La revolución basada en los principios
07.03.08 @ 17:58:03. Archivado en La desobediencia civil
LA ACCIÓN BASADA EN LOS PRINCIPIOS DE JUSTICIA CAMBIA LAS COSAS Y LAS RELACIONES, Y ES ESENCIALMENTE REVOLUCIONARIA:

“La acción en base a los principios -la percepción y la práctica de lo que es justo- cambia las cosas y las relaciones; es esencialmente revolucionaria, y no casa plenamente con lo anterior. No sólo divide estados e iglesias; divide familias. ¡Sí! Divide al individuo separando en él lo diabólico de lo divino. Hay leyes injustas. ¿Nos contentaremos obedeciéndolas o trataremos de corregirlas y seguiremos obedeciendo hasta que lo consigamos o, más bien, las transgrediremos en seguida? No es asunto mío andar con peticiones al Gobernador o la Legislatura, como tampoco de ellos el de mandarme a mí; y si prestaren oídos sordos a mis reclamaciones ¿qué debería hacer yo entonces? Pero ante tal contingencia, el Estado no ha proporcionado consecuencia; es su propia Constitución la que está en falta.”
EL DERECHO A LA RESISTENCIA Y A LA REVOLUCIÓN CUANDO LA TIRANÍA Y LA INCAPACIDAD DEL GOBIERNO SON VISIBLES O INTOLERABLES:

“La gran masa de los hombres sirve al Estado, pues, así; no sólo como hombres principalmente, sino como máquinas. En la mayoría de los casos no existe ejercicio alguno libre, sea del propio juicio o del sentido moral, sino relegamiento al nivel del leño, de la tierra o de las piedras; y quizás puedan construirse algún día hombres que cumplan con igual perfección este cometido. Tales no merecen más respeto que un fantoche o que basura. Su valor raya con el de los caballos y los perros. Sin embargo, incluso se les reputa buenos ciudadanos. Todos los hombres reconocen el derecho a la revolución, es decir, el privilegio de rehusar adhesión al gobierno y de resistírsele cuando su tiranía o su incapacidad son visibles e intolerables. Pero casi todo el mundo dice que no éste el caso actual, aunque opinan que sí lo fue cuando la Revolución Americana. Pero cuando la opresión y el robo se organizan, yo digo: desprendámonos de esta máquina inmediatamente.”
PERO ¿QUÉ PUEDO HACER YO?

“¡Ay, si UN HOMBRE HONESTO en este Estado, dejando de guardar esclavos se retirare efectivamente de esta sociedad nacional de la que es consocio, y fuera por ello encerrado en la cárcel del condado, la esclavitud daría fin en América. Pues no importa cuán pequeño pueda parecer el comienzo: lo que se hace bien, bien hecho queda para siempre. Pero nos gusta más hablar de ello: esa, decimos, es nuestra misión. La Reforma cuenta con innumerables periódicos a su favor, pero no tiene un solo hombre. Si el recaudador de impuestos o cualquier otro funcionario público me pregunta, como así ha ocurrido ya, “pero ¿qué he de hacer yo?”, mi respuesta es: “Si en verdad deseas colaborar, renuncia al cargo”. Cuando el súbdito niegue su lealtad y el funcionario sus oficios, la revolución se habrá conseguido. Dad vuestro voto completo, no una simple tira de papel; comprometed toda vuestra influencia. Una minoría es impotente sólo cuando se aviene a los dictados de la mayoría; no es, entonces, siquiera minoría. Pero es irresistible cuando detiene el curso de los eventos oponiéndoles su peso. Si un millar de personas rehusaran satisfacer sus impuestos este año, la medida no sería ni sangrienta ni violenta. Y esa es, de hecho, la definición de revolución pacífica, si tal es posible.”
Entradillas de los tres artículos SOBRE LA DESOBEDIENCIA CIVIL, de Henry D. Thoreau, publicados en Mundo Libre Digital y Filosofía Digital.
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Jesús Nava
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