El callejón sin salida

Permalink 28.03.08 @ 12:06:08. Archivado en Rayos de luz

“Simplemente, ¡no puedo entenderlo! ¿Qué dios demente será la causa de esta desatinada orgía? Tal vez, después de todo, haya algo grande más allá de mis hileras de guijarros… Dentro de los confines de mis guijarros está la fea realidad. Y aquello que yo tomaba por algo grande, no es nada más que un sueño.”

He aquí nuestro callejón empedrado. Como si estuviera empeñado en alguna búsqueda, se vuelve ora hacia la derecha, ora hacia la izquierda. Pero, hacia donde sea que doble el callejón, siempre hay una casa enfrente.

Cada vez que mira fugazmente hacia arriba, no ve más que una franja de cielo, tan estrecha y retorcida como él mismo.

Un día, el callejón preguntó a la franja de cielo:

-Hermana, ¿en qué ciudad azul eres una senda?

A mediodía, apenas durante un instante, el callejón ve el sol y dice para sus adentros:

-Simplemente, ¡no puedo entenderlo!

La melancólica sombra de las nubes del monzón se hace más profunda entre las dos hileras de casas. Un torrente de lluvia se precipita a lo largo del empedrado, y los chaparrones de julio tamborilean, como tamborilea un encantador de serpientes para hacer danzar a sus sierpes. El suelo se pone resbaladizo, los paraguas se enmarañan; súbitamente, desde los canalones del tejado, el agua se derrama sobre los paraguas y sobresalta a todo el mundo.

-El tiempo era seco y todo andaba bien; ¿a qué viene este atropello sin sentido?- cuestiona azorado el callejón.

En la primavera, cuando el viento del Sur corre a lo largo de él, desaforadamente, haciendo volar papeles, lo convierte en un perfecto infierno.

Totalmente perplejo, el callejón se pregunta:

-¿Qué dios demente será la causa de esta desatinada orgía?

¡El callejón sabe que todos los desechos que día tras día se amontonan a lo largo de él -escamas de pescado, ceniza de las cocinas, restos de verduras, ratones muertos- son materia, real y sólida! Jamás se le ocurre preguntar por error:

-¿A qué viene todo esto?

Sin embargo, cuando el sol de otoño atraviesa oblicuamente el terrado, y se oye sonar la campana del templo, durante un momento el callejón piensa:

-Tal vez, después de todo, haya algo grande más allá de mis hileras de guijarros.

Entretanto las horas pasan; el reloj da las nueve. La criada vuelve a casa con las cosas que ha comprado para cocinar. El callejón se siente ahogado por el humo y los olores de la cocina. Los que tienen que acudir a sus despachos comienzan a afanarse. Entonces, una vez más, el callejón reflexiona:

-Dentro de los confines de mis guijarros está la fea realidad. Y aquello que yo tomaba por algo grande, no es nada más que un sueño.

RABINDRANAZ TAGORE, Lipika, 1921. Editorial Pomaire, 1981. Traducción de Marta I. Guastavino.

Los misteriosos efluvios de un alma impregnada de Dios

Permalink 27.03.08 @ 20:42:55. Archivado en Conciencia vigilante

“No olvide nunca el poder mágico de su nombre, y todo lo que representa para una élite de Europa. Sin duda, os conoce imperfectamente, mediante traducciones insuficientes (¿quién nos conoce verdaderamente, incluso entre los que están más en contacto con nosotros mismos?). Pero hay algo más importante que el efecto directo de las obras, y es su “olor”: esos misteriosos efluvios de un alma impregnada de Dios. Hay una multitud de poetas que son leídos y cuyo arte es admirado. Pero muy pocos irradian esa magia, que despierta y exalta las fuerzas de la Vida. Usted es uno de esos genios buenos. Ojalá pueda usted aún, durante mucho tiempo, ayudar y guiar a los libres peregrinos en el camino difícil de la justicia y de la verdad…, o, como decían los griegos, de lo bello y de lo bueno.”

Querido y gran amigo:

Continúa estando con nosotros. Aunque cada día de viaje le aleje, conservamos aquí el calor de su paso, la luz afectuosa de su mirada y su querida conversación. Le damos tiernamente las gracias por habernos concedido esas doce dellas jornadas. Ahora forman parte del más precioso tesoro de nuestra vida.

Hubiera querido mostrarle mejor nuestro afecto. No poderle hablar directamente en su lengua era una molestia. Por muy fiel y discretamente que la hermana Magdalena tradujera nuestras palabras, no podían tener la misma intimidad que en un tête-à-tête (frente a frente). Este problema de la necesidad de una lengua común domina todos nuestros esfuerzos de acercamiento universal.

Continúo hablando con usted, en silencio. Le sigo en su larga peregrinación en busca de espíritus fraternales. Los mejores son, a menudo, los más difíciles de alcanzar, los que quedan a un lado, silenciosos, concentrados. Su proyecto de regresar, otro año, y de fijar su residencia durante unos meses en un país es, creo yo, lo mejor para hacerlos confluir hacia usted.

No olvide nunca el poder mágico de su nombre, y todo lo que representa para una élite de Europa. Sin duda, os conoce imperfectamente, mediante traducciones insuficientes (¿quién nos conoce verdaderamente, incluso entre los que están más en contacto con nosotros mismos?). Pero Duhamel justamente me decía, hace algunos días, que hay algo más importante que el efecto directo de las obras, y es su “olor”: esos misteriosos efluvios de un alma impregnada de Dios.

Hay una multitud de poetas que son leídos y cuyo arte es admirado. Pero muy pocos irradian esa magia, que despierta y exalta las fuerzas de la Vida. Usted es uno de esos genios buenos. Ojalá pueda usted aún, durante mucho tiempo, ayudar y guiar a los libres peregrinos en el camino difícil de la justicia y de la verdad…, o, como decían los griegos, de lo bello y de lo bueno.

¡Cuídese! Tememos por su salud en el invierno americano. Le expresamos nuestra cordial amistad por todos los que le acompañan: a vuestro hijo, al señor y la señora Mahalonobis. Y a usted, nuestro profundo y agradecido afecto.

Vuestro, Romain Rolland.

Carta a Rabindranaz Tagore. Villeneuve, 8 de julio de 1926.

ROMAIN ROLLAND, Correspondencia entre dos guerras, Ediciones de Nuevo Arte Thor, 1984. Traducción de Joaquín Bochaca.

Los mejores están callados

Permalink 26.03.08 @ 09:26:33. Archivado en Conciencia vigilante

“No hay rectitud de ideas y de carácter que valga nada, que a la más ligera manifestación no sea combatida en los editoriales, ridiculizada y arrastrada por el fango por los héroes de la pluma, en nombre del amor a la patria y a otros ideales. Cuando contemplo la poesía y la espiritualidad de hoy no me asusta en absoluto su bajo nivel, porque sé: los mejores están callados. Intuyen que no tiene ningún valor intervenir escribiendo y chillando, o siquiera defender sus bienes. Siguen los acontecimientos con el interés que exige a diario su triste grandeza; pero la mayoría no tiene ya la ilusión que un poeta, de pronto politizado, vaya a mejorar esencialmente los asuntos públicos. La politización de los poetas no vale nada. Un poeta no ha de amar al público, sino a la humanidad (cuya parte mejor no lee sus obras, pero las necesita). Un poeta no debe convertirse en periodista o en hombre de partido por amor a la patria; ni debe mezclarse con los abastecedores de material de guerra por muy seductor que pueda ser comercialmente. Ni por él mismo ni por su pueblo está obligado a hacer cosas a las que nada le obliga.”

Cuando usted pide a un poeta que dé noticias de sí mismo, no espera de él un informe. Verdaderamente yo no tengo nada que informar. Mis líneas podrían venir de Sirio o de Berna o de alguna lejana isla perdida.

NO HAY RECTITUD DE IDEAS Y DE CARÁCTER QUE NO SEA COMBATIDA POR LOS HÉROES DE LA PLUMA EN NOMBRE DEL AMOR A LA PATRIA Y A OTROS IDEALES

En estas islas vivimos nosotros ahora, los poetas. No todo el mundo es capaz de hacer oír sus poemas y pensamientos entre cañones y partes de guerra.

A esto se añade la experiencia que casi toda persona decente ha hecho durante la guerra: no hay rectitud de ideas y de carácter que valga nada, que a la más ligera manifestación no sea combatida en los editoriales, ridiculizada y arrastrada por el fango por los héroes de la pluma, en nombre del amor a la patria y a otros ideales. Durante algún tiempo parecía que el odio era la fórmula prescrita, y el salvaje fanatismo el comportamiento actualmente prescrito; quien no era capaz de ambos estaba excluido.

Sé que las cosas ya no son así, y si recuerdo aquellos tiempos de inaudita falta de libertad de expresión y de pensamiento no es por razones sentimentales. Por el contrario, lo poco que entonces arrojaron sobre mi persona no sólo hace tiempo que ya no duele, sino que incluso fue saludable y dio frutos.

Entre ellos, que me deshabitué de la necesidad de hablar. Entre nosotros estaba en boga sobrestimar a los poetas, en el sentido de que se les pedía en todo tipo de ocasiones su apreciada opinión y se creía necesario leer de cuando en cuando sus estimables nombres en los periódicos. Hasta qué punto esta amabilidad correspondía por otra parte a un completo desconocimiento y desprecio de la poesia por parte de la mayoría de nuestros círculos cultos, lo sospechábamos todos un poco, pero ninguno quería admitirlo.

En vez de vivir en buhardillas, comer cortezas de pan y escupir sobre las cabezas de los burgueses, los poetas nos habíamos convertido en señores agradables que casi podían aparecer en sociedad y que formulaban frases ingeniosas sobre las cuestiones del día, algún chiste y alguna leve y graciosa ironía.

