No soy nada, pero lo veo todo
16.04.08 @ 21:27:39. Archivado en Conciencia vigilante
“En pie sobre el suelo desnudo -la cabeza bañada por el aire alegre y alzada hacia el espacio infinito-, todo mezquino egoísmo se desvanece. Me convierto en un ojo transparente; no soy nada; lo veo todo; las corrientes del Ser Universal circulan a través de mí, soy parte y partícula de Dios. ¿Por qué no podemos disfrutar de una relación primigenia con el universo? ¿Por qué no podemos disponer de una poesía y una filosofía de la clarividencia y no de la tradición, y de una religión que nos llegue por revelación y no a través de la historia? El auténtico filósofo y el auténtico poeta son una misma persona; y la belleza, que es la verdad, y la verdad, que es belleza, el objetivo de ambos.”

En pie sobre el suelo desnudo -la cabeza bañada por el aire alegre y alzada hacia el espacio infinito-, todo mezquino egoísmo se desvanece. Me convierto en un ojo transparente; no soy nada; lo veo todo; las corrientes del Ser Universal circulan a través de mí, soy parte y partícula de Dios.
Las generaciones precedentes contemplaron a Dios y la naturaleza cara a cara. Nosotros, a través de sus ojos. ¿Por qué no podemos disfrutar también de una relación primigenia con el universo? ¿Por qué no podemos disponer de una poesía y una filosofía de la clarividencia y no de la tradición, y de una religión que nos llegue por revelación y no a través de la historia?
Las estrellas despiertan cierta reverencia, porque aunque están siempre presentes, son inaccesibles.
Para ser sinceros, pocos adultos son capaces de ver la naturaleza. La mayoría de las personas no ven el sol. O al menos tienen una visión muy superficial de él. El sol sólo ilumina los ojos del hombre, pero brilla en los ojos y en el corazón del niño.
El verdadero amante de la naturaleza es aquel cuyos sentidos interiores y exteriores están todavía verdaderamente ajustados unos a otros; aquel que ha retenido el espíritu de la infancia durante su madurez.
A la corrupción del hombre le sigue la corrupción del lenguaje.
Las palabras son órganos finitos de una mente infinita. No pueden cubrir las dimensiones de lo que verdaderamente existe. Lo fragmentan, lo dividen y lo empobrecen.
¡Cómo nos deifica la naturaleza con unos pocos elementos asequibles! Dadme salud y un día, y haré que el fasto de los emperadores resulte ridículo. El alba es mi Asiria; el ocaso y la salida de la luna mi Pafos, e inimaginables reinos de la tierra de las hadas; el mediodía será mi Inglaterra de los sentidos y el conocimiento; la noche será mi Alemania de filosofía mística y sueños.
Los axiomas de la física traducen las leyes de la ética. Por lo tanto, “el todo es mayor que sus partes”, “la reacción es igual a la acción”, ” el peso más pequeño puede levantar el más grande, la diferencia de peso se compensa por el tiempo” y otras proposiciones de este tipo tienen un sentido tanto físico como ético. Estas proposiciones tienen un sentido mucho más amplio y universal cuando se aplican a la vida humana que cuando se mantienen confinadas en su uso científico.
El auténtico filósofo y el auténtico poeta son una misma persona; y la belleza, que es la verdad, y la verdad, que es belleza, el objetivo de ambos.
El hombre sensual ajusta los pensamientos a las cosas; el poeta ajusta las cosas a los pensamientos. El primero aprecia la naturaleza por su arraigo y vivacidad; el otro por su fluidez, y estampa su ser en ella.
La belleza es la marca que que Dios coloca sobre la virtud.
No siento hacia la naturaleza hostilidad alguna, sino un amor de niño. Me expando y vivo en la calidez del día como el maíz y los melones.
Nada divino muere. Todo lo bueno se reproduce eternamente. La belleza de la naturaleza se recrea a sí misma en la mente, y no para una estéril contemplación, sino para una nueva gestación.
Cada partícula es un microcosmos, y ofrece fielmente la imagen del mundo.
El hombre más feliz es aquel que aprende de la naturaleza la lección de la devoción.
Acabarán percatándose de que hay en el estudiante mejores cualidades que la escrupulosidad y la infalibilidad; que una intuición es a menudo más fructífera que una afirmación irrefutable, y que un sueño pude permitirnos ahondar más en el secreto de la naturaleza que un centenar de concienzudos científicos.
La razón por la cual el mundo carece de de unidad y permanece fragmentado y disperso es que el propio ser humano está disgregado.
La incuestionable manifestación de la sabiduría es saber vislumbrar lo milagroso en lo cotidiano.
Lo que somos, solo eso podemos ver. Todo lo que poseía Adán, todo lo que César podía hacer, tú lo posees y lo puedes hacer. Adán consideró que su casa era el cielo y la tierra; César consideró la suya Roma; tal vez tú consideres la tuya una zapatería, un centenar de acres de tierra o una buhardilla de estudiante. Pero línea por línea, punto por punto, tu dominio es tan grande como el de ellos, aunque no ostente nombres solemnes. Construye, pues, tu mundo.
Pese a que no haya nadie conmigo, no soy un solitario mientras leo y escribo. Pero si alguien se siente solo, sugiérele que contemple las estrellas.
RALPH WALDO EMERSON, Pensamientos para el futuro. Ediciones Península, 2002. Traducción: Muricio Bach Juncadella, 2002.
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Jesús Nava
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