siempre que se vea que la voluntad popular se inclina a nombrar a un inepto, cualquier ciudadano pueda exponer públicamente en la asamblea los defectos de ese candidato, y esto no sólo le será lícito, sino que constituirá un motivo de gloria, pues así el pueblo podrá juzgar mejor, al ser más completo su conocimiento. Y el ciudadano que desee comenzar a obtener los favores del pueblo, debe ganarlos con algún hecho notable.”

Ya hemos hablado otras veces de cómo Tito Manlio, luego llamado Torcuato, salvó a Lucio Manlio, su padre, de una acusación que había formulado contra él Marco Pomponio, tribuno de la plebe. Y aunque el procedimiento empleado para salvarlo fue un tanto violento y extraordinario, sin embargo, esa piedad filial para con su padre resultó tan grata a la comunidad, que no sólo no fue castigado, sino que, a la hora de nombrar tribunos para las legiones, el segundo en resultar elegido fue Tito Manlio.
EL PUEBLO DISTRIBUYE LOS CARGOS MEJOR QUE UN PRÍNCIPE
Este suceso, en mi opinión, resulta útil para analizar el modo que tiene el pueblo de juzgar a los hombres en el reparto de cargos, y si es verdad, como dijimos en otra ocasión, que el pueblo los distribuye mejor que un príncipe.
Digo, pues, que el pueblo, al hacer el reparto, se guía por lo que la voz pública o la fama dicen de uno, cuando no lo conoce por sus obras notorias, o por la presunción o la opinión generalizada que se tiene de él.
Estas cosas pueden tener su origen en los padres, pues si éstos han sido ciudadanos valerosos y grandes hombres, se tiende a creer que sus hijos se les parecerán mientras que las obras no demuestren lo contrario.
Otra causa de este tipo de fama puede ser el comportamiento que demuestran aquellos de quienes se habla. A este respecto, los comportamientos más deseables son: buscar la compañía de varones graves, tener buenas costumbres y ser considerado prudente por todo el mundo.
Y como no puede haber mejor indicio de la naturaleza de un hombre que las compañías que frecuenta, el que acostumbra a tener compañías honestas conquista merecidamente su buen nombre, pues es imposible que no guarde alguna semejanza con ellas.
También puede conquistarse la fama pública por alguna acción excepcional y notable, aunque sea privada, en la que te hayas desenvuelto honorablemente. Y de estas tres cosas que otorgan reputación a un hombre en sus principios, ninguna la otorga mayor que esta última. [...]
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Jesús Nava
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