Si algo me hubiese podido inducir jamás a participar durante un solo instante en el ridículo y blasfemo sermoneo de los pedantes de biblioteca sobre la grandeza de los tiempos de guerra, sería este despertar, estos remordimientos, esta súbita escisión respecto al mundo de los pedantes, con los que en general me había entendido pasablemente.

Esto valía la pena, era vital y profunda experiencia: reconocer que no habíamos sabido dónde estábamos, que habíamos desempeñado un papel, que con toda inocencia nos habíamos puesto al servicio de una “cultura” que en el fondo nos resultaba despreciable y negrera. Por ejemplo, nos dejamos decir por críticos y redactores lo importante que era nuestra misión de predicar al mundo de los lectores la naturaleza, y al hacerlo apenas notábamos que no sólo éramos engañados, sino que también estábamos a punto de engañar.

En suma, también en nosotros se notaba la “paz podrida”. Pero ahora todo eso está destruido. Cuando contemplo la poesía y la espiritualidad de hoy no me asusta en absoluto su bajo nivel, porque sé: los mejores están callados. Viven en islas perdidas, separados de las masas y del tono del día por las distancias de siglos de desarrollo. Intuyen que no tiene ningún valor intervenir escribiendo y chillando o siquiera defender sus bienes. Siguen los acontecimientos con el interés que exige a diario su triste grandeza; pero la mayoría no tiene ya la ilusión que un poeta, de pronto politizado, vaya a mejorar esencialmente los asuntos públicos.

La politización de los poetas no vale nada. Al contrario, estamos más ávidos que nunca de islas lejanísimas de Robinson, donde florezcan nuestros sueños y pueda desplegarse nuestro amor a los hombres en vez de ser maltratado, en vez de trabajar a medias en otros terrenos, en vez de digerir para el querido lector las experiencias del día vividas. No interesa el querido lector. No interesan los poetas como charlistas amablemente tolerados o como figuras paternales que aleccionan noblemente: son una invención del público.

UN POETA NO HA DE AMAR AL PÚBLICO, SINO A LA HUMANIDAD, Y NO PUEDE CONVERTIRSE EN PERIODISTA U HOMBRE DE PARTIDO

Un poeta no ha de amar al público, sino a la humanidad (cuya parte mejor no lee sus obras, pero las necesita). Un poeta no debe convertirse en periodista o en hombre de partido por amor a la patria; ni debe mezclarse con los abastecedores de material de guerra por muy seductor que pueda ser comercialmente. El poeta debe vivir su época, no intentar explotarla sin haberla vivido aún; ni por él mismo ni por su pueblo está obligado a hacer cosas a las que nada le obliga.

Mientras fuera se suceden las ofensivas, en los países neutrales se celebra un certamen implacable, pero pacífico, cuya meta consiste en ganar simpatías y demostrar la superioridad de la patria. Orquestas y compañías de teatro, directoras de orquesta y actores alemanes y franceses, ballets rusos, exposiciones de pintura y de artesanía son utilizados para impresionar al extranjero.

Si la música alemana que dirige Strauss y los textos que monta Reinhardt en el extranjero no se encontraran muy por encima del nivel de la guerra y de la época, podrían volverse a casa, cubiertos de ridículo. Las cosas buenas que podemos mostrar en el arte y la poesía no han nacido de una capacidad de adaptación barata, ni de un feliz sentido de la oportunidad, sino del carácter y de la necesidad, en su mayor parte en la resistencia y la guerra contra el presente y sus exigencias niveladoras.

Ustedes quizá me escuchen asombrados y por fin pregunten: “Bueno, muy bien, pero ¿por qué decir todo eso? ¿Para qué escribir un artículo literario? ¿Por qué no callar?”

Tienen ustedes razón. Sin embargo, estamos en guerra, y si hoy emprendo alguna cosa pública, siempre estará relacionada con la guerra. Si como poeta rechazo someterme a las exigencias de una época con escasos vuelos intelectuales, puedo a pesar de todo hacer mi trabajo como persona, como número y como soldado. Y este trabajo me importa mucho, no sólo porque es patriótico, sino porque es necesario y vital.

Así como un predicador ambulante, en cada ocasión que reúne gente a su alrededor, repite sus sermones y pasa su hucha, así tengo yo que recordar, en cada ocasión que se me ofrece, el trabajo que me ha impuesto la guerra. Es un trabajo muy pequeño, como la última rama en un gran árbol. Pero es necesario, hace bien y ayuda a salvar hombres.

¡Ayudadnos en esta tarea! Dadnos dinero, dadnos buenos libros… Día a día nos llegan deseos acuciantes de prisioneros, a los que no podemos hacer frente con nuestros medios… Muchos han colaborado y a muchos les estamos agradecidos. También a aquel que sólo mete un par de buenos libros en un paquete y nos lo manda. Pero tienen que colaborar aún más, la necesidad crece…

Y si este ruego logra atraer nueva participación activa, mi saludo desde Berna no habrá sido escrito en vano. El poeta movilizado para el servicio de prisioneros intenta movilizar en la patri nuevos corazones, nuevas bolsas de dinero para sus protegidos. Y así el poeta ha vuelto a establecer una relación intachable con la opinión pública.

HERMANN HESSE, Saludos desde Berna, 1917. Biblioteca Hesse, Alianza Editorial, 2004. Traductor: Anton Dietrich.

Los combatientes eternos

Permalink 24.03.08 @ 18:42:32. Archivado en Conciencia vigilante

“Es el aislamiento moral, constante e invisible fardo para el espíritu, lo que más me oprime. Me gustaría que fuera posible unir mis manos a las de Mahatma Gandhi y abandonarme así a la corriente de aprobación popular. Pero no puedo ocultarme a mí mismo por más tiempo que nuestro concepto y nuestra búsqueda de la Verdad se oponen totalmente. En la actualidad, no estar de acuerdo con el Mahatma Gandhi y encontrar, no obstante, algún apoyo en la India, es imposible. (R. T.)” “Este es, sin duda, el destino de los que hablan al universo, de los que no se encierran en los límites estrechos de la pequeña patria. Se es demasiado grande para esto. Su simple presencia molesta a los habitantes del cercado. Nosotros, los hombres que estamos “por encima de los combates”, somos los mayores combatientes, los combatientes eternos. Nuestra batalla ignora el compromiso, la tregua o el tratado. No tiene otra victoria, ni otra paz a esperar, que la victoria y la paz interiores. Nuestro universo está en nosotros. Somos nosotros mismos quienes debemos descubrir las leyes de la divina Armonía. (R. R.)”

UNA GRAN SUBLEVACIÓN POLÍTICA HA DESPERTADO LOS ESPÍRITUS, PERO LAS ASPIRACIONES DEL PUEBLO SE HAN MEZCLADO CON MALAS PASIONES

Muy querido amigo:

Hace dos semanas recibí una carta de mi amigo Kalidas Nag, informándome de vuestro encuentro; su carta ha seguido a la de él y me ha causado gran placer. He hablado a menudo de usted a mis amigos, esperando que pudiera venir a ayudarnos en la tarea que acabamos de iniciar.

Nuestro país, como usted sabe, ha sido teatro de una gran sublevación política. Esto, sin ninguna duda, ha despertado los espíritus, pero ha llevado al pueblo a un callejón sin salida; insistiendo sin cesar en los males que nos han sido causados y despreciando las culturas extranjeras, las aspiraciones del pueblo se han mezclado con malas pasiones.

Lo que me hiere profundamente es que ese movimiento no ha conseguido inspirarse en una amplia visión de humanidad, sino que, al contrario, ha tratado deliberadamente de eclipsar esta visión en el espíritu de sus adversarios, con objeto de incitar la ardiente conciencia de la individualidad nacional.

A mi regreso a la India, he comprendido la extrema soledad de mi posición, y he experimentado el deseo de cooperar con hombres como usted, por quienes experimento una especie de parentesco espiritual. Esperaré el momento en que usted tenga la posibilidad de venir aquí y le ruego que no piense que la diferencia de lenguas puede ser un obstáculo insuperable para la comunión de nuestros corazones. […]

Su devoto amigo, R. T. [Carta a Romain Rolland. Santiniketan, 30 de mayo de 1922]

ESTAMOS AISLADOS EN NUESTRO PROPIO PAÍS, PERO LLEVAMOS EN NOSOTROS MISMOS A NUESTRO DIOS Y NUESTRA LIBRE CREACIÓN

Querido amigo:

Acabo de terminar un ensayo bastante largo sobre el Mahatma Gandhi, según los volúmenes de los artículos de Young India. Los haré publicar en la revista “Europa”, así como en varias otras revistas, alemanas y rusas. Sin compartir todas las ideas de Gandhi, que me parecen un tanto demasiado medievales (sobre todo, las de sus discípulos, como el profesor Kalelkar, cuyo “Evangelio de Swadeshdi” quisiera encerrar a la India dentro de las murallas de un claustro) he llegado a concebir, hacia la misma persona de Gandhi, por su gran corazón hirviendo de amor, un amor y una veneración infinitas.

En un capítulo de mi ensayo, me he permitido recordar, según los admirables artículos publicados por usted, la posición que usted adoptó ante Gandhi, y el noble debate de ideas que se cruzó entre ustedes. Los más altos ideales humanos concurren; diríase que se trata de la controversia entre un san Pablo y un Platón. Pero, al transportarse a la India, esos horizontes se han ampliado. Recubren toda la tierra y la humanidad entera toma parte en esta augusta “Disputa” (en el sentido sereno que a esta palabra da el fresco célebre de Rafael en los Stanze del Vaticano). En mi conclusión os muestro unidos en el sentimiento de la Belleza (e incluso de la necesidad fecunda), del sacrificio de sí mismo por el amor.

