El conflicto entre el espíritu creador y la realización de sus ideales
17.03.08 @ 21:26:37. Archivado en Conciencia vigilante
“Sin duda, el idealismo es un factor de desorden para toda forma de vida establecida y por tal razón las gentes manifiestan hacia él rigurosas sospechas. Hay en mi misma naturaleza una especie de guerra civil entre la personalidad del artista creador -a quien la soledad le es necesaria- y la del idealista que debe realizarse a través de obras de naturaleza compleja, que requieren una vasta colaboración con una gran número de hombres. Pienso que sería posible alcanzar un justo ritmo en el que las dos fuerzas antagonistas se armonizasen, y en el que mi obra, en el seno de la multitud, pudiera encontrarse ennoblecida por el soplo nacido de la soledad del espíritu creador. El poeta que hay en mí está herido, la atmósfera de las horas de ocio se oscurece. No quisiera que el final de mi vida se diluyera así en la atmósfera tenebrosa de un trabajo violento, en este mundo que sin cesar devora sus infinitas posibilidades de paz.”
Mi muy querido amigo:

Antes de partir para China -y el día se acerca- debo darle las gracias por el placer que me ha causado su última carta.
EL IDEALISMO ES UN FACTOR DE DESORDEN PARA TODA FORMA DE VIDA ESTABLECIDA Y SUSCITA ENTRE LAS GENTES RIGUROSAS SOSPECHAS
Pearson tenía un extraordinario don de simpatía, que prodigaba deliberadamente a todos los que, a causa de su oscuridad, no llamaban la atención de nadie. Eran como un tenebroso trasfondo sobre el cual su amor destacaba a plena luz. Tenía una conciencia muy fina del inmenso valor del individuo, independientemente de sus métodos o de sus costumbres personales; le afectaba mucho que alguien fuera discriminado o humillado por razones de rango social o por la tiranía de alguna organización.
Había llegado a tal punto que desconfiaba de toda organización cuyo ideal tenía un ámbito suficientemente amplio para trascender los límites de la persona concreta. De hecho, su espíritu se inquietó más tarde cuando Santiniketan sobrepasó su inicial vocación de simple establecimiento de enseñanza de la localidad vecina para esparcir, mediante múltiples esfuerzos, lo que yo llamo el gran mensaje de nuestro tiempo. Temía que nuestra atención descuidara a los niños que frecuentaban nuestra escuela, a cambio de la propagación de nuestras ideas y de la organización de nuestra comunidad.
Empecé a preocuparme por él, algún tiempo antes de su muerte, cuando me dí cuenta de que se dejaba ganar por la aprensión de ver un cierto ideal aventurero invadir el reino de sus atribuciones personales. Sin duda, el idealismo es un factor de desorden para toda forma de vida establecida y por tal razón las gentes manifiestan hacia él rigurosas sospechas.
Es algo parecido a la alegría que proporciona cualquier emoción, en la cual nuestro sentimiento personal del amor se nutre constantemente de nuevos estimulantes. Pearson lo descubrió cuando vino aquí por vez primera y cuando su sentido natural del afecto se desarrolló en medio de los niños de nuestra escuela y de los habitantes de los pueblos vecinos.
Más tarde, la idea de Vishva Bharati [Universidad creada por Tagore] sopló como una fuerte brisa, esparciendo los pétalos de las flores de nuestro Ashram [santuario en la selva], y exigiendo sus frutos. Pearson, hasta el fin de sus días, no se reconcilió jamás totalmente con Vishva-Bharati. Su inteligencia no tenía nada que objetar, pero su corazón sufría, pues el espíritu era, en él, parecido a la abeja que no se ocupa del fruto, sino simplemente de la flor.
ESPERO ARDIENTEMENTE ENNOBLECER MI OBRA, EN EL SENO DE LA MULTITUD, CON EL SOPLO NACIDO DE LA SOLEDAD DEL ESPÍRITU CREADOR
Comprendo este conflicto del espíritu, pues hay en mi misma naturaleza una especie de guerra civil entre la personalidad del artista creador -a quien la soledad le es necesaria- y la del idealista que debe realizarse a través de obras de naturaleza compleja, que requieren una vasta colaboración con una gran número de hombres. Así, el conflicto es, en mi caso, entre esas dos fuerzas opuestas de mi carácter, y no como en Pearson, entre mi temperamento propio y las circunstancias exteriores.
Como las dos fuerzas antagonistas son igualmente inherentes a mi naturaleza, no puedo liberarme impunemente de una de ellas para simplificar el problema de mi existencia. Pienso que sería posible alcanzar un justo ritmo en el que se armonizasen, y en el que mi obra, en el seno de la multitud, pudiera encontrarse ennoblecida por el soplo nacido de la soledad del espíritu creador.
Pero desgraciadamente, en este momento, los derechos de la organización se vuelven muy exigentes, y no sé cómo contenerlos en sus justos límites. El poeta que hay en mí está herido, la atmósfera de las horas de ocio se oscurece. No quisiera que el final de mi vida se diluyera así en la atmósfera tenebrosa de un trabajo violento, en este mundo que sin cesar devora sus infinitas posibilidades de paz.
Espero ardientemente poder salvarme a tiempo antes de morir; entretanto, me voy a China, no sé en calidad de qué. ¿Tal vez en calidad de poeta, tal vez como portador de buenos consejos y de sólido sentido común?
Afectuosamente, R. T.
RABINDRANAZ TAGORE, Carta a Romain Rolland, 28 de febrero de 1924. Correspondencia entre dos guerras, Ediciones de Nuevo Arte Thor, 1984. Traducción de Joaquín Bochaca.
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Jesús Nava
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