La libertad promete una nueva era a la raza humana
04.04.08 @ 18:10:36. Archivado en Mundo Libre
“La revolución de América realizó en la política lo que no era sino teoría en la mecánica. La libertad estaba perseguida en todo el globo, a la razón se la consideraba rebelión, y la esclavitud del temor había hecho que los hombres tuvieran miedo a pensar. La independencia de América, considerada meramente como separación de Inglaterra, hubiera sido cuestión de escasa importancia si no hubiera ido acompañada de una revolución en los principios y en la práctica de los gobiernos. Se irguió no sólo en su propia defensa, sino en la del mundo, y miró más allá de los beneficios que ella misma pudiera recibir. El gobierno fundado en una teoría moral, en un sistema de paz universal, en los invencibles y hereditarios Derechos del Hombre, no interesa a individuos determinados, sino a las naciones en su progreso, y promete una nueva era a la raza humana.”

Cabría aplicar a la razón y la libertad lo que dijo Arquímedes de las fuerzas mecánicas: “Dadme un punto de apoyo”, dijo, “y levantaré el mundo”.
LA LIBERTAD PERSEGUIDA ES CONSIDERADA REBELIÓN Y LA ESCLAVITUD DEL TEMOR PRODUCE EN LOS HOMBRES MIEDO A PENSAR
La revolución de América realizó en la política lo que no era sino teoría en la mecánica. Tan arraigados estaban los gobiernos del viejo mundo, y tan efectivamente se había establecido la tiranía y la antigüedad de la costumbre sobre la mente, que no podía hacerse un comienzo en Asia, África ni Europa para reformar la condición política del hombre. La libertad estaba perseguida en todo el globo, a la razón se la consideraba rebelión, y la esclavitud del temor había hecho que los hombres tuvieran miedo a pensar.
Pero tal es la irresistible naturaleza de la verdad que todo lo que pide, y lo único que necesita, es la libertad de aparecer. El sol no necesita de inscripción alguna para distinguirse de la noche, y bastó con que los gobiernos americanos empezaran a exhibirse al mundo para que el despotismo se sintiera sacudido y el hombre empezara a esperar el desagravio.
La independencia de América, considerada meramente como separación de Inglaterra, hubiera sido cuestión de escasa importancia si no hubiera ido acompañada de una revolución en los principios y en la práctica de los gobiernos. Se irguió no sólo en su propia defensa, sino en la del mundo, y miró más allá de los beneficios que ella misma pudiera recibir. Incluso el mercenario de Hesse, pese a estar contratado para combatir contra ella, puede vivir para bendecir su propia derrota, e Inglaterra, que condena la maldad de su gobierno, celebrar su propio aborto.
Al igual que América era el único lugar del mundo político donde podía comenzar el principio de la reforma universal, también era el mejor del mundo natural. Una concatenación de circunstancias conspiró no sólo para darle nacimiento, sino para añadir una gigantesca madurez a sus principios. El escenario que expone este país a los ojos de un espectador contiene algo que genera y alienta las grandes ideas. La naturaleza se le aparece en toda su magnitud. Los grandiosos objetos que contempla actúan sobre su mente ampliándola, y comparte la grandeza que contempla.
Quienes primero se asentaron en ella fueron emigrantes de diferentes naciones europeas, y que profesaban diversas religiones, que escapaban a las persecuciones gubernamentales del viejo mundo y se reunían en el nuevo no como enemigos, sino como hermanos. Los problemas que necesariamente acompañan al cultivo de tierras nuevas produjeron en ellos un estado de la sociedad que los países tanto tiempo hostigados por las peleas y las intrigas de los gobiernos habían olvidado cultivar. […]
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Jesús Nava
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