Espero le será agradable saber que su pensamiento es el que siento más próximo al mío, actualmente, en el mundo, y que el Alma de la India, tal como se expresa a través de su luminoso espíritu y del ardiente corazón de Gandhi, es, para mí, una patria más vasta, cuyos miembros se desligan de las cuerdas que les han inmovilizado, de la fanática Europa.

TEXTOS COMPLETOS EN FILOSOFÍA DIGITAL

Europa debe cambiar no sólo de sistema, sino también de espíritu

Permalink 23.03.08 @ 14:16:51. Archivado en Conciencia vigilante

“El parasitismo, se base sobre la fuerza o sobre la debilidad, engendra el envilecimiento. Nosotros que, con nuestro ciego orgullo de casta, hemos privado al hombre de los derechos y del respeto que le son debidos, sufrimos ahora el castigo, y en vez de una viva corriente espiritual a través de nuestra sociedad, no hemos conservado más que el árido lecho de arena de costumbres superadas. Y parece que se acerca el tiempo en que el alma de la civilización europea también quedará seca por ese afán del beneficio que aumenta sin cesar en sus comerciantes y sus políticos…, a menos que Europa tenga la sabiduría y la fuerza de cambiar no sólo de sistema, sino sobre todo de espíritu. A ese respecto, debe usted saber que en el Asia actual las cosas del espíritu y todos los medios de expresión están desorganizados. Nuestros espíritus están desunidos, nuestros pensamientos dispersos. Los compatriotas que pueden hablar no se ocupan más que de una política de mendicidad y de periodismo mezquino. La estrechez de sus perspectivas tiende a minimizar la mayor parte de nuestros esfuerzos y a ocuparse de nuestros objetivos demasiado inmediatos. Tenemos una gran necesidad de una llamada exterior que nos haga tomar conciencia de nuestra misión.”

Querido Romain Rolland:

Esperaba poder volver a Europa y encontrarle, pero la atmósfera es turbulenta, y toda clase de sufrimientos se han acumulado sobre nuestro país, por lo que me es difícil abandonarlo justamente ahora.

EL PARASITISMO, SE BASE SOBRE LA FUERZA O SOBRE LA DEBILIDAD, ENGENDRA EL ENVILECIMIENTO

Me aflige pensar que es difícil encontrar, un lugar del vasto continente asiático donde los hombres hayan llegado a experimentar una verdadera amistad por Europa. El gran acontecimiento que fue el encuentro de Oriente y Occidente ha sido viciado por el desprecio del uno y, en respuesta, el odio del otro.

La razón es que fue un sentimiento de lucro lo que atrajo a los europeos hacia Asia, ya que se mantienen aquí por la amenaza de la coacción física. Esto impide que las relaciones entre nosotros lleguen a ser verdaderamente humanas convirtiéndolas en degradantes para unos y otros.

El parasitismo, se base sobre la fuerza o sobre la debilidad, engendra el envilecimiento. Nosotros que, con nuestro ciego orgullo de casta, hemos privado al hombre de los derechos y del respeto que le son debidos, sufrimos ahora el castigo, y en vez de una viva corriente espiritual a través de nuestra sociedad, no hemos conservado más que el árido lecho de arena de costumbres superadas.

Y parece que se acerca el tiempo en que el alma de la civilización europea también quedará seca por ese afán del beneficio que aumenta sin cesar en sus comerciantes y sus políticos…, a menos que Europa tenga la sabiduría y la fuerza de cambiar no sólo de sistema, sino sobre todo de espíritu.

LOS COMPATRIOTAS QUE PUEDEN HABLAR NO SE OCUPAN MÁS QUE DE UNA POLÍTICA DE MENDICIDAD Y DE PERIODISMO MEZQUINO

Su proyecto de una revista de Asia y Europa, en la cual escritores de Oriente y Occidente podrían intercambiar sus tesoros de pensamiento, de arte, de ciencia y de fe, me seduce mucho. Estoy seguro de que despertará el interés de los espíritus cultivados de nuestra parte del mundo.

A ese respecto, debe usted saber que en el Asia actual las cosas del espíritu y todos los medios de expresión están desorganizados. Nuestros espíritus están desunidos, nuestros pensamientos dispersos. Los compatriotas que pueden hablar no se ocupan más que de una política de mendicidad y de periodismo mezquino.

La gran pobreza que dificulta nuestra existencia y la estrechez de sus perspectivas tiende a minimizar la mayor parte de nuestros esfuerzos y a ocuparse de nuestros objetivos demasiado inmediatos. Tenemos una gran necesidad de una llamada exterior que nos haga tomar conciencia de nuestra misión.

Hasta ahora la altanera Europa no ha buscado más que nuestros homenajes y no ha obtenido de los hombres más que lo más insignificante y lo peor. Pero si vuestra revista viene de Europa para apelar a nuestros mejores pensamientos, podemos espera que encuentre buena acogida.

Vuestro, Rabindranaz Tagore.

RABINDRANAZ TAGORE, Carta a Romain Rolland. Bengala, India, 14 de octubre de 1919. Correspondencia entre dos guerras, Ediciones de Nuevo Arte Thor, 1984. Traducción de Joaquín Bochaca.

Los delincuentes estatales y los que juegan a bandidos los domingos

Permalink 21.03.08 @ 18:56:09. Archivado en Conciencia vigilante

“Se ha hecho costumbre en Alemania que los muchachos, que aún no se han convertido en hombres, que ni siquiera saben leer aún, se pongan una chaqueta y una gorra, se declaren miembros de un partido, y en seguida participen de la vida pública. Gritan y tiran abajo su patria, hacen de sí mismos y de su pueblo objeto de burla del mundo. Cada uno de ellos es un delincuente estatal, pues ha eludido y traicionado el deber de ser alguien, de aprender algo, de convertirse en hombre y aprender a pensar de forma independiente, para correr prematuramente y con altanería tras cometidos que no le incumben. Por su parte, los otros alemanes podrían ayudar a su pueblo si aspirasen en su trabajo y en su ideología a una mayor corrección y responsabilidad en lugar de matarse a golpes entre sí y jugar a los bandidos los domingos. Ya es suficiente, la cosa es muy sencilla. No es menester que sigamos chapuceando a cualquier precio y tratando de componer la falaz república. Nosotros, los pocos individuos pensantes, tenemos una misión harto clara: la de no participar en el engaño y combatirlo, abogar por la sinceridad y la verdad, y por lo pronto boicotear tranquilamente la política.”

Es usted un joven que se pregunta por sus deberes y si le asiste el derecho de preocuparse por su propia persona en lugar de hacerlo por el bien común y la patria. En contraposición a todas las tendencias actuales puedo contestar a su pregunta con harta exactitud:

EL DEBER ESENCIAL DE LOS JÓVENES ES DESARROLLAR UN CARÁCTER Y APRENDER A PENSAR DE FORMA INDEPENDIENTE, NO HACERSE MIEMBRO DE UN PARTIDO

Su deber es convertirse en una persona, en un individuo tan útil, bueno y seguro de sus aptitudes como sea posible. Su deber es desarrollar una personalidad y un carácter, nada más. Cuando lo haya logrado en la medida de sus posibilidades y lo que le está señalado, vendrán por sí solos los cometidos en cuyo cumplimiento podrá aquilatarse, a los cuales podrá dedicar todos sus afanes.

En la actualidad, se ha hecho costumbre en Alemania que los muchachos, que aún no se han convertido en hombres, que ni siquiera saben leer aún, se pongan una chaqueta y una gorra, se declaren miembros de un partido, y en seguida participen de la vida pública. Gritan y tiran abajo su patria, hacen de sí mismos y de su pueblo objeto de burla del mundo. Cada uno de ellos es un delincuente estatal, pues ha eludido y traicionado el deber de ser alguien, de aprender algo, de convertirse en hombre y aprender a pensar de forma independiente, para correr prematuramente y con altanería tras cometidos que no le incumben.

La Alemania de 1950 será conducida por el puñado de hombres que hoy son aún adolescentes, que no participan en este fraude, sino que están desarrollando su personalidad calladamente.

Ya he dicho demasiado. Medite sobre estas cosas. Pero no se le ocurra iniciar un intercambio epistolar. Yo no podría mantenerlo, ni decirle más de lo que hoy le digo.

[Carta a un adolescente, 1932]

LA COSA ES MUY SENCILLA: DEBEMOS DEJARNOS DE COMPONENDAS CHAPUCERAS CON EL FALAZ SISTEMA Y BOICOTEAR TRANQUILAMENTE LA POLÍTICA

Sólo le contestaré en pocas palabras, tanto más cuanto que en varias de mis obras he escrito a menudo sobre el mismo tema. Me es imposible repetirlo a cada lector individualmente. Así pues, veo la cuestión de este modo:

Si va a votar hoy en Alemania, me tiene sin cuidado; y, si yo tuviera que votar, renunciaría a ese derecho. Ni los hombres ni los partidos se merecen que la nación se desangre por ellos. Alemania ha omitido reconocer su enorme complicidad en la guerra mundial y en la situación actual de Europa. No lo ha confesado (sin negar por ello que también “los enemigos” tienen bastante culpa), ha omitido emprender en sí misma una depuración moral y una renovación de la conciencia (como aconteció en Francia durante el proceso Dreyfus).

