La única forma de tener un gobierno bueno y seguro

Permalink 09.03.08 @ 11:59:22. Archivado en Mundo Libre

“¿Qué ha destruido la libertad y los derechos del hombre en todos los gobiernos que han existido debajo del sol? La generalización y concentración de todos los cuidados y poderes. Creo sinceramente que si el Todopoderoso no ha decretado que el hombre no ha de ser jamás libre (y creer tal cosa es una blasfemia), el secreto residirá en hacerle depositario de los poderes que le conciernen, en la medida en que es competente para su ejercicio, y en delegar únicamente lo que escapa a su competencia, mediante un proceso sintético, a órdenes cada vez más altos de funcionarios, de forma que se confíen menos poderes cuanto más oligárquicos sean los fiduciarios”.

No, amigo mío, la forma de tener un gobierno bueno y seguro no es confiárselo todo a uno, sino dividirlo entre todos, atribuyendo a cada uno exactamente las funciones para las que es competente.

EL VERDADERO SISTEMA DE EQUILIBRIO Y CONTROL DEL GOBIERNO

Confíese al gobierno nacional la defensa de la nación, y sus relaciones exteriores y federales; a los gobiernos de los Estados los derechos civiles, las leyes, la policía y la administración de lo que en general concierne al Estado; a los condados los asuntos locales de los condados, y que cada distrito municipal gobierne sus intereses en sus propios límites.

Todo irá mejor dividiendo y subdividiendo estas repúblicas, desde la gran república nacional hasta sus últimas subordinadas, culminando en la propia administración de las tierras de cada uno y sometiendo a cada uno lo que pueda supervisar con sus propios ojos.

¿Qué ha destruido la libertad y los derechos del hombre en todos los gobiernos que han existido debajo del sol? La generalización y concentración de todos los cuidados y poderes en su órgano, ya fuera el de los autócratas de Rusia o los de Francia o el de los aristócratas de un senado veneciano.

Y creo sinceramente que si el Todopoderoso no ha decretado que el hombre no ha de ser jamás libre (y creer tal cosa es una blasfemia), el secreto residirá en hacerle depositario de los poderes que le conciernen, en la medida en que es competente para su ejercicio, y en delegar únicamente lo que escapa a su competencia, mediante un proceso sintético, a órdenes cada vez más altos de funcionarios, de forma que se confíen menos poderes cuanto más oligárquicos sean los fiduciarios.

Las repúblicas elementales de los distritos municipales, las repúblicas de los condados, las repúblicas de los Estados y la república de la Unión constituirían una graduación de autoridades, sustentada cada una en una ley como fundamento, poseedora cada una de su porción delegada de poderes, que constituiría a su vez un verdadero sistema de equilibrio y control del gobierno.

HAY PODER DEMOCRÁTICO ALLÍ DONDE CADA UNO PARTICIPA TODOS LOS DÍAS EN EL GOBIERNO DE SUS ASUNTOS

Allí donde cada uno participa en la dirección de la república de su distrito municipal, o de alguna de las más altas, y siente que participa en el gobierno de los asuntos, no simplemente en una elección, un día, sino todos los días, allí donde no exista un solo hombre en el Estado que no sea miembro de alguno de sus consejos, grandes o pequeños, ese hombre se dejará arrancar el corazón antes que permitir que un César o un Bonaparte le arrebate su poder.

¡Cuán poderosamente sentimos la energía de esta organización con ocasión del embargo! Sentí que los fundamentos del gobierno temblaban bajo mis pies sacudidos por los municipios de Nueva Inglaterra. No hubo un solo individuo en sus Estados que no pusiera su cuerpo en acción, con toda su inercia; y, aunque se sabía que todos los demás Estados eran partidarios de la medida, la organización de esta pequeña minoría egoísta le permitió contradecir a la Unión. ¿Qué hacían los condados del centro, el Sur y el Oeste, tan difíciles de administrar?

De convocarse una reunión del condado se habrían juntado los borrachos que merodean por los edificios administrativos y a su alrededor, pues por lo general las distancias eran demasiado grandes para que la gente buena e industriosa pudiera comparecer. La personalidad de los que de hecho hubieran comparecido habría dado la medida del peso que habrían tenido en la escala de la opinión pública.

Por consiguiente, igual que Catón terminaba todos sus discursos con las palabras “Carthago delenda est”, así termino yo cada opinión con el mandato “divídanse los condados en distritos municipales”. Establézcanse con un solo fin; no tardarán en demostrar para qué otros fines son los mejores instrumentos.

Dios os bendiga, y a todos nuestros gobernantes, y les conceda sabiduría, pues voluntad estoy seguro que no les falta, para fortalecernos contra la degeneración de nuestro gobierno y la concentración de todos sus poderes en manos de uno, de unos pocos, de los bien nacidos o de muchos.

THOMAS JEFFERSON, Carta a Joseph C. Cabell, su principal colaborador en la creación de la Universidad pública de Virginia. Monticello, a 2 de febrero de 1816. “Autobiografía y otros escritos”, Editorial Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia. [Publicado en Filosofía Digital y Mundo Libre Digital]


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