Los combatientes eternos
24.03.08 @ 18:42:32. Archivado en Conciencia vigilante
“Es el aislamiento moral, constante e invisible fardo para el espíritu, lo que más me oprime. Me gustaría que fuera posible unir mis manos a las de Mahatma Gandhi y abandonarme así a la corriente de aprobación popular. Pero no puedo ocultarme a mí mismo por más tiempo que nuestro concepto y nuestra búsqueda de la Verdad se oponen totalmente. En la actualidad, no estar de acuerdo con el Mahatma Gandhi y encontrar, no obstante, algún apoyo en la India, es imposible. (R. T.)” “Este es, sin duda, el destino de los que hablan al universo, de los que no se encierran en los límites estrechos de la pequeña patria. Se es demasiado grande para esto. Su simple presencia molesta a los habitantes del cercado. Nosotros, los hombres que estamos “por encima de los combates”, somos los mayores combatientes, los combatientes eternos. Nuestra batalla ignora el compromiso, la tregua o el tratado. No tiene otra victoria, ni otra paz a esperar, que la victoria y la paz interiores. Nuestro universo está en nosotros. Somos nosotros mismos quienes debemos descubrir las leyes de la divina Armonía. (R. R.)”
UNA GRAN SUBLEVACIÓN POLÍTICA HA DESPERTADO LOS ESPÍRITUS, PERO LAS ASPIRACIONES DEL PUEBLO SE HAN MEZCLADO CON MALAS PASIONES
Muy querido amigo:

Hace dos semanas recibí una carta de mi amigo Kalidas Nag, informándome de vuestro encuentro; su carta ha seguido a la de él y me ha causado gran placer. He hablado a menudo de usted a mis amigos, esperando que pudiera venir a ayudarnos en la tarea que acabamos de iniciar.
Nuestro país, como usted sabe, ha sido teatro de una gran sublevación política. Esto, sin ninguna duda, ha despertado los espíritus, pero ha llevado al pueblo a un callejón sin salida; insistiendo sin cesar en los males que nos han sido causados y despreciando las culturas extranjeras, las aspiraciones del pueblo se han mezclado con malas pasiones.
Lo que me hiere profundamente es que ese movimiento no ha conseguido inspirarse en una amplia visión de humanidad, sino que, al contrario, ha tratado deliberadamente de eclipsar esta visión en el espíritu de sus adversarios, con objeto de incitar la ardiente conciencia de la individualidad nacional.
A mi regreso a la India, he comprendido la extrema soledad de mi posición, y he experimentado el deseo de cooperar con hombres como usted, por quienes experimento una especie de parentesco espiritual. Esperaré el momento en que usted tenga la posibilidad de venir aquí y le ruego que no piense que la diferencia de lenguas puede ser un obstáculo insuperable para la comunión de nuestros corazones. […]
Su devoto amigo, R. T. [Carta a Romain Rolland. Santiniketan, 30 de mayo de 1922]
ESTAMOS AISLADOS EN NUESTRO PROPIO PAÍS, PERO LLEVAMOS EN NOSOTROS MISMOS A NUESTRO DIOS Y NUESTRA LIBRE CREACIÓN
Querido amigo:
Acabo de terminar un ensayo bastante largo sobre el Mahatma Gandhi, según los volúmenes de los artículos de Young India. Los haré publicar en la revista “Europa”, así como en varias otras revistas, alemanas y rusas. Sin compartir todas las ideas de Gandhi, que me parecen un tanto demasiado medievales (sobre todo, las de sus discípulos, como el profesor Kalelkar, cuyo “Evangelio de Swadeshdi” quisiera encerrar a la India dentro de las murallas de un claustro) he llegado a concebir, hacia la misma persona de Gandhi, por su gran corazón hirviendo de amor, un amor y una veneración infinitas.
En un capítulo de mi ensayo, me he permitido recordar, según los admirables artículos publicados por usted, la posición que usted adoptó ante Gandhi, y el noble debate de ideas que se cruzó entre ustedes. Los más altos ideales humanos concurren; diríase que se trata de la controversia entre un san Pablo y un Platón. Pero, al transportarse a la India, esos horizontes se han ampliado. Recubren toda la tierra y la humanidad entera toma parte en esta augusta “Disputa” (en el sentido sereno que a esta palabra da el fresco célebre de Rafael en los Stanze del Vaticano). En mi conclusión os muestro unidos en el sentimiento de la Belleza (e incluso de la necesidad fecunda), del sacrificio de sí mismo por el amor.
Espero le será agradable saber que su pensamiento es el que siento más próximo al mío, actualmente, en el mundo, y que el Alma de la India, tal como se expresa a través de su luminoso espíritu y del ardiente corazón de Gandhi, es, para mí, una patria más vasta, cuyos miembros se desligan de las cuerdas que les han inmovilizado, de la fanática Europa.
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Jesús Nava
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