Alemania utilizó el duro e injusto tratado de paz para excusarse ante el mundo y ante sí misma de toda culpa. En lugar de admitir dónde estuvieron sus yerros y pecados, y enmendarlos, fanfarronea como lo hizo en 1914 acerca de la inmerecida posición de paria que debió adoptar, y echa a otros la culpa de todos los males, ya sea a los franceses, a los comunistas, a los judíos…

En mi opinión, aquellos que creen compartir la responsabilidad por el espíritu de Alemania tienen que señalar una y otra vez a su pueblo el daño causado por ese cáncer y alejarse por completo de la política actual. Por su parte, los otros alemanes podrían ayudar a su pueblo si aspirasen en su trabajo y en su ideología a una mayor corrección y responsabilidad en lugar de matarse a golpes entre sí y jugar a los bandidos los domingos.

Ya es suficiente, la cosa es muy sencilla. No es menester que sigamos chapuceando a cualquier precio y tratando de componer la falaz república. Nosotros, los pocos individuos pensantes, tenemos una misión harto clara: la de no participar en el engaño y combatirlo, abogar por la sinceridad y la verdad, y por lo pronto boicotear tranquilamente la política. Todo el aparato político actual del Reich debe ser desbaratado…

[Carta a la señora E. L., Stuttgart, 1932]

HERMANN HESSE, Cartas escogidas, 1951. Edhasa, 1982. Traducción de María A. Gregor.

Los ocho pecados mortales de la Humanidad civilizada

Permalink 20.03.08 @ 19:25:58. Archivado en Conciencia vigilante

“¿Para qué le sirve a la Humanidad su multiplicación desmedida, su espíritu de competencia que se acrecienta sin límite hasta rayar en lo demencial, el incremento del rearme, cada vez más horripilante, la progresiva enervación del hombre apresado por un urbanismo absorbente, y así sucesivamente? No obstante, si afinamos un poco nuestra observación nos percatamos de que todos estos adelantos erróneos son perturbaciones de unos mecanismos muy concretos del comportamiento, en cuyos comienzos se desarrollaría, como un valor inalterable, la conservación de la especie. Para expresarlo, con otras palabras, se les debe conceptuar como rasgos patológicos“.

Aquí se ha hablado de ocho procesos diferentes entre sí, aunque manteniendo también estrechas conexiones causales que no sólo amenazan con el ocaso de nuestra civilización, sino también de la Humanidad como especie.

Tales procesos son los siguientes:

1) Superpoblación de la Tierra que, mediante una oferta excesiva de contactos sociales, impone a cada ser humano la necesidad de precaverse contra ello en una forma esencialmente “no humana”, y que, por añadidura, desata la agresividad directa con el confinamiento de muchos individuos en un espacio reducido.

2) Devastación del espacio vital natural que no sólo destruye el medio ambiente externo donde vivimos, sino también el respeto mostrado siempre por el hombre a la belleza y grandiosidad de una creación infinitamente superior a él.

3) Competencia de la Humanidad consigo misma que propulsa el desarrollo tecnológico en perjuicio nuestro, ofusca a los hombres en la apreciación de todo valor auténtico y les arrebata el tiempo que deberían dedicar a la genuina actividad de la reflexión.

4) Atrofia de todos los sentimientos y afectos vigorosos mediante el enervamiento. El progreso tecnológico y farmacológico origina una creciente intolerancia contra todo cuanto ocasione el menor desagrado. Con ello desaparece la capacidad humana para el disfrute, que sólo es posible después de haberse superado con gran esfuerzo los impedimentos. El movimiento ondulatorio natural de los contrastes entre pesar y alegría decrece en oscilaciones imperceptibles hasta ocasionar un indecible aburrimiento.

5) Decadencia genética. Dentro de la civilización moderna no hay factor alguno -salvo el “sentido jurídico natural” y muchas tradiciones jurídicas transmitidas- que ejerza una presión selectiva sobre el desarrollo y mantenimiento de las normas sociales del comportamiento, aun cuando esto sea cada vez más necesario con el incremento de la Humanidad. No cabe excluir la posibilidad de que el infantilismo por cuya causa se han convertido en parásitos sociales muchos jóvenes “rebeldes” contemporáneos, tenga condiciones genéticas.

6) Quebrantamiento de la tradición. Por este conducto se llega a un punto crítico en que la generación más joven no consigue entenderse culturalmente con la mayor y, menos todavía, identificarse. Así, pues, trata a ésta como un grupo étnico exótico y la afronta con odio nacionalista. Las causas de ese complejo “identificación-perturbación” obedecen, sobre todo, al deficiente contacto entre padres e hijos, lo que tiene ya consecuencias patológicas en el período de la lactancia.

7) Formación indoctrinada creciente de la Humanidad. La multiplicación de los grupos culturales aislados donde se agrupan los hombres origina, en combinación con el perfeccionamiento de los recursos técnicos, un influjo sobre la opinión pública tendente a uniformar los criterios con una intensidad jamás conocida por ninguna época de la historia humana. Por añadidura, la acción sugestiva de una doctrina firmemente inculcada se acrecienta con el número de adictos, y quizás incluso en proporción geométrica. Hoy día, cuando un individuo se sustrae a la influencia de los medios informativos, por ejemplo la Televisión, se le imputan tendencias patógenas. Los efectos contrarios al individualismo son muy bien acogidos por quienes pretenden manipular las grandes masas humanas. Investigación de la opinión, técnica publicitaria y hábil encauzamiento de la moda favorecen, por un lado, a los grandes, y por otro, a los funcionarios allende el Telón de Acero para obtener un dominio similar sobre las masas.

8) El que la Humanidad se haya provisto de armas nucleares representa para ella unos peligros bastante más fáciles de evitar que los que son resultado de los siete procesos antedichos.

Los procesos de deshumanización descritos en los primeros siete capítulos encuentran apoyo en la doctrina seudodemocrática que, como ya se ha dicho, no determina el comportamiento social y moral del hombre mediante la organización evolutiva e historicogenealógica de su sistema nervioso y de sus órganos sensoriales, sino por conducto del “condicionamiento” al cual se ve sometido en le curso de su ontogenia según sus respectivos medios ambientes culturales.

KONRAD LORENTZ, Los ocho pecados mortales de la Humanidad civilizada, recapitulación, 1972. Plaza&Janés, 1973. Traducción de Manuel Vázquez.

La chispa viva del espíritu humano no se ha apagado todavía

Permalink 18.03.08 @ 16:52:35. Archivado en Conciencia vigilante

“Hoy son posibles una crueldad y una injusticia de un género espantoso. Hemos visto cuán sanguinaria puede ser la Iglesia cuando la religión que representa viene del hombre, cómo es posible estafar en gran escala en nombre de un “negocio”, mientras que las responsabilidades de los accionistas queda intacta, cómo gobiernos cuyos miembros tienen modales y tradiciones de caballeros emplean deliberadamente groseras mentiras para envenenar a sus víctimas. Cuando los hombres cometen terribles faltas por lealtad hacia tales instituciones gigantescas, sienten algo así como una exaltación religiosa que acalla su conciencia. Yo confío en esas individualidades que han dado vida a los ideales humanos en su propia personalidad. Pueden parecer pequeñas y débiles al lado de la potencia a la que resisten, como una planta ante una roca enorme y amenazante. Pero la planta posee la pujanza mágica de la vida. Crea gradualmente, por sus propias emanaciones constantes, su propio suelo, y su derrota y su muerte son preludio de una resurrección victoriosa.”

Durante mi estancia en América tuve ocasión de hablar del rápido y enorme crecimiento de organizaciones que alcanzan su irresistible eficacia gracias a la eliminación del hombre personal y a la concentración del hombre mecánico en un inmenso bloque de sistema.

LA MODERNA ADORACIÓN FETICHISTA DE INSTITUCIONES PODEROSAS CONVIERTE EN IRREALES A TODAS LAS DEMÁS RELIGIONES

Hablé de la propagación de la brutalidad y del debilitamiento del sentido moral de responsabilidad como consecuencia de la sustitución del hombre, en la mayor parte de sus actividades, por la máquina. Hoy son posibles una crueldad y una injusticia de un género espantoso, pues pueden ser realizadas por una fuerza elemental organizada que, sin piedad, va directamente al cumplimiento de sus objetivos, pasando por encima de cualquier otra consideración.

Hemos visto cuán sanguinaria puede ser la Iglesia cuando la religión que representa viene del hombre, cómo es posible estafar en gran escala en nombre de un “negocio”, mientras que las responsabilidades de los accionistas queda intacta, cómo gobiernos cuyos miembros tienen modales y tradiciones de caballeros emplean deliberadamente groseras mentiras para envenenar a sus víctimas.

Cuando los hombres cometen terribles faltas por lealtad hacia tales instituciones gigantescas, sienten algo así como una exaltación religiosa que acalla su conciencia. Es la forma moderna de adoración fetichista con sus numerosos ritos de sacrificios humanos, a la sombra de la cual todas las demás religiones se desvanecen en lo irreal.

SURGIRÁN INDIVIDUOS CON UNA FE FIRME EN LA HUMANIDAD QUE CUMPLIRÁN SIN MIEDO SU DESTINO A TRAVÉS DEL INSULTO Y EL AISLAMIENTO

Uno de mis oyentes que simpatizaba con mis pensamientos me preguntó cómo sería posible luchar contra estas organizaciones sin sustituirlas por otras. Mi respuesta fue que yo confiaba en esas individualidades que han dado vida a los ideales humanos en su propia personalidad. Pueden parecer pequeñas y débiles al lado de la potencia a la que resisten, como una planta ante una roca enorme y amenazante. Pero la planta posee la pujanza mágica de la vida. Crea gradualmente, por sus propias emanaciones constantes, su propio suelo, y su derrota y su muerte son preludio de una resurrección victoriosa.

