Democracia o el derecho a ser igualmente diferentes
12.02.08 @ 16:26:01. Archivado en Filosofía cordial
-Comentario-
Me han llamado la atención estas frases:
“El pensamiento nunca está seguro de sus contactos con la realidad; la acción tiene que intervenir, para hacer inocua la retórica del pensamiento y saludables sus emociones.” ¿Cómo es posible poner en acción los pensamientos si posiblemente son percepciones de un futuro lejano? ¿Cómo podría haber hecho realidad Julio Verne sus novelas en el siglo en que fueron escritas? Sin embargo, siglos después, han dejado de ser ciencia ficción para convertirse en realidades normales.
Los filósofos son visionarios sociales, sienten y piensan un mundo que es imposible materializar en la propia época en la que viven, pero gracias a sus mentes prodigiosas se está empezando a manifestar una realidad venidera, saludable y necesaria para la evolución social de la humanidad y la vida en todas sus manifestaciones. (Jesucristo fue un gran filósofo incomprendido en su tiempo).
Desde aquí quiero dar las gracias a todos los filósofos pasados, presentes (gracias, señor Nava) y futuros, porque gracias a sus maravillosas mentes puedo intuir un futuro esperanzador y una realidad digna de ser recreada.
“La principal y más duradera ilusión del espíritu es la ilusión de su propia importancia.” Si fuéramos conscientes de la realidad de esa afirmación posiblemente no nos creeríamos por encima, ni por debajo de nada ni nadie, sino que caminaríamos como hermanos, como iguales, intentando apoyarnos los unos en los otros. No habría jefes ni súbditos, solo compañeros de camino. Donde todos tendríamos la importancia de no tener ninguna importancia y la valía de reconocer sabernos necesarios todos a la par.
Pero es difícil de conseguir, ¡cuántas veces nos menospreciamos a nosotros mismos comparándonos con otros a los que consideramos mejores y viceversa! El enemigo no siempre es el otro, sino el propio y soberbio diablo interior.
Quizá el sentido de esta vida sea solo conseguir la superación personal. O quizás el sentido de esta vida es que no tiene sentido…
Saludos cordiales.

-Respuesta-
La antología de aforismos de Santayana, realizada por Ira Cardiff en 1950, no me parece representativa del ingenio filosófico de este español universal. A decir verdad, me parece detectar, aquí y allá, un poso de escepticismo, incluso de cinismo, que no me agrada. Pero, al parecer, es así como pensaba Santayana, tal vez un filósofo un poco irregular en su brillantez intelectual, y que nunca ideó, que yo sepa, un sistema propio. Pero, aún así, le tengo admiración y respeto.
Diferente es el caso de Jesucristo, un hombre de fuego, todo corazón y pureza, al que amo con amor inalterable, pues, en mi adolescencia, me enseñó que sólo el amor nos justifica y nos salva. Atribuyo, en cambio, a un error de tu afecto que me incluyas entre los filósofos; a menos que pienses, como yo, que todos cuantos reflexionamos, filosofamos. También tú.
Volviendo a Santayana, decir, por ejemplo, que “la existencia no tiene base, es esencialmente gratuita; porque si yo creyese ver una base para la existencia, tendría que buscar una base para esa base, y así hasta el infinito”, me parece una ordinariez filosófica impropia de un verdadero pensador. El no podía ignorar que la Causa es incausada y que no tiene sentido, por tanto, remontarse en una cadena de causas hasta el infinito.
Y por referirme a los dos fragmentos que comentas, te diré, en primer lugar, que un pensamiento que no está cierto de sus contactos con la realidad es un pensamiento de tercera categoría, inseguro y que no ha rozado siquiera la certeza del conocimiento verdadero. Una idea verdadera no necesita materializarse para ser verdad, pues eso significaría confundir la esencia eterna de las cosas con su existencia temporal, y atribuir realidad únicamente a las cosas que existen en el espacio-tiempo, precisamente las menos reales de todas. Mi amor siempre sería verdadero, aunque no encontrara a nadie en el mundo a quien poder expresarlo.
Más que hablar de ideas posibles e imposibles, sería más correcto hablar de ideas verdaderas o falsas. Las verdaderas son posibles, pues sólo faltan las causas intermedias que determinen su existencia fuera del entendimiento; las falsas, en cambio, son imposibles, porque implican una contradición en sí mismas o con las leyes naturales. Las ideas de Julio Verne y las de Leonardo da Vinci eran, en lo esencial, verdaderas ya en su tiempo, pero tuvieron que esperar a que las condiciones materiales las hicieran posibles y las dotaran de existencia real fuera de las mentes de sus creadores.
Respecto a que “la principal y más duradera ilusión del espíritu es la ilusión de su propia importancia”, estoy de acuerdo siempre que no quiera decir que el espíritu no pueda alcanzar la certeza absoluta de su propia eternidad esencial, y se refiera, más bien, tal como tú oportunamente señalas, a la mera arrogancia del narcisista y a la autoimportancia que se otorga el egoísta, vicios que el modesto y generoso compañero de sus semejantes desconoce.
No obstante, no creo que la igualdad democrática de derechos, oportunidades y condiciones, nos convierta a todos en seres sin importancia, ni siquiera igualmente importantes o necesarios. Ese sería un mundo tan estéril, triste y pálido como un tórrido desierto en el que ni siquiera se hallaría, de tanto en tanto, un reconfortante oasis.
Más bien concibo la democracia como un inmenso jardín donde el pleno desarrollo y crecimiento de cada flor sea la condición y el fundamento del libre desarrollo de todas las flores. Y donde, por supuesto, ningún jardinero tendrá derecho a podar a las que, por gracia de la naturaleza, descuellen sobre otras, ni éstas a ahogar a las más pequeñas. En ser cada uno fiel a sí mismo radica la garantía democrática para ser originales, creativos e igualmente diferentes.
La vida, amiga mía, no tiene significado ni propósito, pero está preñada de sentido. Un sentido que yace enterrado en nuestro propio corazón bajo montañas de decepciones y prejuicios. Ni siquiera hay que cavar. Basta con limpiar nuestro pozo espiritual, y de su manantial subterráneo brotarán ríos de agua viva. Porque hasta en el interior de un desierto siempre hay algún oasis.
Un cordial saludo.
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Jesús Nava
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