Creo que cuando las fuerzas antihumanas extiendan su dominio, nacerán individualidades con una fe firme en la humanidad y que tomarán conciencia aguda de la amenaza que pesa sobre el hombre y cumplirán sin miedo su destino a través del insulto y el aislamiento. Hemos conocido a un hombre así en Inglaterra en la persona de E. D. Morel, ya fallecido, pero que nunca podrá morir. Cuando encontramos tales hombres, sabemos que la chispa viva del espíritu humano no se ha apagado todavía, y que hay esperanza.

Las civilizaciones humanas extraen su génesis de individualidades y es también en las individualidades donde encuentran a sus protectores. Entre las pruebas de que la época actual no se halla enteramente privada de éstos, está la vida y la obra de Romain Rolland. Y la prueba de que la época actual necesita extraordinariamente de él es que lo ha perseguido; esta persecución expresa el reconocimiento de su grandeza por sus compañeros, los hombres.

RABINDRANAZ TAGORE, Escrito para el Liber Amicorum Romain Rolland, 1926. Correspondencia entre dos guerras, Ediciones de Nuevo Arte Thor, 1984. Traducción de Joaquín Bochaca.

El conflicto entre el espíritu creador y la realización de sus ideales

Permalink 17.03.08 @ 21:26:37. Archivado en Conciencia vigilante

“Sin duda, el idealismo es un factor de desorden para toda forma de vida establecida y por tal razón las gentes manifiestan hacia él rigurosas sospechas. Hay en mi misma naturaleza una especie de guerra civil entre la personalidad del artista creador -a quien la soledad le es necesaria- y la del idealista que debe realizarse a través de obras de naturaleza compleja, que requieren una vasta colaboración con una gran número de hombres. Pienso que sería posible alcanzar un justo ritmo en el que las dos fuerzas antagonistas se armonizasen, y en el que mi obra, en el seno de la multitud, pudiera encontrarse ennoblecida por el soplo nacido de la soledad del espíritu creador. El poeta que hay en mí está herido, la atmósfera de las horas de ocio se oscurece. No quisiera que el final de mi vida se diluyera así en la atmósfera tenebrosa de un trabajo violento, en este mundo que sin cesar devora sus infinitas posibilidades de paz.”

Mi muy querido amigo:

Antes de partir para China -y el día se acerca- debo darle las gracias por el placer que me ha causado su última carta.

EL IDEALISMO ES UN FACTOR DE DESORDEN PARA TODA FORMA DE VIDA ESTABLECIDA Y SUSCITA ENTRE LAS GENTES RIGUROSAS SOSPECHAS

Pearson tenía un extraordinario don de simpatía, que prodigaba deliberadamente a todos los que, a causa de su oscuridad, no llamaban la atención de nadie. Eran como un tenebroso trasfondo sobre el cual su amor destacaba a plena luz. Tenía una conciencia muy fina del inmenso valor del individuo, independientemente de sus métodos o de sus costumbres personales; le afectaba mucho que alguien fuera discriminado o humillado por razones de rango social o por la tiranía de alguna organización.

Había llegado a tal punto que desconfiaba de toda organización cuyo ideal tenía un ámbito suficientemente amplio para trascender los límites de la persona concreta. De hecho, su espíritu se inquietó más tarde cuando Santiniketan sobrepasó su inicial vocación de simple establecimiento de enseñanza de la localidad vecina para esparcir, mediante múltiples esfuerzos, lo que yo llamo el gran mensaje de nuestro tiempo. Temía que nuestra atención descuidara a los niños que frecuentaban nuestra escuela, a cambio de la propagación de nuestras ideas y de la organización de nuestra comunidad.

Empecé a preocuparme por él, algún tiempo antes de su muerte, cuando me dí cuenta de que se dejaba ganar por la aprensión de ver un cierto ideal aventurero invadir el reino de sus atribuciones personales. Sin duda, el idealismo es un factor de desorden para toda forma de vida establecida y por tal razón las gentes manifiestan hacia él rigurosas sospechas.

Es algo parecido a la alegría que proporciona cualquier emoción, en la cual nuestro sentimiento personal del amor se nutre constantemente de nuevos estimulantes. Pearson lo descubrió cuando vino aquí por vez primera y cuando su sentido natural del afecto se desarrolló en medio de los niños de nuestra escuela y de los habitantes de los pueblos vecinos.

Más tarde, la idea de Vishva Bharati [Universidad creada por Tagore] sopló como una fuerte brisa, esparciendo los pétalos de las flores de nuestro Ashram [santuario en la selva], y exigiendo sus frutos. Pearson, hasta el fin de sus días, no se reconcilió jamás totalmente con Vishva-Bharati. Su inteligencia no tenía nada que objetar, pero su corazón sufría, pues el espíritu era, en él, parecido a la abeja que no se ocupa del fruto, sino simplemente de la flor.

ESPERO ARDIENTEMENTE ENNOBLECER MI OBRA, EN EL SENO DE LA MULTITUD, CON EL SOPLO NACIDO DE LA SOLEDAD DEL ESPÍRITU CREADOR

Comprendo este conflicto del espíritu, pues hay en mi misma naturaleza una especie de guerra civil entre la personalidad del artista creador -a quien la soledad le es necesaria- y la del idealista que debe realizarse a través de obras de naturaleza compleja, que requieren una vasta colaboración con una gran número de hombres. Así, el conflicto es, en mi caso, entre esas dos fuerzas opuestas de mi carácter, y no como en Pearson, entre mi temperamento propio y las circunstancias exteriores.

Como las dos fuerzas antagonistas son igualmente inherentes a mi naturaleza, no puedo liberarme impunemente de una de ellas para simplificar el problema de mi existencia. Pienso que sería posible alcanzar un justo ritmo en el que se armonizasen, y en el que mi obra, en el seno de la multitud, pudiera encontrarse ennoblecida por el soplo nacido de la soledad del espíritu creador.

Pero desgraciadamente, en este momento, los derechos de la organización se vuelven muy exigentes, y no sé cómo contenerlos en sus justos límites. El poeta que hay en mí está herido, la atmósfera de las horas de ocio se oscurece. No quisiera que el final de mi vida se diluyera así en la atmósfera tenebrosa de un trabajo violento, en este mundo que sin cesar devora sus infinitas posibilidades de paz.

Espero ardientemente poder salvarme a tiempo antes de morir; entretanto, me voy a China, no sé en calidad de qué. ¿Tal vez en calidad de poeta, tal vez como portador de buenos consejos y de sólido sentido común?

Afectuosamente, R. T.

RABINDRANAZ TAGORE, Carta a Romain Rolland, 28 de febrero de 1924. Correspondencia entre dos guerras, Ediciones de Nuevo Arte Thor, 1984. Traducción de Joaquín Bochaca.

La crisis de la grandeza humana

Permalink 16.03.08 @ 14:26:31. Archivado en Conciencia vigilante

“El mundo atraviesa la más feroz de todas las crisis: la de la grandeza humana… Pero ¿qué es grandeza? García Morente la define como el «sentimiento de la personal valía; es el acto por el cual damos un valor superior a lo que somos sobre lo que poseemos». Pues bien, si esto es grandeza, el mundo actual sufre carencia de ella. Es el problema inmenso de la poquedad, del desprestigio. Todo adolece de pequeñez, de mezquindad. Para el hombre masa la vida es algo en que nos hallamos inmersos sin poder alguno para modificarlo. No admite al genio que quiera abrir cauces nuevos, descubrir nuevos horizontes. Por el contrario, trata de absorberlo, de anegarlo en su seno, de matar su chispa de locura. La vida es así y así hay que dejarla. Nuestro ser deja de ser transcendente y se convierte en una humilde pieza más; pero no en una pieza necesaria con luz propia y grandeza interior, sino en una humilde pieza musculada de fuerza puramente material. Estimar lo que se es por encima de lo que se posee; en esta frase se resume todo un catecismo moral y una regla de vida.”

Al entrar en Sierra Morena –después del apaleamiento que le propinaron los galeotes– ocurrióle a nuestro héroe aquella aventura de la maleta abandonada. Parecióle a Sancho bueno el hallazgo, máxime cuando sus ojos pudieron regodearse con el brillo dorado de unos escudos que envueltos en un pañizuelo había.

EL CABALLERO Y EL VILLANO SE DISTINGUEN POR SU DISTINTA SENSIBILIDAD ANTE LOS MISMOS HECHOS

Luego, a fuerza de revolver y entre unas prendas de fina ropa, encontróse también un librillo de memoria que dio mucho gusto a don Quijote. Dice Cervantes, al llegar a esto, que «en tanto que don Quijote pasaba el libro, pasaba Sancho la maleta». Los dos con atención y devoción. De un mismo sitio y a un mismo tiempo sacaron ambos gozos diferentes. El mundo, una vez más, visto por prismas diversos; y ahora en forma de una maleta maltratada y rota en la que todo se contiene, bueno y malo, ofreciéndose a aquel que en sus entrañas revuelva.

El problema de esta aventura quijotesca –no hay aventura quijotesca sin su problema– quizá consista tan sólo en saber elegir, de entre las sedas y el oro que a nuestra vista se ofrecen, el librillo de memoria que Dios concede, para su consuelo, a toda alma sencilla que lo busque con buena voluntad… El oro y el librillo de memoria. Y ante ellos el gran problema del elegir, del definirnos. Porque según sea nuestra elección así nos habremos definido.

La diferencia entre los seres humanos no radica en una distinta capacidad creadora –de la que todos, en esencia, carecemos–, sino en la diversa aceptación por cada uno de nosotros de las inspiraciones que la vida nos ofrece. El caballero y el villano se distinguen clara y precisamente por la distinta reacción ante un hecho que impresiona la retina delicada de nuestra sensibilidad.

En tanto, mientras contaba Sancho sus dineros, gozábase don Quijote en la lectura de las hojas manuscritas. Tópase luego, al pasar algunas páginas, con una carta de amores y léela en voz alta porque también Sancho «gusta destas cosas». Es la carta galana y comedida. Y sobre todo muy acertada y profunda en uno de sus puntos, una queja amorosa, elegante y concisa, que hace meditar a don Quijote:

—«Desechásteme, ¡oh ingrata!, por quien tiene más, no por quien vale más que yo.»

Una frase concisa que sirve para esbozar de una manera clara ese inmenso y lúgubre panorama de la crisis actual que atravesamos, doloridos y cansados, llevando al hombro la carga inmensa de una vida profundamente enferma, ¿Y en qué consiste esta crisis? –preguntarán muchos quizá– ¿Es que hay crisis? ¿Es que el hombre atraviesa realmente un período crítico?… Pero ya otros muchos, más o menos agoreros, están cansados de decir que sí. El mundo atraviesa la más feroz de todas las crisis: la de la grandeza humana… Pero –y vuelta a preguntar– ¿qué quiere decir eso de la crisis de la grandeza humana?

TEXTO COMPLETO EN FILOSOFÍA DIGITAL

Una revolución pendiente

Permalink 13.03.08 @ 09:35:34. Archivado en La desobediencia civil

"Pagamos el sueldo de los funcionarios para que nos sirvan, no para que nos manden; para facilitar nuestro trabajo, no para entorpecerlo; para agilizar los trámites necesarios y suprimir los innecesarios, no para desesperarnos en el laberinto kafkiano de su burocracia; para velar porque se nos haga justicia, no para atropellar nuestro derechos. ¿Son conscientes del daño que hacen a las personas cuyas gestiones se eternizan? ¿Se dan cuenta de que no tratan con papeles, sino con personas? Y si un funcionario honesto y eficiente, que no quiere lavarse las manos, me dijera, en un atisbo de conciencia moral, "pero ¿qué debo hacer yo?", le contestaría lo mismo que H. D. Thoreau decía a los funcionarios del gobierno que decidió desobedecer: "Si en verdad deseas colaborar, renuncia a tu cargo". Y añadió: "Cuando el súbdito niegue su lealtad y el funcionario sus oficios, la revolución se habrá conseguido".

Ayer, por teléfono, me decía un piloto que recordaba una frase, tal vez de Cánovas, en la que decía que la revolución pendiente en la Administración española, era derribar las paredes de los despachos para que los papeles pasaran de mano en mano con fluidez. Desde la primera república, esa revolución sigue pendiente. Y unas cuantas más.

LA CONDUCTA DE LOS CIUDADANOS NO ES ASUNTO DE LOS FUNCIONARIOS, SÓLO DE LOS DÉSPOTAS

Pero no me incumbe a mí, como particular, sino al gobierno y a los altos funcionarios de los ministerios, purgar la administración de inútiles y parásitos, y hacer que los empleados útiles funcionen con eficacia, rapidez y lealtad hacia los ciudadanos. Un jefe de sección o de área, o un subdirector general, es responsable de la calidad del servicio que prestan sus subordinados, así como un Director General o un/a ministro/a lo son de los suyos; sólo que a cargo más alto, mayor responsabilidad. Y ¿cómo sabemos que un servicio de la Administración es de calidad? Cuando los clientes, o sea: los ciudadanos, digan que es de calidad. Y ¿cómo sabemos quiénes son los responsables de un desaguisado administrativo como el que vengo denunciando? Me temo que serán los tribunales quienes deberán dirimirlo en cualquier caso.

Y ya es el colmo que un funcionario diga que si "nuestra administración no es modélica, tampoco lo son los administrados." ¿A que la culpa de la ineficiencia de la Administración va a ser nuestra? Pero ¡qué reveladora es esa frase del sentimiento aristocrático de los funcionarios que yo denunciaba en mis primeros artículos! "¡Administrados!" Se creen que porque han hecho una oposición "muy dura", y se consideran pagados por debajo de sus méritos, tienen derecho a censurar a los ciudadanos que, con sacrificios muy por encima de los suyos, pagan con sus impuestos el salario que perciben. No acaban de entender quién está al servicio de quién, ni que el contribuyente es el único que tiene derecho a exigir de la Administración una conducta modélica. El que paga manda. La conducta de los "administrados" no es asunto de los funcionarios, sólo de los déspotas.

Dije en mis primeros comentarios que lamentaba tener que generalizar al acusar de incapacidad o ineptitud a secciones enteras de la Dirección General de Aviación Civil, pues me consta que hay personas competentes y diligentes trabajando en ellas, y no conozco personalmente a ninguno de los altos cargos para evaluar su trabajo. Pero también me preguntaba de qué otra manera se podía denunciar a un sector de la Administración sin generalizar. Yo no estoy allí. No me muevo por los despachos de los funcionarios. No sé quién es operativo y quién no. No soy su jefe. No respondo por ellos.

SI QUIERES COLABORAR, RENUNCIA AL CARGO

Sólo soy uno de los contribuyentes que, junto con otros muchos, pagamos el sueldo de los funcionarios para que nos sirvan, no para que nos manden; para facilitar nuestro trabajo, no para entorpecerlo; para agilizar los trámites necesarios y suprimir los innecesarios, no para desesperarnos en el laberinto kafkiano de su burocracia; para velar porque se nos haga justicia, no para atropellar nuestro derecho a una administración eficiente y leal.

Un joven ingeniero aeronáutico de la DGAC reconoce que "a veces "se eternizan. Pues que no lo diga como quien echa pelillos a la mar, porque, ¿son conscientes del daño que hacen a los ciudadanos cuyas gestiones se eternizan? ¿Podrían probar que "a veces" son rápidos? ¿Se dan cuenta de que no tratan con papeles, sino con personas? En realidad, no creo que sean conscientes de nada, y más les vale que sea así; porque, de lo contrario, los ciudadanos podríamos llegar a pensar que algunos de ellos no son probos funcionarios, como presumen de ser, sino simples bribones que viven a nuestra costa.

Y si un funcionario honesto y eficiente, que trabaja en una sección incapaz de desempeñar sus funciones con eficacia, no quisiera lavarse las manos y me dijera, en un atisbo de conciencia moral, "pero ¿qué debo hacer yo?", le contestaría algo similar a lo que H. D. Thoreau decía a los funcionarios del gobierno americano que decidió desobedecer: "Si en verdad deseas colaborar, renuncia a tu cargo".

Y añadió: "Cuando el súbdito niegue su lealtad y el funcionario sus oficios, la revolución se habrá conseguido."

Publicado en MEDICINA AERONÁUTICA y AVIACIÓN DIGITAL

Ni con la izquierda ni con la derecha: despiertos

Permalink 11.03.08 @ 16:51:33. Archivado en Mundo Libre

“Todas estas discusiones –dirán- no tienen importancia. Lo que importa es asegurar el bien del pueblo y caminar al lado de los que lo desean. No estamos de acuerdo; si no, no nos hubiéramos expuesto a que nos juzguen mal. Aun cuando estos problemas filosóficos tuvieran importancia solamente para una persona entre mil (es una proporción óptima), no los consideraríamos despreciables. Y ¿para qué discutir? No obstante, en este conflicto entre el corazón y el espíritu, este último no puede resultar vencido, porque sólo se puede creer lo que se cree verdadero. Permanezcamos tal como somos sin buscarnos ninguna coartada. Hay que seguir caminando solos en la noche; en esta noche en la que retumba un largo grito de miseria y de sufrimiento; y cierto es que, mientras tanto, tenemos que mantenernos despiertos.”

Al escribir estas líneas sabemos las pocas posibilidades que tienen de ser acogidas como quisiéramos. Los partidarios de un conservadurismo social verán en ellas un ataque a las “ideas de izquierda” y las encontrarán justas aún antes de leerlas; quienes desean reformas o una revolución, verán aquí solamente una muestra de incomprensión; por lo general, en este caso, el razonamiento consiste en decir: “¿Está usted contra una aplicación universal del método marxista? Por lo tanto, usted está contra la semana de cuarenta horas”.

LA VERDAD NO ES DE IZQUIERDAS NI DE DERECHAS

Esto no significa que no estemos tratando con gente inteligente; pero dado el grado de temperatura a que se ha llegado en París –comparable al del caso Dreyfus-, no se puede afirmar, por ejemplo, que la teoría cuántica o el principio de indeterminación de Heisenberg no están ni con la izquierda ni con la derecha.

Todas estas discusiones –dirán además- no tienen importancia. Lo que importa es asegurar el bien del pueblo y caminar al lado de los que lo desean. No estamos de acuerdo; si no, no nos hubiéramos expuesto a que nos juzguen mal. Aun cuando estos problemas filosóficos tuvieran importancia solamente para una persona entre mil (es una proporción óptima), no los consideraríamos despreciables.

EVITEMOS LA DICTADURA INTELECTUAL…

No hay tropas sin jefes y no hay jefes sin doctrinas. Ahora bien, estas doctrinas que se imponen a las multitudes pueden tener graves consecuencias, en especial la de arruinar la libertad de pensamiento. Quisiéramos evitar una dictadura intelectual, aunque durase sólo veinte años.

Si mis temores son superfluos, tanto mejor. Demuestran, en todo caso, que tomamos en serio ciertas ideas que hasta sus partidarios adoptan a menudo sin conocer, por el solo hecho de inscribirse en un partido.

Nada podría ser tan penoso para nosotros en este momento como la acusación de diletantismo. Georges Friedmann, buscando las razones profundas de cualquier oposición, ve en ello una negativa ante el compromiso, una antipatía por la acción que procedería de un temperamento inepto para la vida práctica.

Pero quienes poseen un temperamento así, si son de buena fe, tal vez se lancen a la acción, y no estarán del lado de los privilegiados. Pero no se les facilita nada las cosas al proponerles, como condición previa, la aceptación de ideas que les parecen inaceptables.

…Y PERMANEZCAMOS DESPIERTOS

Y ¿para qué discutir? ¿No estamos acaso en el ámbito de los deseos y no en el de las verdades? No obstante, en este conflicto entre el corazón y el espíritu, este último no puede resultar vencido, porque sólo se puede creer lo que se cree verdadero.

Permanezcamos tal como somos sin buscarnos ninguna coartada. Hay que seguir caminando solos en la noche; en esta noche en la que retumba un largo grito de miseria y de sufrimiento; y cierto es que, mientras tanto, tenemos que mantenernos despiertos.

JEAN GRENIER, Sobre el espíritu de ortodoxia, agosto de 1936. [Filosofía Digital, 08/06/2006]

España y la sagrada ley de la mayoría

Permalink 10.03.08 @ 10:07:25. Archivado en Mundo Libre

“En lo que toca a su propia libertad, paz y felicidad, no podemos estar tan seguros. No sabemos si los telones del fanatismo, los grilletes sacerdotales y el brillo deslumbrante del rango y la riqueza darán al sentido común de la masa de su pueblo [España] la oportunidad de optar por el autogobierno. Quizá nuestros deseos sean mayores que nuestras esperanzas. El primer principio del republicanismo es que la lex majoris partis (ley de la mayoría) es la ley fundamental de toda sociedad de individuos de iguales derechos; la más importante de las enseñanzas y sin embargo la última que se aprende a fondo, es que la voluntad de la sociedad enunciada por mayoría de un solo voto es tan sagrada como si fuera unánime. Si se desprecia esta ley no queda sino la de la fuerza, que conduce necesariamente al despotismo militar”.

La información física que nos habéis dado de un país [España], hasta ahora tan vergonzosamente desconocido, ha llegado en el momento más oportuno para guiar nuestro entendimiento en la gran revolución política que ahora la hace ocupar una posición destacada en el escenario mundial. El desenlace de sus forcejeos, por lo que respecta a España, no ofrece ya lugar a dudas.

¿TENDRÁ EL PUEBLO ESPAÑOL SENTIDO COMÚN PARA OPTAR POR EL AUTOGOBIERNO?

En lo que toca a su propia libertad, paz y felicidad, no podemos estar tan seguros. No sabemos si los telones del fanatismo, los grilletes sacerdotales y el brillo deslumbrante del rango y la riqueza darán al sentido común de la masa de su pueblo la oportunidad de optar por el autogobierno. Quizá nuestros deseos sean mayores que nuestras esperanzas.

El primer principio del republicanismo es que la lex majoris partis (ley de la mayoría) es la ley fundamental de toda sociedad de individuos de iguales derechos; la más importante de las enseñanzas y sin embargo la última que se aprende a fondo, es que la voluntad de la sociedad enunciada por mayoría de un solo voto es tan sagrada como si fuera unánime. Si se desprecia esta ley no queda sino la de la fuerza, que conduce necesariamente al despotismo militar.

Esta ha sido la historia de la revolución francesa, y ojalá que el entendimiento de nuestros hermanos del sur llegue a ser lo suficientemente amplio y firme como para comprender que su suerte depende de su sagrada observancia. [Carta al Barón Alexander von Humboldt. Monticello, 13 de junio de 1817]

LA SAGRADA OBSERVANCIA DE LA FUNDAMENTAL LEY DE LA MAYORÍA

Ya conocéis los penosos detalles de París. No estamos informados de los motivos por los que se ha hecho una revolución (la de Napoleón), y aún menos podemos adivinar cuál será su desenlace: si se repetirá la historia de Robespierre, o la de César, o se producirá el novedoso fenómeno de la usurpación del gobierno para liberarlo.

Nuestros ciudadanos, no obstante, deben extraer de ellos algunas lecciones provechosas. Deberían ver en ello la necesidad de arropar firme y estrechamente a su Constitución. De no tolerar jamás que se infrinja uno solo de sus preceptos. De inculcar a las minorías el deber de aquiescencia a la voluntad de la mayoría; y a las mayorías el respeto a los derechos de la minoría. De precaverse de las fuerzas militares, aunque sean de ciudadanos; de precaverse de otorgar demasiada confianza a ningún hombre.

La confianza del pueblo francés en Bonaparte le ha permitido derribar a puntapiés su Constitución y hacerle depender de su voluntad y de su vida. Nunca he visto un momento tan terrible como éste. También las perspectivas en este Estado, importante como es para nuestra unión, son muy desalentadoras. [Carta al Dr. William Bache, vecino de Jefferson en Virginia. Filadelfia, 2 de febrero de 1800]

THOMAS JEFFERSON, Autobiografía y otros escritos. Editorial Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia. [Publicado en Filosofía Digital y Mundo Libre Digital]

La única forma de tener un gobierno bueno y seguro

Permalink 09.03.08 @ 11:59:22. Archivado en Mundo Libre

“¿Qué ha destruido la libertad y los derechos del hombre en todos los gobiernos que han existido debajo del sol? La generalización y concentración de todos los cuidados y poderes. Creo sinceramente que si el Todopoderoso no ha decretado que el hombre no ha de ser jamás libre (y creer tal cosa es una blasfemia), el secreto residirá en hacerle depositario de los poderes que le conciernen, en la medida en que es competente para su ejercicio, y en delegar únicamente lo que escapa a su competencia, mediante un proceso sintético, a órdenes cada vez más altos de funcionarios, de forma que se confíen menos poderes cuanto más oligárquicos sean los fiduciarios”.

No, amigo mío, la forma de tener un gobierno bueno y seguro no es confiárselo todo a uno, sino dividirlo entre todos, atribuyendo a cada uno exactamente las funciones para las que es competente.

EL VERDADERO SISTEMA DE EQUILIBRIO Y CONTROL DEL GOBIERNO

Confíese al gobierno nacional la defensa de la nación, y sus relaciones exteriores y federales; a los gobiernos de los Estados los derechos civiles, las leyes, la policía y la administración de lo que en general concierne al Estado; a los condados los asuntos locales de los condados, y que cada distrito municipal gobierne sus intereses en sus propios límites.

Todo irá mejor dividiendo y subdividiendo estas repúblicas, desde la gran república nacional hasta sus últimas subordinadas, culminando en la propia administración de las tierras de cada uno y sometiendo a cada uno lo que pueda supervisar con sus propios ojos.

¿Qué ha destruido la libertad y los derechos del hombre en todos los gobiernos que han existido debajo del sol? La generalización y concentración de todos los cuidados y poderes en su órgano, ya fuera el de los autócratas de Rusia o los de Francia o el de los aristócratas de un senado veneciano.

Y creo sinceramente que si el Todopoderoso no ha decretado que el hombre no ha de ser jamás libre (y creer tal cosa es una blasfemia), el secreto residirá en hacerle depositario de los poderes que le conciernen, en la medida en que es competente para su ejercicio, y en delegar únicamente lo que escapa a su competencia, mediante un proceso sintético, a órdenes cada vez más altos de funcionarios, de forma que se confíen menos poderes cuanto más oligárquicos sean los fiduciarios.

Las repúblicas elementales de los distritos municipales, las repúblicas de los condados, las repúblicas de los Estados y la república de la Unión constituirían una graduación de autoridades, sustentada cada una en una ley como fundamento, poseedora cada una de su porción delegada de poderes, que constituiría a su vez un verdadero sistema de equilibrio y control del gobierno.

HAY PODER DEMOCRÁTICO ALLÍ DONDE CADA UNO PARTICIPA TODOS LOS DÍAS EN EL GOBIERNO DE SUS ASUNTOS

Allí donde cada uno participa en la dirección de la república de su distrito municipal, o de alguna de las más altas, y siente que participa en el gobierno de los asuntos, no simplemente en una elección, un día, sino todos los días, allí donde no exista un solo hombre en el Estado que no sea miembro de alguno de sus consejos, grandes o pequeños, ese hombre se dejará arrancar el corazón antes que permitir que un César o un Bonaparte le arrebate su poder.

¡Cuán poderosamente sentimos la energía de esta organización con ocasión del embargo! Sentí que los fundamentos del gobierno temblaban bajo mis pies sacudidos por los municipios de Nueva Inglaterra. No hubo un solo individuo en sus Estados que no pusiera su cuerpo en acción, con toda su inercia; y, aunque se sabía que todos los demás Estados eran partidarios de la medida, la organización de esta pequeña minoría egoísta le permitió contradecir a la Unión. ¿Qué hacían los condados del centro, el Sur y el Oeste, tan difíciles de administrar?

De convocarse una reunión del condado se habrían juntado los borrachos que merodean por los edificios administrativos y a su alrededor, pues por lo general las distancias eran demasiado grandes para que la gente buena e industriosa pudiera comparecer. La personalidad de los que de hecho hubieran comparecido habría dado la medida del peso que habrían tenido en la escala de la opinión pública.

Por consiguiente, igual que Catón terminaba todos sus discursos con las palabras “Carthago delenda est”, así termino yo cada opinión con el mandato “divídanse los condados en distritos municipales”. Establézcanse con un solo fin; no tardarán en demostrar para qué otros fines son los mejores instrumentos.

Dios os bendiga, y a todos nuestros gobernantes, y les conceda sabiduría, pues voluntad estoy seguro que no les falta, para fortalecernos contra la degeneración de nuestro gobierno y la concentración de todos sus poderes en manos de uno, de unos pocos, de los bien nacidos o de muchos.

THOMAS JEFFERSON, Carta a Joseph C. Cabell, su principal colaborador en la creación de la Universidad pública de Virginia. Monticello, a 2 de febrero de 1816. “Autobiografía y otros escritos”, Editorial Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia. [Publicado en Filosofía Digital y Mundo Libre Digital]

La revolución basada en los principios

Permalink 07.03.08 @ 17:58:03. Archivado en La desobediencia civil

LA ACCIÓN BASADA EN LOS PRINCIPIOS DE JUSTICIA CAMBIA LAS COSAS Y LAS RELACIONES, Y ES ESENCIALMENTE REVOLUCIONARIA:

“La acción en base a los principios -la percepción y la práctica de lo que es justo- cambia las cosas y las relaciones; es esencialmente revolucionaria, y no casa plenamente con lo anterior. No sólo divide estados e iglesias; divide familias. ¡Sí! Divide al individuo separando en él lo diabólico de lo divino. Hay leyes injustas. ¿Nos contentaremos obedeciéndolas o trataremos de corregirlas y seguiremos obedeciendo hasta que lo consigamos o, más bien, las transgrediremos en seguida? No es asunto mío andar con peticiones al Gobernador o la Legislatura, como tampoco de ellos el de mandarme a mí; y si prestaren oídos sordos a mis reclamaciones ¿qué debería hacer yo entonces? Pero ante tal contingencia, el Estado no ha proporcionado consecuencia; es su propia Constitución la que está en falta.”

EL DERECHO A LA RESISTENCIA Y A LA REVOLUCIÓN CUANDO LA TIRANÍA Y LA INCAPACIDAD DEL GOBIERNO SON VISIBLES O INTOLERABLES:

“La gran masa de los hombres sirve al Estado, pues, así; no sólo como hombres principalmente, sino como máquinas. En la mayoría de los casos no existe ejercicio alguno libre, sea del propio juicio o del sentido moral, sino relegamiento al nivel del leño, de la tierra o de las piedras; y quizás puedan construirse algún día hombres que cumplan con igual perfección este cometido. Tales no merecen más respeto que un fantoche o que basura. Su valor raya con el de los caballos y los perros. Sin embargo, incluso se les reputa buenos ciudadanos. Todos los hombres reconocen el derecho a la revolución, es decir, el privilegio de rehusar adhesión al gobierno y de resistírsele cuando su tiranía o su incapacidad son visibles e intolerables. Pero casi todo el mundo dice que no éste el caso actual, aunque opinan que sí lo fue cuando la Revolución Americana. Pero cuando la opresión y el robo se organizan, yo digo: desprendámonos de esta máquina inmediatamente.”

PERO ¿QUÉ PUEDO HACER YO?

“¡Ay, si UN HOMBRE HONESTO en este Estado, dejando de guardar esclavos se retirare efectivamente de esta sociedad nacional de la que es consocio, y fuera por ello encerrado en la cárcel del condado, la esclavitud daría fin en América. Pues no importa cuán pequeño pueda parecer el comienzo: lo que se hace bien, bien hecho queda para siempre. Pero nos gusta más hablar de ello: esa, decimos, es nuestra misión. La Reforma cuenta con innumerables periódicos a su favor, pero no tiene un solo hombre. Si el recaudador de impuestos o cualquier otro funcionario público me pregunta, como así ha ocurrido ya, “pero ¿qué he de hacer yo?”, mi respuesta es: “Si en verdad deseas colaborar, renuncia al cargo”. Cuando el súbdito niegue su lealtad y el funcionario sus oficios, la revolución se habrá conseguido. Dad vuestro voto completo, no una simple tira de papel; comprometed toda vuestra influencia. Una minoría es impotente sólo cuando se aviene a los dictados de la mayoría; no es, entonces, siquiera minoría. Pero es irresistible cuando detiene el curso de los eventos oponiéndoles su peso. Si un millar de personas rehusaran satisfacer sus impuestos este año, la medida no sería ni sangrienta ni violenta. Y esa es, de hecho, la definición de revolución pacífica, si tal es posible.”

Entradillas de los tres artículos SOBRE LA DESOBEDIENCIA CIVIL, de Henry D. Thoreau, publicados en Mundo Libre Digital y Filosofía Digital.

Los vicios que corroen nuestra sociedad y las excelencias de la libertad

Permalink 03.03.08 @ 20:00:39. Archivado en Mundo Libre

“Los hombres se sienten demasiado inclinados a no preocuparse más que de sus intereses particulares, siempre tentados de no pensar sino en sí mismos y de encerrarse en un individualismo estrecho que ahoga toda virtud pública. El despotismo, lejos de luchar contra esa tendencia, la hace mucho más fuerte; los encierra, por decirlo así, en la vida privada. Ellos tendían ya a alejarse unos de otros: el despotismo los aísla. Sólo la libertad puede combatir eficazmente los vicios que le son propios. Sólo ella puede sacar a los ciudadanos del aislamiento en que les hace vivir la misma independencia de su condición, para constreñirlos a aproximarse unos a otros. Sólo ella es capaz de apartarlos del culto del dinero y del menudo trajín cotidiano de sus negocios particulares para hacerles percibir y sentir en todo momento que a su lado y sobre ellos está la patria. Ni siquiera los déspotas niegan las excelencias de la libertad; sólo que no la quieren más que para sí, y sostienen que todos los demás son indignos de ella”.

Los franceses hicieron en 1789 el mayor esfuerzo realizado jamás por pueblo alguno para cortar, por así decirlo, su destino en dos partes y separar por un abismo lo que hasta entonces habían sido de lo que querían ser en adelante. Con este objeto, tomaron toda clase de precauciones para no arrastrar nada de lo pasado a su nueva condición; se impusieron toda clase de sacrificios para revestirse de una forma distinta a la de sus antepasados; y no olvidaron nada para hacerse irreconocibles. […]

DONDE LA ADMINISTRACIÓN ES PODEROSA NACEN POCAS IDEAS, INTERESES O PASIONES QUE NO TENGAN RELACIÓN CON ELLA

Estaba convencido de que, sin darse cuenta de ello, habían conservado del antiguo régimen la mayoría de los sentimientos, de los hábitos, e incluso de las ideas con cuya ayuda habían realizado la Revolución que lo destruyó. Y, sin proponérselo, habían utilizado sus ruinas para construir el edificio de la nueva sociedad.

Creemos conocer perfectamente la sociedad francesa de esa época porque vemos claramente lo que brillaba en su superficie, porque poseemos hasta en sus más insignificantes detalles la historia de los personajes más célebres que en ella vivieron, y porque críticas ingeniosas o elocuentes nos han familiarizado con las obras de los grandes escritores que lo ilustraron. Pero en cuanto a la manera de dirigir los asuntos, a la práctica verdadera de las instituciones, a la posición exacta de las clases entre sí, a la condición y el modo de pensar y de sentir de aquellos que no se dejaban ver ni oír, al fondo mismo de las opiniones y las costumbres, no tenemos más que ideas confusas y a menudo equivocadas.

En los países donde la administración pública es ya poderosa, nacen pocas ideas, deseos, dolores; apenas se encuentran intereses y pasiones que tarde o temprano no lleguen a relacionarse con ella. Visitando sus archivos, no sólo se adquiere una noción exacta de sus procedimientos, sino que el país entero se revela en ellos. […] En el siglo XVIII la administración pública estaba ya muy centralizada, era poderosísima y prodigiosamente activa. Incesantemente se la veía ayudar, impedir, permitir. Podía prometer y dar mucho. Influía ya de mil maneras no sólo en la marcha general de los asuntos, sino en la suerte de las familias y en la vida privada de cada hombre. Además, la falta de publicidad hacía que no temiese ir a exponerle hasta las enfermedades más secretas. […]

Porque la Revolución ha tenido dos fases totalmente distintas: la primera, aquella en que los franceses parecían querer abolir todo el pasado; la segunda, en la cual quisieron restaurar parte de él. Hay un gran número de leyes y hábitos políticos que desaparecen de repente en 1789 y vuelven a parecer unos años después, como esos ríos que se ocultan bajo tierra para reaparecer un poco más lejos, dejando ver las mismas aguas en las mismas riberas.

YA CASI NO TENEMOS ESPÍRITU DE INDEPENDENCIA, AMOR A LAS GRANDES EMPRESAS, FE EN NOSOTROS MISMOS Y EN UNA CAUSA

Comenzaré recorriendo con los franceses esa primera época de 1789, en la que el amor a la igualdad y el amor a la libertad se reparten su corazón; esa época en que no sólo quieren fundar instituciones democráticas, sino instituciones libres; cuando no sólo anhelan destruir privilegios, sino reconocer y consagrar derechos; tiempo de juventud, de entusiasmo, de orgullo, de pasiones generosas y sinceras; época que, a pesar de sus errores, vivirá eternamente en la memoria de los hombres, y que por mucho tiempo todavía perturbará el sueño de quienes pretendan corromperlos o sojuzgarlos.

Siguiendo rápidamente el curso de esa misma revolución, trataré de exponer los acontecimientos, errores y desengaños que indujeron a esos mismos franceses a abandonar su primer objetivo y a desear sólo ser los siervos iguales del amo del mundo olvidándose de la libertad. Cómo se implanta un gobierno más fuerte y mucho más absoluto que el que la Revolución había derribado, que concentra en su mano todos los poderes, suprime todas aquellas libertades a tan alto precio conquistadas, poniendo en su lugar vanas sombras de ellas; que llama soberanía del pueblo a los sufragios de electores que no pueden ilustrarse, concertarse o elegir, y votación libre de los impuestos al asentimiento de asambleas mudas o sojuzgadas; y que, al mismo tiempo que arrebata a la nación la facultad de gobernarse, las principales garantías del derecho, la libertad de pensar, de hablar, de escribir, es decir, lo más precioso y más noble de las conquistas del 89, se sigue ufanando de ellas. […]

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